La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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jueves, 22 de septiembre de 2016

La parálisis que degenera un país











Estoy muy cansado de la cuestión de la investidura y la formación de un gobierno en España, verdaderamente cansado. No es solo que el país se haya quedado secuestrado en manos de un extorsionador político como Mariano Rajoy, con el necesario concurso y connivencia del resto de partidos y su guerra de posiciones estratégica, es que creo que no somos conscientes de que esta parálisis política es una cortina que tapa la realidad.

Detrás de las bambalinas de nuestro show político se fortalecen y agrandan los graves retos de nuestro tiempo. El anti-establishment se hace fuerte en todos los países de occidente, de EEUU a Francia, de Alemania al Reino Unido, producto de un fracaso político y económico que ese mismo establishment se niega a ver y a aceptar. Los partidos tradicionales y los medios que los siguen creen que la política del miedo, la distorsión mediática o algún tipo de inercia mágica devolverá a estos genios a su lámpara, pensamiento infantil sostenido en la negación del fracaso comentado.
La desigualdad, económica, que eventualmente producirá todo tipo de desigualdades, es el gran reto de nuestro tiempo y germen de las peligrosas derivadas políticas de las que hablábamos. Si os soy sincero cada día me interesa más este tema y menos la política de partidos, quizá porque veo una creciente desconexión entre la primera y la segunda, que debería ser su solución pero que se muestra impotente o incluso insensible en muchos casos.

Pero la política también es importante y lo que está pasando en España es lo que va a marcar el devenir del país. En la sociedad todos los temas se entrelazan de una manera endiablada y a pesar de las desconexiones aparentes todo acaba influyendo en otras áreas de la vida. Y lo que pase en España con la formación de gobierno influirá decisivamente en el sistema de partidos que tendrá el país en el futuro, y éste a su vez tendrá mucho que ver en cómo se canalizan las demandas sociales y cómo un sistema político y económico anquilosado es capaz de transformarse.
Pero quizá lo que más me preocupa a corto plazo es la derivada moral de lo que está pasando en España. Durante estas últimas semanas, igual que durante los últimos años, asistimos a un goteo constante de casos de corrupción que afectan en su mayoría al PP. Aparecen nuevos imputados, los indicios de corrupción se confirman y crecen exponencialmente, y asistimos a esta realidad con la pasividad y normalización que nos da la costumbre.
Sin embargo estamos viendo como la corrupción no pasa factura alguna ni a los votos (basándonos en el 26-J) ni a la expectativa de votos del PP. Muchos dirán que eso ha pasado siempre y que el votante del PP es acrítico pero eso no es verdad. De 2011 a 2015 el PP perdió 3,6 millones de votos, que es más del 30% de su voto anterior. No fue solo la corrupción, es verdad, pero negar que el votante conservador castigó a su partido por la corrupción y buscó otras opciones (en C’s, por ejemplo) no tiene sentido.

La cuestión es que desde ese momento hasta ahora el PP no ha perdido un solo voto, es más, los ha ganado (700.000 en Junio), mientras la corrupción sigue desbordándolos. Ya no es que haya una base de votantes impasibles al desaliento, es que hay personas que les castigaron el diciembre pasado y que, por alguna razón, consideran que es más importante que haya un gobierno aunque sea de Rajoy a cualquiera de las razones morales que les llevaron a cambiar el voto.
No quiero juzgar a quien personalmente tome esa decisión pero debemos convenir que la acción está guiada por principios ajenos a la ética y la moralidad. Que la formación de un gobierno esté por encima de quién forme ese gobierno es un comportamiento no sólo amoral, es anti-político en el sentido de que anula la democracia y la vacía de contenido. Un gobierno por encima de planteamientos morales es básicamente lo mismo que la priorización del orden sobre todo lo demás.
Formar un gobierno, acabar con la ingobernabilidad, etc. ¿Es tan distinto a las arengas militares de aquellos golpistas que, en distintos países y épocas, justificaban sus acciones para acabar con “el caos”? Sin equiparar ambas cosas, el principio moral es el mismo, es que el fin justifica los medios y que la moral y los valores son secundarios frente al utilitarismo o prescindibles cuando hay miedo.

En España parece que el único problema sea que no hay gobierno y que esto esté invisibilizando todos los principios y problemas de nuestro tiempo y nuestro país es algo inaceptable y que me temo que acabaremos pagando muy caro. Porque bajo el gobierno nominal que se forme seguirá estando el 20% de paro, un 31% de trabajadores ganando cantidades inferiores al salario mínimo, una Unión Europea disfuncional, un sistema de pensiones sin fondo de reserva, un nuevo estrangulamiento por parte de las instituciones europeas y todos los problemas que se han borrado del mapa durante este año porque lo único que importa es la “parálisis política”.

domingo, 4 de septiembre de 2016

La última oportunidad del parlamentarismo















Al final se confirmó el fracaso de Mariano Rajoy en las dos votaciones de investidura de hace unos dóas. Pedro Sánchez y el PSOE aguantaron las presiones generalizadas para que se abstuviesen y parece como si de golpe hubiésemos vuelto al 20 de diciembre pasado, con un parlamento que sólo podrá investir a un presidente con alguna solución novedosa diferente a los pactos fáciles a los que este país está acostumbrado.

El intento de investidura de Rajoy en el fondo tenía un componente irracional, absurdo. A pesar de haber contado con los votos de C's y el voto comodín de Coalición Canaria, Albert Rivera dijo que estaba votando a favor porque había que elegir “entre lo malo y lo menos malo” y reiteró que no se fiaba de Rajoy, algo que también dijeron algunos otros dirigentes de C's esos días.
Creo que hay algo que no se entiende en este país y en lo que es necesario insistir. En un sistema parlamentario como el nuestro un gobierno no puede gobernar con un parlamento en contra, y es por eso por lo que en otros países es habitual que los primeros ministros dimitan a la mínima dificultad parlamentaria. Aunque Mariano Rajoy fuese investido presidente con la abstención del PSOE seguiría teniendo a éste en contra y por tanto también a la mayoría del parlamento. Es más, su socio en la investidura, C's, dice no fiarse de él y su apoyo se circunscribe al acto de investidura, no habiendo compromisos sólidos que garanticen su apoyo durante la legislatura.
Investir a un presidente que tiene en el parlamento sólo 137 diputados a favor y en cambio tiene 180 en contra y 32 más que no se fían de él es un experimento que no puede salir bien. En esas circunstancias no se puede legislar, no se puede gobernar, y lo esperable sería una de estas dos circunstancias, cada cual peor: O nos encontraríamos con la disolución del parlamento a los pocos meses y unas nuevas elecciones, o bien tendríamos un presidente aferrado a la silla con el país paralizado.

Es evidente, pues, que Mariano Rajoy no puede ser el presidente del gobierno, por mucho que la prensa insista en lo contrario. En estas circunstancias sólo podemos tener dos tipos de presidencias posibles: Una que se base en un pacto sólido de dos o más partidos con un programa claro y pactado y un compromiso de sacar adelante ciertas leyes antes de acabar la legislatura, o bien una presidencia que consista en interpretar el deseo parlamentario, que dé vehículo a las reformas que allí tengan apoyo mayoritario y que tenga poco rechazo entre los distintos grupos.
La primera de estas opciones, la de un presidente y un gobierno apoyado por un pacto sólido, sólo se puede dar si pactan PP y PSOE, pues cualquier otra combinación es una amalgama de siglas y tendencias divergentes que es imposible que perdurase en el tiempo. El PSOE se niega a este pacto (el PP parece que no), así que en principio parece que esta opción no es posible, al menos por ahora. Pero insisto, me refiero a un pacto sólido, de gobierno, con un programa claro y un apoyo comprometido, no una abstención para la investidura que no es más que una atajo que no soluciona nada.
La segunda opción también es válida, pero es evidente que se necesita encontrar una figura que no suponga rechazo a la mayoría de grupos y que tenga la habilidad de escuchar los deseos del parlamento y tejer una red de apoyos para cada uno de los proyectos de ley. Esta figura obviamente tendría que tener un perfil digamos “centrado” entre las distintas fuerzas del parlamento, porque sería la única manera de que tuviese poco rechazo. No es planteable, por ejemplo, que un miembro del PP jugase este papel (porque es un partido que está en un extremo del espectro político parlamentario) ni tampoco uno de Unidos Podemos.

Alguien del PSOE (que podría tener apoyos puntuales de Podemos, PSOE, C's y otros grupos) podría ser una opción. También lo podría ser en teoría alguien de C's, que podría tener apoyos del PP y PSOE, aunque sería algo un poco raro y un tanto surrealista ya que PP y al PSOE no necesitan a C's para nada. Si esto sucediese hablaría muy mal del PSOE y el PP, que demostrarían necesitar un intermediario para pactar cosas, pero bueno como posible es posible.
Pero también podría ser un independiente o alguna figura secundaria de los partidos políticos. Todos los partidos tienen “familias” o sectores, y dependiendo cual sea se sienten más próximos a un partido rival u otro. Por poner nombres al azar, un Jordi Sevilla sería más aceptable para el PP y un Odón Elorza lo sería más para Podemos. La verdad es que no se me ocurre un independiente posible, porque desgraciadamente en España casi toda la política está vehiculada a través de partidos políticos y no tenemos esas figuras públicas que otros países sí tienen, pero estoy seguro que si pensamos alguno saldría.

No es mi intención ponerme a listar aquí posibilidades realistas de formar un gobierno con una figura de poco rechazo, porque realmente el “realismo” lo marcan los caprichos, las manías y las compulsiones pre-electorales de los partidos, y son éstas las que nos han llevado al bloqueo, no la realidad política salida de las urnas. Porque opciones políticamente realistas hay muchísimas, desde que se deje gobernar a Pedro Sánchez con el apoyo de Podemos y C's en base a ciertas política de regeneración y garantía de rentas (mi propuesta de enero), hasta un segunda espada del PSOE que también pueda obtener el apoyo de estos partidos (¿Borrell? ¿Ángel Gabilondo?), pasando porque Albert Rivera se quiera investir presidente con un programa con las supuestas 100 medidas que ha pactado tanto con PP como con PSOE, o que el PP acepte presentar un candidato distinto a Rajoy (¿Soraya? ¿Cifuentes?) y se pacte cierta estabilidad con el PSOE.
Todo es factible, o mejor dicho, debería ser factible en un entorno parlamentario sano y en unos partidos políticos también sanos, entorno en el que no estamos. Así que al final la cuestión parece que va a ser quien va a ceder primero, los partidos en sus insanas actuaciones o la realidad. Porque aunque parezca mentira vamos camino a que la realidad se rinda ante los chantajes de Rajoy y los vetos de los partidos, y ese sería el final más dramático de todos.

Si vamos a elecciones de nuevo en diciembre hay una sensación generalizada de que la abstención será masiva y que esto beneficiará de nuevo al PP. Si llegamos a diciembre es muy posible que C's, una vez ya ha hecho pacto con los dos partidos mayoritarios y no ha valido para nada, y ha dejado claro que va a vetar a Podemos e independentistas sobre todas las cosas, sea visto como un partido amortizado que no aporta nada a la gobernabilidad del estado. No sé si los votantes de C's votarían al PP, al PSOE o se abstendrían, pero es probable que el partido perdiese muchos más apoyos de los que perdió en Junio, y con nuestros sistema electoral eso les llevaría a una posición de intrascendencia parlamentaria.
Hay también sensación de que unas nuevas elecciones favorecerían al PSOE sobre Podemos, aunque no lo veo ni tan claro ni tan acusado como en el caso anterior, por varias razones: Podemos tiene más de un 20% de votos y aunque perdiese muchos aún sería parlamentariamente relevante. Por otro lado Podemos representa algo distinto a lo que representa C's, no es un partido bisagra ni es un partido que vaya a ser castigado porque no sirva para formar gobierno. Finalmente creo que el ciclo parlamentario anterior demostró que las posiciones pasivas (la del PP entonces) desgastan menos que las activas, y el partido pasivo ahora es Podemos. Ojo, no quiero decir que no perdiese votos, probablemente los perdería ante el hartazgo de la población, pero no al nivel de C's.
Pero en definitiva sí parece que unas nuevas elecciones fortalecerían el bipartidismo de nuevo, fundamentalmente al PP. Y ojo que incluso eso no garantizaría que el PP pudiese formar gobierno, porque si gana 20 escaños pero esos los pierde C's estamos en las mismas.

Algunos vimos con esperanza el resultado del 20-D porque, pasase lo que pasase, la pluralidad y la cultura del pacto habían llegado a España, y por cuestiones estructurales (desde edad de los votantes hasta cambios socioeconómicos) era previsible que esa pluralidad se quedase por mucho tiempo. Pero después de casi un año de peleas políticas estúpidas, de vetos mutuos, de chantajes políticos, etc. La gente está hastiada, cansada, desesperanzada ante este panorama. Y eso le viene muy bien a Mariano Rajoy pero es un desastre para todos los demás.
Si este nuevo ciclo político se va al garete y vamos a terceras elecciones es posible que hayamos matado la oportunidad multipartidista por mucho tiempo, no sólo por el resultado sino porque es muy posible que el PP planteé una reforma electoral para ir a un sistema mayoritario y que ésta pueda salir adelante con un PSOE fortalecido. Y esto dispara en la línea de flotación de C's, pero también de los socios de Podemos (IU, EQUO) y posiblemente del propio Podemos. Y esto hay que entenderlo, estas fuerzas deben entenderlo, y no hacer como Albert Rivera que parece que quiere enterrar a su partido.

Un candidato sin grandes rechazos, con mano izquierda y que legisle en función de las mayorías que hay en el parlamento, esa es la opción que tenemos si PP y PSOE no hacen una gran coalición. No sé si Pedro Sánchez puede ser esa figura (quizá no sería conveniente después del desgaste de tantos meses de batalla política) pero quien obviamente no lo es es Rajoy. Que se elija una mayoría (bien una mayoría “centrista” con PSOE, C's y PP, bien una mayoría “reformista” con Podemos, PSOE y C's) y se busque después al candidato adecuado, y dejémonos de una vez de presidencialismos postizos porque si no acabaremos en un presidencialismo de verdad.

lunes, 29 de agosto de 2016

Análisis del pacto PP-C's ¿Papel mojado?














Como parecía previsible desde que C’s cambió su posición de No a Rajoy a estar abierto a una negociación, C’s y el PP han llegado a un acuerdo de investidura por el que el primero apoyará a Mariano Rajoy en su investidura a cambio de 150 medidas pactadas en este documento. Digo que era previsible porque C’s ya pacto algo similar con el PSOE y, teniendo el partido naranja una mayoría de pactos locales y autonómicos con el PP, era lógico que alcanzase un pacto similar con este; y por otro lado porque sabemos que en C’s tienen pánico a unas nuevas elecciones que les puede minimizar aún más.

Cuando el PP aceptó sin rechistar las 6 (+1) condiciones de C’s para comenzar a negociar me sorprendió mucho. Eran condiciones algunas difíciles para el PP, otras coloristas sin demasiado fundamento, pero el PP no hizo cambiar prácticamente nada de las mismas. Ahora, y leyendo las 150 medidas pactadas entre PP y C’s, tengo la misma sensación: Parece que este documento está muy marcado por C’s, tanto en la dialéctica como en los contenidos, generando la aparente contradicción de que el más débil y pequeño de los dos partidos ha sido el que más ha influenciado en lo pactado.
El documento del pacto es como todos los programas y documentos políticos, cuando lo lees por encima todo parece bueno y destinado a solucionar los problemas del país, de hecho todos los programas de los partidos políticos se parecen mucho entre sí hasta el punto de encontrar asombrosas coincidencias entre partidos presuntamente antagónicos. Pero cuando rascas un poco ves que los “compromisos” son más bien “intenciones” y a veces muy vagas, se abusa de términos como “impulsaremos”, “promocionaremos”, “buscaremos”, términos que comprometen poco y que pueden acabar siendo nada. Este documento tiene exactamente ese mismo defecto.

Entre las 150 medidas hay cosas que parecen muy buenas. Por ejemplo, se habla de acercar los tipos reales del impuesto de sociedades a los nominales con el objetivo de aumentar la recaudación, y se indica también de aprobar esto en tres meses (concreción poco habitual en este documento). También se habla de revisar la amnistía fiscal, de eliminar las restricciones al autoconsumo eléctrico, aumentar la inversión en I+D+i hasta el 2% en 2020, incentivar el crecimiento de las Pymes o bonificar la cuota de autónomos a las madres en su baja por maternidad. Otras tres cosas positivas, que tienen dotación presupuestaria, es la ampliación de escuelas infantiles públicas de 0 a 3 años, el plan de gratuidad de los libros de texto y la “ampliación y equiparación de permisos de maternidad y paternidad”, que al tener dotación presupuestaria es de suponer que no se equiparará a la baja sino al alza.
Hay otras cosas que también suenan bien pero están redactadas de forma poco concreta, lo que hace dudar de qué efectividad tendrán. Se habla, por ejemplo, de reformar la ley de seguridad ciudadana en el sentido de “intensificar las garantías”, de mejorar la ley de contratación del sector público para evitar casos de corrupción, de mejorar la conciliación y racionalización de horarios laborales o la ley de segunda oportunidad para renegociar deudas impagables, con mención directa a la dación en pago en ciertas circunstancias.

Mención aparte merecen dos puntos, los modelos de contrato laboral y el complemento salarial. En cuanto a los modelos de contrato laboral el documento prevé que se queden en tres, uno indefinido (igual que ahora), otro de “protección creciente” de dos años máximo de duración aunque ampliable a tres (que sustituiría al temporal actual) y otro de formación. Básicamente lo que se pretende es sustituir el contrato temporal por el de “protección creciente”, que difiere de éste en que la indemnización de 12 días por años se convierte en 16 el segundo año y en 20 el tercero, todo esto para finalización de contrato porque si es finalización por causas objetivas se quedará en 12 días (entiendo que el documento comete un error, y dice que si es por “despido improcedente, la indemnización seguirá siendo la misma que en la actualidad”. Creo que quería decir procedente en vez de improcedente).
En principio esto parece un avance en la protección del trabajador temporal, porque el indefinido queda igual y el temporal mejora en segundo y el posible tercer año, aunque esto tiene otra cara, que dice que si el contrato de “protección creciente” se convierte en indefinido, el empleador tendrá una exención de 500€/mes en la base de cotización durante 4 años. Obviamente esto produciría que todos los contratos empiecen como temporales y, ante su conversión, restaría importantes ingresos a la seguridad social. Este coste, por cierto, no se contempla como bajada de ingresos en la mini memoria económica que anexa el acuerdo, memoria económica que, por otro lado, es de todo menos creíble.
Al final volvemos a lo mismo de siempre con el Contrato Único. Por mucho que el programa hable de un “bonus-malus” inconcreto, parece lógico que ante esta estructura quien quiera contratar temporal lo haga con contratos de 1 año y rescisión posterior. O a lo mejor les interesa contratar 6 meses temporales, pasar a indefinido 4 años, ahorrarse la cuota, y luego pagar un despido de 132 días a los 4 años (que es menos de lo que se han ahorrado). Al final todas estas “garicanadas” creo que no valen para nada, es buscar un sistema de incentivos que sólo funciona sobre el papel y que, cuando llega la realidad, acaba haciendo aguas por todas partes.

Respecto al complemento salarial éste queda inconcreto, aunque se valora en 2.100 millones de euros. Esto es la cuarta parte (o menos) de lo que costaba este complemento en el programa original de C’s, así que no sabemos si se limitará el número de receptores, las cantidades o ambas. Me resulta muy raro que se dediquen escasas tres líneas al complemento salarial cuando es una de las medidas estrellas de C’s, aunque intuyo que la razón debe ser que el PP no se ha querido comprometer a nada.
El complemento salarial es algo que no sabemos cómo afectaría al mercado laboral español, pero si no se hace bien puede suponer la creación de un tapón salarial y una subvención encubierta a los salarios que pagan las empresas, sobre todo en entornos de alto desempleo como el nuestro. En descargo de esta hipótesis pesimista, un complemento salarial con una dotación de la cuarta o quinta parte del original poco va a ser y, por tanto, no creo que afecte demasiado, ni en sus vertientes positivas ni en sus negativas.
También se hace una referencia al sistema de “mochila austriaca”, también sin concreción. El programa original de C’s hablaba de una mochila del 1% del sueldo, que es una cantidad ridícula, pero aquí no se dice nada. Por lógica de cesión no será más que esto, así que en nada relevante quedará.

Pero el pacto recoge también cosas inquietantes. Ya hemos visto estas idas y venidas sobre la corrupción que ha tenido el equipo de C’s estos días, llegando a la increíble situación de considerar sólo corrupción política lo que implique enriquecimiento personal o financiación ilegal. Así pues todo lo referente a la corrupción, por agradable de leer que sea, creo que hay que cogerlo con pinzas, pues si al final la lucha contra la corrupción se basa en la interpretación subjetiva de lo que es corrupción por parte del partido que más corrupción tiene, me temo que todo quedará en nada. Incluso algo que me suena muy bien como la “ley de protección a denunciantes de corrupción” temo que no sea más que palabras vacías.
Otra cosa muy peligrosa y absolutamente chocante que vemos en el texto es la reforma del régimen electoral, que era una de las seis peticiones iniciales de C’s. La redacción no compromete a nada, simplemente se habla de “impulsar” una reforma que “aborde” ciertas cuestiones (como si el “abordaje” quisiese decir algo). Pero lo peor es que, entre las cosas que tiene que “abordar”, no está solo la proporcionalidad o el desbloqueo de listas, está también algo absolutamente anti-proporcional como la elección directa de alcaldes. Pero no solo eso, es que además se indica que el PP se reserva la posibilidad de presentar iniciativas para “garantizar que gobierne la lista más votada”.
O sea, que pides una condición sine qua non que es la reforma de la ley electoral en sentido proporcional, pero luego en el texto del acuerdo no es ya que esto no aparezca ¡Es que dejas al PP que pretenda reformar la ley para que gobierne la lista más votada!, es decir, en sentido anti proporcional. ¿Qué cachondeo es este? Es directamente romper con una de las condiciones pactadas hace una semana. Me resulta una tomadura de pelo.
Otra cosa que veo inquietante es la elección de 12 de los 20 miembros del CGPJ por parte de los jueces. Creo que la intención de que los partidos no controlen a los jueces para garantizar la separación de poderes es noble, pero dejar que los jueces tengan poder para gobernarse a sí mismos más que separación de poderes podría propiciar que éstos queden fuera del control democrático. Como el sistema de votación de los jueces no está claro (¿tendrán presencia las minorías?) es difícil analizar nada, pero si el sistema de votación no da representatividad a las distintas corrientes y sensibilidades judiciales nos podemos encontrar con un problema.

Lo demás son todo ambigüedades del estilo “se impulsará” y “se hará una comisión” (hay un chiste que dice que cuando los políticos no quieren hacer nada forman una comisión). El texto habla de muchas cosas pero concreta pocas, como muchas requieren una reforma constitucional o leyes orgánicas (y los firmantes no tienen mayoría para sacarlas adelante) sólo se habla de impulsar, buscar consensos o analizar, que al final no comprometen a nada y permite a los firmantes hacer luego lo que les dé la gana.
Ah! Y una cosa que me ha sido muy llamativa: Las dos peticiones de C’s respecto a la iglesia católica, que ésta pague el IBI y que la religión se imparta fuera del horario escolar, están virtualmente desaparecidas del pacto ¿Llegó acaso C’s a intentar incluirlas? Lo ignoro.

Al final tengo la sensación de que el PP ha firmado un documento que recoge casi todas las demandas tradicionales de C’s pero redactadas de tal forma que no compromete al PP a nada en la mayoría de casos. Y si a esto le sumas que los programas electorales no se suelen cumplir casi nunca en su parte más concreta (y esto al final es como un programa electoral), y que los firmantes no tienen mayoría para hacer la mayoría de cosas, acabamos concluyendo que de lo escrito en el programa sobre todos los “topics” de C’s acabaremos viendo realizado entre poco y nada.
Seamos serios ¿qué garantía tenemos de que el PP cumpla este pacto? Es decir ¿dónde están las garantías e incentivos que permitan intuir que el PP no se desdecirá del mismo? Porque una semana después de las seis condiciones, vemos que una (la de la dimisión de los imputados) está reinterpretada y la otra (la de la reforma electoral) se ha convertido casi en lo contrario ¿Cómo sabemos que esta colección de ambigüedades e intenciones no acabará en nada? Sólo podemos confiar en que el PP tenga a bien cumplirlas, y recuerdo que hablamos del partido que hizo lo contrario en el gobierno de lo indicado en su programa.
Muchos diréis que el incentivo para cumplirlas es que C’s si no votará en contra de sus propuestas, pero es que C’s no ha garantizado que vaya a votar nada fuera de la investidura. C’s va a votar lo que le dé la gana y el PP también, porque este pacto no recoge compromisos que sean contrarios a las ideas de C’s y éste se haya comprometido a cumplir. Es decir, C’s no ha tenido que comprometerse a apoyar cosas que vayan en contra de sus ideas (más allá de apoyar a Rajoy) ni tiene compromisos de no impulsar cosas que no estén en este programa. Esto es lo “curioso” del pacto, que parece que sólo obliga al PP y no a C’s, cuyas máximas cesiones han sido suavizar ciertas cosas ¿No resulta raro?

Mirad, el problema aquí es que C’s va a votar a favor de Rajoy pero, en el fondo, no tiene “fuerza” para poder exigir que sus medidas vayan a ser llevadas a cabo. Si C’s hubiese hecho un pacto de gobierno y tuviese ministros o directores generales sabría que éstos van a trabajar por su programa, van a hacer proyectos de ley conforme a las ideas de C’s y que éstos al menos intentarían salir adelante. Pero no los tiene, todo el gobierno va a ser decidido por el PP y presuntamente con gente del PP, y así poco vas a poder garantizar. Cualquiera de las reformas puede ser reinterpretada, o dilatada o dejada de lado con la excusa de que no hay mayoría suficiente, y C’s poco podrá hacer.
Porque lo único que podría hacer es amenazar al PP con una moción de censura si no cumple el pacto, pero es que resulta que para una moción de censura C’s tendría que apoyar un candidato que también tendría que apoyar Podemos, y C’s ya se ha declarado incompatible con Podemos y ha dicho que nunca van a llegar a pactos de gobierno con ellos. Así pues la moción de censura está descartada (a no ser que C’s cambie de convicción), y por tanto a Rajoy no le va a sacar nadie del gobierno hasta que se acabe la legislatura o él quiera.
Al final queda la sensación que el PP le ha firmado a C’s lo que éste ha querido pero intentando que fuese lo menos concreto y comprometedor posible, con el único objetivo de ser investido. Y luego ya veremos, sin compromisos ineludibles. Y sí, C’s podría boicotear en el parlamento la labor legislativa del PP si éste no cumple, pero debemos recordar que estamos ante un presidente que lleva un año en funciones tan ricamente y que convierte el término “conservador” en una caricatura del mismo ¿de verdad pensáis que sería preocupante o angustioso para Rajoy no poder legislar? Total, aquí los votos que importan son los del PSOE, que es quien tiene la clave de las mayorías, no los de C’s.

A mí me encantaría que las medidas que he indicado en el tercer párrafo se llevasen a cabo, pero tengo la sensación que muy poco de esto vamos a ver al final. Este pacto, redactado ambiguamente y sin compromisos claros, sin presencia de miembros de C’s en el gobierno y sin fuerza por parte de C’s para obligar al PP a cumplirlo, me parece que no es más que papel mojado, uno de tantos documentos en la política que se los lleva el viento.
Eso sí, la propaganda para C’s (después de sus cambios de posición continuos) ha sido buena y muy funcional para sus objetivos, si vamos a terceras elecciones usarán su pactismo y si Rajoy es investido y no hace nada dirán que han sido engañados. Pero aquí quien se lleva el gato al agua es Rajoy, que saca unos votos importantísimos para presionar al PSOE a cambio de un pacto que le compromete a muy poco.

domingo, 21 de agosto de 2016

El NO a Rajoy
















¿Os imagináis que la transición española a la democracia después de la muerte de Franco la hubiese dirigido Carlos Arias Navarro, el conocido como “carnicerito de Málaga” debido a su actuación como fiscal en los consejos de guerra en aquella ciudad después de su ocupación por el ejército sublevado? Obviamente hoy eso es impensable, Arias era una persona enormemente implicada en la represión que siguió al inicio de la guerra civil y un alto cargo del franquismo. Aunque hubiese tenido una verdadera conversión democrática (que no la tuvo), nunca hubiese podido liderar un proceso creíble de transformación política.
Sin embargo Suárez, también miembro del aparato franquista, sí pudo. Suárez era más joven, no había hecho la guerra civil, y siempre había ocupado puestos de segunda fila dentro del franquismo (nunca fue ministro antes de la muerte de Franco, por ejemplo). Y no era fácil que un miembro de ese establishment pudiese hacer una transición a la democracia, pero dadas las circunstancias era al menos una opción posible, como así fue.

Este caso me viene siempre a la cabeza cuando, en estos momentos de incertidumbre política, se habla de “vetos” a Rajoy o se concentra la cuestión de la investidura en una persona concreta. A mi no me gusta nada los personalismos, me parece absurdo vetar a personas, algo que normalmente tiene un trasfondo de rencillas y odios personales, pero hay ocasiones en que la persona tiene una significación especial o el momento histórico requiere símbolos para poder ser creíble, y creo que España está en un momento histórico de esa naturaleza.
Cuando el partido Ciudadanos (C's), su líder Albert Rivera u otros dirigentes hablaban del “No a Rajoy” entendía que esa negativa estaba sustentada en un análisis de este estilo. Rajoy es símbolo de un modelo de política que acabó hace un par de años y que las elecciones del 20 de diciembre (y posteriormente las de junio) certificaron, esto es, del sistema de partidos salido de la transición que se basaba en un bipartidismo imperfecto de ordeno y mando, donde las únicas limitaciones a los rodillos las ponían partidos regionales a los que se convencía con ciertas prebendas para sus autonomías.
No es sólo el sistema de partidos, este bipartidismo imperfecto ha acabado asociado a una realidad de tolerancia con la corrupción por parte de partidos y electores. Fundamentalmente el PP, pero también el PSOE o CiU, son partidos muy comprometidos por la corrupción y ese es otro factor que ha contribuido a la ruptura del bipartidismo imperfecto y, incluso para quienes no han cambiado el voto, ha generado cierta desconfianza generalizada hacia los políticos en general y hacia los “viejos” partidos en particular. Porque no nos equivoquemos, una cosa es que algunos (quizá demasiados) sigan votando a partidos infestados de corrupción, y otra es que se sostenga la negación que era asidua hace unos años.
Por todo esto era impensable que este nuevo momento político fuese presidido por Mariano Rajoy, que más allá de sus implicaciones personales en casos de corrupción (no demostradas, aunque supuestas) es que era la cabeza visible de un partido donde la corrupción campa a sus anchas y donde hasta el propio partido como entidad jurídica está manchado. Por eso el “No a Rajoy” del que hablaba Rivera tenía todo el sentido del mundo.

El cambio de posición de C's y Albert Rivera en los últimos días me tiene desconcertado y triste. Yo puedo comprenderlo todo, puedo entender que la repetición de las elecciones ha fortalecido a Mariano Rajoy y a su intransigencia por abandonar la candidatura a la presidencia, puedo entender que el PP está actuando como si prefiriese unas terceras elecciones a cualquier sacrificio con la convicción de que éstas les beneficiarían, puedo entender que C's tenga un pánico lógico a ir a unas nuevas elecciones y perder unos cuantos diputados más. Todo es comprensible.
Pero la política, y sobre todo la “nueva política”, no puede permitirse no ser valiente. No es cuestión de ser intransigente con tonterías y maximalismos absurdos, sino en ser “radical” (en el buen sentido de la palabra) en los principios que guían tu acción y existencia. El No a Rajoy no era un capricho infantil ni una rencilla absurda, era una exigencia absolutamente lógica con nuestro momento político, la imprescindible regeneración y la necesidad de transmitir al país un relato coherente de que estamos entrando en un nuevo tiempo político.
C's es un partido con vocación de bisagra, lo entiendo, y por eso me parece normal que pacte con el PSOE o con el PP indistintamente. No comparto ni creo que traiga nada bueno su odio a Podemos (y de hecho es uno de los factores por los que acabamos en unas segundas elecciones), pero lo “asumo”. Pero lo que no puedo entender ni aceptar es como convierte sus principios básicos en algo prescindible o negociable. Si una de las convicciones del partido es que la presidencia del congreso debe tenerla alguien de un partido distinto al del presidente del gobierno ¿por qué apoya a Ana Pastor para ser presidenta, cuando podía haber puesto en el cargo a un socialista? Sí, ya sé que a cambio le dieron dos puestos en la mesa ¿pero no es eso acaso priorizar sillas a ideas como pomposamente le dijeron a otros?

En los sistemas parlamentarios normales es el parlamento quien elige al presidente, que puede ser cualquier diputado o en muchos países incluso alguien que no sea diputado. Esta “norma” que quieren imponer algunos de que el presidente debe ser el candidato a la presidencia del partido más votado es una exigencia anti-parlamentaria, es exactamente reforzar las viejas costumbres contra las que se ha nacido y que el país quiere dejar atrás.
Que Mariano Rajoy se autoimponga como presidente del gobierno es algo que no se debe tolerar, porque hacerlo es fortalecer precisamente este tipo de actitudes a futuro. Si creemos que un Arias no puede llevar a cabo una transición y asumimos que el resultado electoral nos ha impuesto al PP dentro de cualquier combinación posible (no porque lo sea, sino porque la alergia mutua de Podemos y C's convierte en casi imposible cualquier opción), lo lógico era forzar al PP a prescindir de su candidato y proponer otro. No es nada extravagante, es lo que se hace en cualquier país parlamentario y, sin ir más lejos, es lo que pasó con Pedro Sanz en La Rioja, que C's se negó a apoyarlo y el PP tuvo que cambiar el candidato.
Pero C's no ha sido fuerte o leal a sus convicciones, y en un día cambiaron el “No a Rajoy” por las seis condiciones, que implícitamente asumen a Rajoy como presidente posible. Habrá quien lo interprete como una bajada de pantalones, otros como una muestra del cinismo en el discurso anterior, otros como el paso inevitable de un partido aterrorizado ante nuevas elecciones. La verdadera razón solo está en la mente de los dirigente de C's, pero el resultado es la rendición en los principios básicos de la alternativa regeneracionista.

Pensarán algunos lectores que lo que propongo llevaría a unas terceras elecciones. La verdad es que no tendría por qué. Si uno tiene la convicción de que no se le puede permitir a Rajoy situarse por delante del bienestar general, entonces las alternativas están abiertas. Igual que Rajoy no tiene por qué ser candidato tampoco tiene que serlo Sánchez o Rivera, hay muchos segundas espadas en los distintos partidos y algunos independientes que podrían ser propuestos. Rendirte (o hacer como que te rindes) a que los partidos no se van a poder poner de acuerdo porque ha habido una legislatura fallida me parece una actitud bastante perezosa. Si se tiene convicción de que se hace lo justo (no investir a Rajoy), debe tenerse valentía para intentar lo que es casi imposible.
Y si hay que ir a unas terceras elecciones, pues mirad, se va, pero no antes de dejar claro quien es el responsable de las mismas con nombre y apellidos. Déjese claro que se negociaría benévolamente con otro candidato menos implicado de ese partido, ábranse a la posibilidad de investir a un candidato independiente para una legislatura de transición con cambios de gran consenso. Pero que se haga algo, no una pasividad que condena al pasivo a ser acribillado mediáticamente para al final rendirse.

Después de tirar a la basura entre todos la legislatura del 20D ahora poco se puede hacer para prescindir del PP. C's no quiere y los independentistas están en otra cosa. Pero dentro de lo malo se puede y se debe finiquitar un tiempo político pasado y eso sólo se hará evitando que Mariano Rajoy sea presidente. En vez de poner condiciones coloristas como la limitación de mandatos, C's debía haber dejado las condiciones esenciales en sólo dos: No a Rajoy y una nueva ley electoral.
Por su parte el PSOE debería intentar alternativas a Rajoy, no quedarse quieto esperando a ser acribillado. Aunque sea por postureo debería hablar con los independentistas. Si no consigue nada (que no lo conseguirá), intentar proponerle a C's un independiente o un cargo secundario del PSOE (¿Borrell? ¿Gabilondo?) para presidente, o incluso explorar la posibilidad de alguien propuesto por ellos. Y cuando nada de esto salga, entonces dejar claro que como última opción se contempla dar las 10 abstenciones a cambio de un candidato distinto a Rajoy y un par de propuestas del programa socialista.
Y si no a elecciones en navidad, y si dan todavía una mayoría mas grande a Rajoy pues mala suerte. A veces hay que hacer lo que indican tus convicciones aunque te perjudique.  

jueves, 28 de julio de 2016

El advenimiento de los seres de luz


















Los lectores habituales sabéis que si hay un tema que me toca la fibra sensible y me molesta especialmente es la existencia de esa inquisición moralista de opinadores que se dedican a limitar la libertad de expresión de los demás, a acusar de indignos y malvados a los demás por cosas que probablemente ellos también han hecho y de linchar a la gente hasta destruirle su credibilidad y carreras.
Esta gente es extremadamente nociva. Da igual el punto de vista desde el que lo miremos, estas actitudes no llevan a ningún sitio bueno, no mejoran la sociedad (quizá la empeoren), acaban con las vidas o carreras de personas que no se lo merecen (a los “jetas” en cambio les importa un bledo) y degradan el debate público hasta hastiar a la gente, con lo pernicioso que es esto desde el punto de vista social.

Estos días de estío han salido dos casos a la luz de dos comportamientos “indignos” de dos políticos de Podemos, Pablo Echenique y Pablo Iglesias, aunque por razones distintas. Echenique ha sido descubierto con una mancha en su pasado reciente, tener una cuidadora durante una hora al día en su casa (él es minusválido y necesita esa asistencia) a la que durante un año pagó en negro 300€/mes. El otro caso es la denuncia de la periodista Mariló Montero a Pablo Iglesias por un chat de éste a Monedero donde escribía, en tono evidentemente jocoso, que la “azotaría hasta que sangrase”.
La verdad es que me da mucha rabia que ambos políticos sean de Podemos, porque no me apetece estar defendiendo continuamente a políticos de Podemos por estas cosas, pero la cuestión es que son ellos quienes están siempre en la palestra por asuntos de esta índole. Ojalá en vez de Echenique fuese Pablo Casado quien hubiese tenido la cuidadora, o en vez de ser Iglesias quien escribiese eso hubiese sido Albert Rivera. Los hubiese defendido igual y el lector habitual lo sabe, porque esto no es por ellos, es realmente por ti, por mí y por nuestra sociedad. No sé, quizá con un OK Diario de izquierdas tendríamos casos así de alguien del PP o C's...
Quienes odian a Pablo Iglesias le han degradado a la categoría moral de machista, de violento o de escoria, aunque como el chat original salió hace unos días tampoco se han ensañado especialmente. Con Echenique sí, a quien han situado como responsable de un gravísimo caso de economía sumergida, acusado de delitos contra los trabajadores y pedido la dimisión de no sé sabe qué puesto exactamente.

Hay una falta absoluta de mesura y a veces incluso de vergüenza con estas cosas, y lo peor es que plantear de este hecho lleva a que se te acuse de doble vara de medir o incluso de defender la corrupción. Así es el debate dicotómico en nuestras redes sociales, en nuestros medios y en nuestra sociedad en general. Hasta el lógico llamamiento a la priozación y a la proporcionalidad de las indignaciones o exigencias acaban con la típica frase: “Yo estoy en contra de toda la corrupción, me da igual grande o pequeña”.
La cuestión es que no da igual, y el problema es que si da igual acabamos generando un barullo que permite a los grandes corruptos y verdaderos sinvergüenzas salirse de rositas y mezclarse entre la masa de pequeños pillos, rebotando sus responsabilidades en el común de los mortales cuya vileza exagerada les sirve como eximente. No, no es lo mismo la gomina del alcalde de Zaragoza o los caros hoteles que frecuentaba Rita Barberá que una concesión de obra pública de 500 millones de euros a la empresa amiga que te financia ilegalmente, no es lo mismo robar 20 millones de euros y tenerlos en Suiza que enchufar a un amiguete de asesor, y no es lo mismo el diputado de C's que quiso pasar el coste de ITV a la diputación que tener responsabilidades en otorgar falsos ERE's.
Hacer esto es dar pábulo a la “máquina del fango” y esto solo beneficia a dos tipos de personajes: A los que pretenden que la sociedad crea que todos somos iguales y, así, se consideren sus fechorías como menos graves o hasta normales, y a aquellos que pretenden destruir a los rivales políticos de cualquier manera, sin respetar ni las vidas privadas, ni los más mínimos estándares de veracidad y usando muchas veces la maquinaria del estado. Seamos claros: Esto es hacerle el juego a los sinvergüenzas.

Pero de esto no se dan cuenta los “seres de luz”, aquellos que parece que se creen que son inmaculados o que deben serlo los políticos. A veces hay un claro ejercicio de cinismo (¿Cuantos de los que se indignan por lo de Echenique tienen una señora de la limpieza a la que le pagan en negro? ¿Cuántos de los que se indignan con la ITV del diputado de C's han pasado kilómetros o gastos a su empresa que no correspondían?), pero estos casos no son los que más me preocupan.
Quienes me preocupan son aquellos que se piensan que realmente el ejercicio de la política debe ser un terreno vetado a cualquiera que haya tenido alguna vez un comportamiento poco recto. Todos hemos incumplido la ley alguna vez, leyes más o menos importantes o triviales pero todos lo hemos hecho. Ninguna sociedad del mundo cumple la ley al 100% de forma mayoritaria pero las sociedades tienen tolerancias diferentes con los incumplimientos de ciertas leyes, por distintas razones. En España, por ejemplo, nadie se escandaliza porque una propina no se declare en el IRPF (lo vemos absurdo, de hecho), porque alguien cruce en rojo un semáforo, porque un chaval de clases particulares y las cobre en negro o por cosas así. Luego somos “tolerantes” con ciertas cosas, como el caso de pagar en negro a las limpiadores del hogar o, yo qué sé, descargar una película sin pagar o que alguien con necesidad subarriende una habitación.
Nosotros somos hijos de nuestra realidad y nuestras prácticas son producto de ella. Obviamente está la ética de cada uno y nos planteamos si estas ilegalidades toleradas son aceptables, si hacen daño a alguien y en base a eso cambiamos nuestros comportamientos aprendidos. Pero nuestra tendencia natural es no pedirle una factura a un fontanero o intentar ayudar a un amiguete a que entre en un puesto de trabajo, y considerar esas cosas como algo inaceptable por ser ilegales (o injustas con terceros o poco éticas) genera una conclusión aterradora: Le estás diciendo a la sociedad que sus prácticas comunes, habituales y aprendidas, y que no son graves, los convierten en corruptos en potencia e inhabilitan a la inmensa mayoría de la población para el ejercicio público.

El otro día un tuitero me “dirigía” un texto a colación de lo de Echenique, que empezaba así: “Cuando ud. puede robar haciendo fotocopias personales en la fotocopiadora del trabajo, ud. no pierde la oportunidad” y continuaba haciendo frases similares aumentando el importe del “robo”, enviando un mensaje claro: Quien “roba” cosas nimias, cuando esté manejando millones en una administración robará también.
La acusación me indignó. Yo hago fotocopias personales en el trabajo, a veces incluso más de una página, y lo hago porque es habitual, porque no hace daño a nadie y porque a la empresa le importa un carajo que yo haga una fotocopia si la necesito. De hecho un día mi empresa hizo un manual de ética y un curso para darlo a conocer y se trató el tema de las fotocopias como caso extremo, llegándose a la conclusión de que lo “ético” era no abusar. Pero yo ya hacía las fotocopias de mi DNI o de otras cosas cuando me hacía falta antes de que me lo autorizaran… ¿soy un corrupto en potencia?
Para los “seres de luz” sí, yo no soy ese asceta y ese ser puro que nuestra sociedad requiere. Es más, me voy a tirar por el tobogán que lleva al infierno de la inhabilitación para la política y lo voy a reconocer: Yo he cobrado clases particulares en negro. Sí, y he pagado a veces en comercios que tenían datafono y querían el pago en metálico, y muchas veces no pido factura. Ah! Y esta semana me he saltado un semáforo en rojo medio segundo después de cambiar. Y cuando era niño venía una señora a limpiar a casa y mi madre le pagaba en metálico sin contrato alguno. En tal estado de corrupción y podredumbre moral vivo… ¿Verdad que soy perverso?...
Pues miren señores seres de luz, no, yo no soy ningún corrupto. Y no permito, no consiento que se me insinúe que yo iba a cometer actos de corrupción, grande o pequeña, si ejerciese un cargo público porque eso no es verdad. Son ustedes unos estúpidos, unos arrogantes y unos fanáticos, y no me voy a cortar en decirles cuatro cosas cuando en su búsqueda enfermiza de la maldad pretendan hacerme pasar a mí y al 99% de mis conciudadanos como unos corruptos en potencia y colaboradores de una sociedad corrupta.
¿Sabéis donde hay ascetas de esos? Hitler era uno. Posiblemente el Ayatolá supremo de Irán sea otro. Seguro que hay manadas de dogmático y fanáticos de diversos credos que jamás han dicho una mentira o robado un caramelo cuando eran niños ¿Eso es lo que queremos? Algunos parece que sí. Creo que no es difícil de entender: Si lo que buscamos son personas inmaculadas y sin mancha en su vida, lo que vamos a acabar consiguiendo es una de estas dos cosas: Candidatos prefabricados, vacíos y sin vida ni mente propia, puestos ahí para cumplir con el moralismo exigible, o algo mucho peor, a fanáticos del orden, la disciplina y la honradez que pueden acabar convirtiendo ese fanatismo en un rodillo sobre sus ciudadanos, considerados viciosos e inmorales. Y yo no quiero eso, me aterra eso, prefiero mil veces antes a personas que han hecho pequeñas cosas mal.

Recuerdo un partido que era importante hace nada y se decía inmaculado y pulcro. Eran los únicos que no tenían casos de corrupción (no gobernaban en ningún sitio), sus miembros no tenían manchas importantes en su pasado (hacían un buen trabajo en la aceptación de afiliaciones, me consta), y enfrentaban el debate público desde la superioridad moral. “Somos el único partido sin corruptos” decían, como si fuesen indemnes a la corrupción o el arquetipo de la perfección en la política. Y yo les preguntaba “¿Y cuándo tengáis alguno qué haréis, os haréis un haraquiri colectivo?”. La pregunta indignaba a algunos, “eso no va a pasar” me decían (eran puros, perfectos, no podía pasar). Otros eran más moderados, decían que si pasaba (que era casi imposible no obstante) serían ejemplares en la solución del caso. Era mejor respuesta.
¿Sabéis que le pasó a ese partido? Que un día sus expectativas se truncaron, apareció un competidor y empezó a quitarles votos y al final les superó. Y entonces comenzaron a salir los sentimientos humanos normales, muchos miembros de ese partido pensaron que no tenía sentido estar en él si no iban a mantener la presencia pública y se cambiaron al otro partido. Otros quisieron disputar el liderazgo y criticaron a su líder, disputándole el puesto. Cosas humanas, normales, la gente quiere hacer política en las administraciones no encima del púlpito, la gente tiene derecho a discrepar enérgicamente de un camino que no comparte.
Y entonces comenzaron los insultos, comenzaron a ver tránsfugas, traidores y personas indignas por todos lados. Los que antes eran perfectos e inmaculados resulta que ahora eran gentuza de la peor calaña. Se mataron entre ellos, en público y en redes sociales, acabaron pareciendo una secta. Y al final la gente les dejó de votar.
Esto es lo que le pasa a los inmaculados, a los seres de luz, a los monjes de la política. El creer que solo un ser inmaculado y perfecto es válido para la política o el pensar que tú eres el único que es así y que todo lo que te rodea es sucio y corrupto lleva inexorablemente al desastre. Porque las cosas normales en la sociedad acaban apareciendo en los partido, y entonces se desmorona el chiringuito idealizado, o comienzan las cazas de brujas o generándose un ambiente conspiranoico y opresivo. No gracias, yo no quiero eso.

Es que podríamos hablar de decenas de casos, y solo de recordarlos me indigno. Me viene a la cabeza un amiguete mío que fue candidato a concejal por València en Comú, y él, que es un tipo con cierta incontinencia redactora, tuvo la mala pata de hacer un comentario de dudoso gusto sobre una candidata de Compromís. Pues coño, tuvo que dimitir, no valió con que pidiese perdón (que era más que suficiente en mi opinión). Y ya no era su cargo de concejal (no hubiese llegado por su puesto en la lista), es que como mañana o de aquí 10 años quiera volver a entrar en política le sacarán el tema de nuevo y los moralistas y los cínicos intentarán hundirle.
O me viene también el caso del concejal Guillermo Zapata, que se le ocurrió hacer dos chistes de mal gusto para defender la libertad de expresión de un amigo y éstos, convenientemente descontextualizados, le han acarreado problemas judiciales y una destrucción de su imagen pública, injusta a todas luces. Y da igual las veces que pida perdón, Zapata siempre será el de los chistes que atentan contra el honor de las víctimas del terrorismo o del holocausto. Es una putada.
¿Qué no es lo mismo que un pago en negro, una beca por “enchufe” o una ITV pagada por la diputación? Para la inquisición sí, porque la inquisición sólo quiere destruir al impío, y la máquina del fango al enemigo, y una le hace el juego a la otra. Se mezclan descaradamente las cosas pequeñas con las enormes, la vida personal con la pública, el comportamiento en tu pasado y las acciones en el ejercicio del poder.
Y es que esta gente se nos llevaría a todos por delante ¿de verdad no nos damos cuenta? Ninguno de nosotros sobreviviría a una investigación exhaustiva de nuestro pasado, siempre habremos superado el bajísimo listón de lo impecablemente moral que nos pone esta gente. Yo tengo 500 o 600 textos escritos ¿Cuánto les costaría descontextualizar algo y hacerme pasar por cualquier tipo de canalla? ¿Sabéis las burrerías que escribo yo en los grupos de Whats App?

Y luego tenemos también estas opiniones, como la de John Müller en El Español. Müller hace un análisis bastante más sensato sobre la situación, que pondera adecuadamente, y pone el foco en quizá lo más “relevante”, las explicaciones de Echenique ese mismo día, confusas, poco creíbles y echando la responsabilidad “al sistema”. Pero Müller concluye algo muy peligroso en su último párrafo: “No, no es el sistema el que empuja a la gente, de cualquier clase social, al fraude, es la condición humana”.
Además de que este argumento es peligrosísimo porque incide en precisamente esa confusión entre el gran fraude y el pequeño, eximiendo de responsabilidad moral al primero (o al menos rebajando su gravedad a la del segundo caso), es un argumento que se me antoja falso. No, no es “la condición humana”, no es ese egoísmo inherente al ser humano como arrimando el ascua a su sardina nos dice el liberal Sr. Müller, son otras muchas cosas. Es la ley o la capacidad de hacer cumplir la misma y, sobre todo, es la costumbre social, el aprendizaje, lo que hemos visto de toda la vida y hemos normalizado en el subconsciente.
Nosotros vemos normal aparcar un coche en doble fila cinco minutos pero, en cambio, en Alemania lo ven como un acto de incivismo, como un aprovechamiento ilícito e injusto del espacio público ¿Por qué estas diferencias? Son culturales y sociales, tienen que ver con un sentido de lo público de las obligaciones sociales que es aprendido. También ha pasado lo mismo en nuestro país: Hoy la gente no es tolerante con que no se haga la declaración de la renta y hace 30 años sí lo era, hoy no se acepta el dinero negro con la misma alegría que hace décadas. Y no hace falta hablar de impuestos ni de 30 años vista, la propia percepción de la gente sobre un señor que fuma en un local público es muy distinta hoy que el mes siguiente de aprobarse la ley antitabaco.
Nuestra sociedad puede ser mejor, menos corrupta y la prueba de ello es que hay sociedades que lo son. Argumentaciones como estas llevan a considerar la corrupción y el aprovechamiento como algo inherente al ser humano, para asumir seguidamente que el problema es la conceptualización colectivista de la sociedad, que debe ser eliminada. Así que mucho cuidado con ciertas generalizaciones, que dan pábulo a ciertas teorías de individualismo exacerbado. 

Perdonad el texto desordenado, pero estas cosas me enfadan. Esta inquisición moral que no distingue grados, que no atiende a razones, que crucifica al pecador y que destruye a personas públicas es lo peor que le puede pasar a una sociedad junto con los cínicos que critican en los demás lo que ellos mismos hacen. Porque esto no va a generar estándares de vida pública mejores, lo que generará es lo contrario, ocultará al gran corrupto entre los pequeños pillos, desviará la atención de lo importante, colaborará con la máquina del fango que destruye a los enemigos de quienes la manejan y convertirá a la gente y a su “cultura social” en la responsable final de todas las fechorías, generando reacciones defensivas en la sociedad y evitando el cambio, o peor, provocando un cambio en sentido individualista y egoísta.
Y bueno, sobre los casos concretos. Lo del chat de Pablo Iglesias es una soberana tontería, quien no entienda que eso es “normal” y el tono en que está hecho o vive en un monasterio o es que tiene pocas luces. Lo de Echenique es distinto, hay una ilegalidad digamos “habitual” y una explicación del primer día muy poco convincente (la del segundo día era algo mejor, pero después de la primera no es fácil de creer). No sé si al ser una hora al día tenía que darse de alta el empleado, lo tenía que hacer el empleador o si de verdad extendió esta situación por “amistad” o porque no le dio la gana pagar la cotización. La verdad, me importa relativamente poco. No voy a perder el tiempo con estas cosas, hacerlo sería tener los estándares de importancia mal priorizados. El tiempo dirá si tenía razón o si esto pone en duda su capacidad para dar lecciones morales, pero pedir la dimisión como se está haciendo es un exceso que me parece que colinda con alguna de las dos actitudes que hemos comentado, con el cinismo o con el moralismo de los seres de luz. Que Dios (o lo que sea) nos guarde de ambos.

lunes, 25 de julio de 2016

¿Pueden convivir el PSOE y Podemos sin destruirse mutuamente?













El escenario probablemente más interesante que nos ha dejado las elecciones del 26-J es esta situación de dos fuerzas de izquierda de tamaño similar en la oposición. El PSOE consiguió 85 escaños y 5.425.00 votos, y Podemos y sus confluencias 71 escaños y 5.050.000 votos, 375.000 escasos votos de diferencia.
Este escenario es una rareza a nivel europeo y sólo me vienen a la cabeza dos casos parecidos. Uno es el caso islandés en 2009, donde la alianza socialdemócrata sacó casi un 30% de los votos y el Movimiento izquierda verde un 22%. Ambos partidos gobernaron juntos y, en las elecciones de 2013, se hundieron ambos partidos, sacando un 13 y un 11% respectivamente. El otro caso más cercano que se me ocurre es el portugués de 1979, donde el Partido socialista sacó el 27% y la alianza del Partido comunista el 19%. Ambos estuvieron en la oposición y convivieron en ella con esta relación de fuerzas hasta 1983 en que el partido socialista se hizo con el gobierno (con el apoyo del centro-derecha), y la alianza comunista comenzó a decrecer en apoyos (y a escindirse).
No tiene mucho sentido intentar sacar una regla histórica de dos casos aislados en países y épocas distintas, pero es curioso como en cada una hubo una tendencia distinta (al pacto en Islandia y a la confrontación en Portugal) y no se ve que al partido más pequeño le haya ido bien en ninguno de los dos casos.

Mucha gente piensa que el futuro de esta situación de dos partidos de izquierda “empatados” es que uno venza al otro y el derrotado se minimice, volviendo al escenario tradicional de un gran partido de izquierdas y otro pequeño. Los simpatizantes de ambos partidos suelen aceptar este esquema queriendo obviamente que el vencedor de este duelo sea el suyo y el minimizado el otro, pero tengo que decir que no veo nada clara esta posibilidad, al menos a corto plazo. Ni la pasokización del PSOE ni el hundimiento de Podemos me parecen escenarios realistas hoy.
El PSOE no va a poder volver a corto plazo ese partido dominante en la izquierda española. La desconfianza ante este partido es profunda, las generaciones más jóvenes lo ven como parte de un establishment caducado y no muy diferente al Partido Popular. El PSOE se ha dejado la mitad de votantes por el camino en esta crisis y el hecho de que no recuperase los votantes que abandonaron a Podemos el 26-J nos indica que esta pérdida es permanente. Las tendencias sociales que vemos en casi todos los países de occidente refuerzan esta hipótesis.
Podemos tampoco va a poder ser ese partido “nacional-popular” que desplace al PSOE y se convierta en el dominador de la izquierda. Sus adversarios han sabido arrinconarlo muy a la izquierda del espectro y sembrar la duda sobre su capacidad e intenciones. El 21% de votos obtenido se ha conseguido amalgamando muchos partidos de distintas naturalezas y ante cualquier cambio para intentar atraer a más gente al proyecto es bastante probable que alguna de estas alianzas se rompa en esa tendencia natural centrífuga que existe en la izquierda. Crecer a costa del PSOE es, además, muy complicado, porque el suelo de voto del PSOE parece sólido, sobre todo en ciertos lugares de España donde las alianzas de Podemos generan rechazo.

Estos dos partidos se ven como enemigos, porque además de ser rivales electorales consideran que el otro está ocupando su espacio natural. Pero la realidad es que ambos se necesitan para poder gobernar, como se demuestra en los ayuntamientos y CCAA de España (excepto en Andalucía). Cuando en esta entrevista Íñigo Errejón dice que “hay que trabajar” la relación con el PSOE o cuando Odón Elorza reconoce que fue un gran error no buscar el diálogo con Podemos creo que nos encontramos ante los primeros análisis que llevan a esta conclusión: Si no se puede acabar con el otro (y no parece que se pueda), entonces ambos partidos se necesitan si quieren arrebatar el gobierno a la derecha.
La cuestión es cómo enfocar, desde el partido, esta situación en que dos partidos están destinados a entenderse pero, a la vez, a competir por un electorado común. En el esquema tradicional de un partido socialdemócrata fuerte y uno de izquierda pequeño había una separación “ideológica” que evitaba que uno quedase anulado por el otro. IU sabía que siempre podía contar con ese millón de votos de personas para las que el PSOE es un partido conservador (aunque el sistema electoral le haya generado verdaderos destrozos con pérdidas de votos no muy grandes) y el PSOE sabía que la mayoría de su electorado no iba a votar a IU nunca. No es que fuesen indemnes a la fuga de votantes hacia el otro partido, pero esa brecha ideológica les hacía enfocar los pactos con menos miedo.
Pero el esquema actual entre Podemos y el PSOE no es este. Aunque Podemos haya sido arrinconado en la izquierda en la percepción de la mayoría de españoles realmente no lo está para la mayoría de sus votantes, que son moderados y perciben a Podemos como un partido no extremista. Podemos tiene una mayoría de votantes que ideológicamente serían “tres y cuatros” (izquierda moderada, centro-izquierda), espacio que se superpone absolutamente con el del PSOE (que se extiende más al centro) y que de hecho han sido votantes del PSOE tradicionales. Esta diferencia “ideológica” entre Podemos y el PSOE no basta para que ambos partidos se sientan cómodos, seguros y no se vean como una amenaza mutua, debe haber algo más. Y la cuestión es que lo hay, pero los partidos deben aceptarlo y verlo.

Dejadme hacer un inciso e ir a la otra parte del espectro político, hacia el PP y C's. ¿Qué diferencias veis entre estos dos partidos? ¿Es sólo ideológica? Hay una diferencia ideológica (el PP es más conservador y C's más centrista), pero también existe mucha superposición y la mayoría de votantes de C's son ex-votantes del PP. Pero entre C's y el PP se ven unas diferencias claras y no solo por el tamaño relativo de ambas fuerzas (que tampoco es tanta en votos. C's puede tener el 40% de votos del PP).
C's es un partido más “joven”, más “urbano” y más “liberal”. El perfil de votante de C's es un joven o una persona de mediana edad que es un profesional relativamente bien posicionado económicamente, con buena formación y que no tiene unas visiones socialmente conservadoras. El perfil de votante del PP es bastante distinto, es más bien una persona jubilada o pasiva, de tendencias sociales más conservadoras y, con alguna excepción, suele vivir en provincias más pequeñas. El objetivo de C's no es atraer al señor jubilado de misa diaria que vive en Ávila, sino al técnico que vive en Madrid y que tiene puntos de vista liberales.
Esto permite a C's enfocar con cierta tranquilidad un pacto con el PP. Si C's cumple sus promesas y defiende su ideario, no debería tener excesivos problemas para mantener su electorado a pesar de un pacto. La cuestión es trabajar bien el objetivo, el segmento social mayoritario de tus votantes, que vean que haces cosas que van en orden con sus preocupaciones. Y además de todo esto no hay intención de destruirse mutuamente. C's nunca ha querido anular al PP (como si ha querido P's con el PSOE) y el PP tampoco teme ser anulado (como sí teme el PSOE).

El éxito de una “convivencia pacífica” entre el Podemos y el PSOE se debe basar en este mismo esquema, en ver a qué segmentos sociales se dirige preferentemente cada uno, en “retener” estos apoyos y en crear una base que te permita enfocar un pacto sin el miedo a ser destruido. Y de hecho los propios estudios sociológicos que se han hecho sobre los votantes de los distintos partidos ya nos dicen qué tipo de votante tiene cada partido.
El votante del PSOE es más mayor y más femenino que el de Podemos. El PSOE es muy fuerte entre los “obreros no cualificados” y entre un tipo de trabajador con puestos de trabajo estables. Es más fuerte en el sur de España y en provincias agrícolas, lo que nos indica además que probablemente sea un votante bastante “unionista” o jacobino (o al menos más que el de Podemos). Es un partido muy fuerte en rentas muy bajas (en los municipios de menor renta de España gana el PSOE) y en gente con estudios básicos.
El votante de Podemos es mucho más joven y responde más al perfil de técnicos y profesionales que han entrado en el mercado laboral hace pocos años y que probablemente tienen una situación muy por debajo de sus expectativas. Podemos es fuerte en las zonas urbanas y en la España menos “centralista”, siendo débil en la España más rural. Es muy débil en el voto de jubilados y amas de casa, en cambio es fuerte entre los parados.

Creo que en base a estas realidades sociológicas el PSOE y Podemos pueden darse cuenta que tienen “nichos” de mercado que pueden explotar y que pueden “blindar” respecto al otro partido. Para eso obviamente las políticas que defiendan deben ser del interés de estos grupos y así de alguna manera ambos partidos, teniendo una posición ideológica común, se pueden “especializar” en determinadas demandas sociales. Y ojo, esto no implica que tengas que rechazar el crecimiento o la captación de otros grupos sociales, aunque sí implica la aceptación de algo que ya comenté hace un tiempo: Estos partidos no van a ser hegemónicos en la izquierda y tienen que aceptarlo.
Podemos debería centrarse en esa juventud formada que siente que la realidad ha frustrado sus expectativas. Jóvenes licenciados, becarios, técnicos superiores y trabajadores precarizados son su “target” social. A nivel de visión de estado sus fortalezas están entre quienes quieren un estado más descentralizado, plural y multicultural, con especial atención a demandas asumibles en Cataluña, Euskadi, Valencia, etc. Su política comunicativa debería ser moderna (ya lo es), juvenil y un tanto desenfadada y rupturista.
El PSOE debería centrarse más bien en los trabajadores de menor formación y más edad y en los jubilados (defender el poder adquisitivo de las pensiones, por ejemplo). Su voto está bastante feminizado y tirando a una edad mediana o alta, así que podría incidir ahí. En cuanto a la estructuración de estado debería concentrarse en aquellas personas (y zonas) que priorizan la igualdad económica y de derechos entre todos los españoles. Debe poder consolidad un voto estable entre funcionarios y sindicalistas (no tengo ese dato pero intuyo que ya debe ser así).

La convivencia exitosa entre Podemos y el PSOE se basa en hacer bien este análisis y aceptar que lo primero que deben hacer es la consolidación de sus bases sociales, generando propuestas interesantes para esos grupos. Es una táctica ciertamente defensiva pero creo que es la que maximizará sus apoyos por separado.

Ambos partidos se necesitan y eso deben entenderlo. Ni pueden mezclarse y parecer lo mismo, ni pueden enfrentarse a muerte como ha pasado estos meses porque el resultado sería la desmovilización que vimos el 26-J y, por tanto, que gobierne la derecha. Deben tragarse el orgullo, el miedo al otro, entender que no van a aplastar al otro ni a tener un 45% de votos como antaño y darse cuenta que deben pasar de ser partidos hegemónicos a partidos con nichos de votantes. Es duro pero me temo que es la única solución para no ir hacia una guerra fratricida perpetua.

lunes, 11 de julio de 2016

¿Por qué ha fracaso Unidos Podemos? (II)













LAS POSIBLES SOLUCIONES

Parece ser que después de semana y media haciéndose la víctima y sin hacer autocrítica alguna, en Podemos han comenzado a aceptar algunas de las realidades que explican su derrota electoral. Pablo Iglesias ha dado por muerta la “hipótesis Podemos”, es decir, esta idea que tuvieron los fundadores de Podemos a principio de 2014 de que España se encontraba en un momento de ruptura institucional que había que aprovechar rápidamente para llegar al poder y hacer un cambio radical de actores políticos. Esto obviamente abre una fase nueva en que este partido tendrá que abandonar la provisionalidad y cambiar, aunque no está muy claro hacia donde.

Si algo han demostrado estas dos elecciones seguidas es que España ha cambiado mucho políticamente pero menos de lo que algunos pensaban. Ha habido una especie de coitus interruptus político donde los nuevos partidos no han llegado a desplazar a los viejos y donde situaciones a la griega no parece que vayan a ser posibles a medio plazo. Esto ya lo avisábamos algunos estos meses: Cuidado que haya sorpasso o no, el PSOE sigue siendo un partido muy poderoso en el sur de España, con unas bases más sólidas de lo que parece, con muchísimos alcaldes y presidentes de CCAA, y no se va a disolver como un azucarillo.
La cuestión es que este coitus interruptus ha llevado al país a una situación nueva de pluralidad política y nos ha dejado un escenario multipartidista que, si los nuevos partidos gestionan bien, puede permanecer mucho tiempo. La época de los rodillos parlamentarios, la destrucción legislativa de lo hecho la anterior legislatura y las cosmovisiones políticas de pertenecer a uno de los dos bandos políticos (y por tanto odiar al otro) han acabado, y más vale que los partidos se enteren de esto pronto porque si no entraremos en parálisis.

España, a pesar de su realidad dual, no es un país presidencialista y precisamente por eso esa intención hegemónica que tenía Podemos era absurda. Lo comenté hace mucho tiempo y creo que es el momento de reiterarlo: Intentar buscar una hegemonía cultural y política como se hace en las repúblicas presidencialistas (y como Podemos pretendía, pues su aprendizaje político y referentes son presidencialistas) no tiene sentido en España, donde para colmo de males la constitución es rigidísima y su reforma muy difícil. Si a esto le unes que tampoco vas a poder conseguir la “hegemonía de la izquierda” viendo lo fuerte que está el PSOE en determinadas latitudes, se puede concluir que Podemos tiene que comenzar por una adaptación del partido al parlamentarismo.
Puede parecer algo menor, pero adaptarse al parlamentarismo es un gran cambio político. Adaptarse al parlamentarismo implica saber que nunca vas a ser estructuralmente hegemónico, implica que vas a tener que pactar las reformas que quieras aplicar, implica que no puedes dualizar a tus seguidores ni crear una política comunicativa de barricadas, implica que valores como la capacidad de ceder, de seducir al diferente o innovar soluciones de consenso van a valer tanto o más que el carisma, el liderazgo o hasta el apoyo popular.

Cuando un partido se presenta a una competición pluripartidista su planteamiento político ha de cambiar. Intentar que te voten por ser “la izquierda” o porque el otro es peor deja de tener sentido, eso funciona en los sistemas bipartidistas donde suele ganar el menos malo o quien menos rechazo tiene, pero no en sistemas pluralistas donde compites con más de una opción. Podemos intentó dualizarse con el PP tratando a C's como un apéndice de este y al PSOE como un partido quemado y decadente, y fracasó en el intento. En dos o cuatro años, con un PSOE más alejado de su etapa de gobierno y con nuevos “historiales” recientes en estos partidos esta estrategia presumiblemente funcionará todavía peor (a no ser que los tres partidos gobiernen juntos, que entonces sí le valdría).
Podemos, pues, necesita algo más que una autoubicación ideológica o pretender ser “el cambio” en abstracto, necesita contenido real, y Podemos es un partido que va muy escaso de contenido. Conozco el programa de Podemos y tengo que decir que no aporta nada nuevo más allá de ser una socialdemocracia un poco más “rojilla”. No hay cosas novedosas, pues cosas como la Renta Básica Universal o la renegociación “agresiva” de la deuda fueron fueron dejadas de lado, sino recetas típicas de la izquierda occidental (subir SMI, mejorar prestaciones, etc.) que llevan a competir en el mismo terreno que el PSOE, IU y en alguna cosa hasta con C's. Si esta es la propuesta política entonces votar a Podemos se convierte en una cuestión de Fe, de creer de forma voluntarista que estos sí que no “traicionarán” a las clases populares, y esa tensión, confianza o Fe es muy difícil de mantener en el tiempo y si no hay contenido lo normal es que se caiga en la desmovilización.
Podemos debe plantearse en qué es distinto del PSOE o de IU, en qué se basa su “novedad”, qué tiene de atractivo para un votante medio que tiene poca filiación política, y la respuesta debe ser de contenidos, no que nosotros somos buenos y los otros unos falsos. Si la respuesta a esta pregunta no es de contenidos, entonces Podemos debe replantearse todo su cuerpo programático.

Yo creo que Podemos sí tiene capacidad para dar una respuesta satisfactoria a esa reflexión, y paradójicamente la tiene gracias a precisamente esa estrategia del “populismo de izquierdas” que antes hemos dicho que no funcionaría en un régimen pluralista parlamentario. Según la teoría de Laclau el “populismo” (de izquierdas) debía convertirse en una amalgama de demandas sociales que no tenían satisfacción ni respuesta en el ámbito político. El partido populista que quisiese ser hegemónico tenía que solventarlas y amalgamarlas en un todo coherente, construyendo una “identidad” política nueva que fuese apoyada por todas estos grupos con demandas teóricamente independientes.
Bien, eso es exactamente lo que debe hacer Podemos de nuevo ahora (digo de nuevo porque en 2014 más o menos lo hizo) ¿Qué demandas sociales no están satisfechas políticamente? ¿Una Renta Básica, referéndums a la Suiza, un sistema federal, el trabajo garantizado, la gestación subrogada, la república, prohibir que los becarios no cobren, la afiliación sindical obligatoria, salir del euro, un sistema de guarderías públicas? Hay que analizarlas bien y seleccionar un todo coherente, no contradictorio y con ello marcar unas líneas básicas diferentes a las de tus rivales.
Pero a diferencia de la teoría original de Laclau el objetivo de este "populismo" no puede ser la hegemonía, sino la consolidación de un “nicho” de votantes y la consecución de la mayoría política coyuntural. Es decir, la cuestión es la adaptación de la estrategia populista a la realidad parlamentaria, es pasar a Laclau por el filtro de las realidades pluripartidistas del norte de Europa y buscar la hegemonía de las ideas y no de los movimientos políticos.

Dentro de este replanteamiento del futuro de Podemos hay un debate muy concreto y muy goloso para los medios de comunicación ¿Hay que repetir la alianza con IU o no? La cuestión no es fácil en tanto en cuanto el sistema electoral perjudica una separación de fuerzas, pero yo creo que la respuesta está clara: No, en principio no deberían pensar en repetir la alianza con IU.
Las razones para no repertirla son varias. Es posible que la alianza con IU no haya sido una mala idea del todo en estas circunstancias pero tengo la sensación que IU es, a la larga, un freno para la captación de un electorado más moderado y al que quieres atraer mediante satisfacción de sus demandas. IU y Podemos son dos partidos conceptualmente muy distintos, IU es un partido tradicional e ideológico y Podemos es un partido populista y transversal, y por mucho que puedan llegar a apoyar ideas comunes la forma como se acercan a ellas es diferente y eso crea una fricciones terribles entre los afiliados, las bases y eventualmente los votantes.
Podemos e IU serán posiblemente aliados en la mayoría de cosas en un parlamento, pero políticamente deben ir separados. De hecho uno de los errores de Podemos en su intención hegemónica ha sido no priorizar el cambio de la ley electoral sobre otras consideraciones. Si IU fuese capaz, por si misma, de sacar un porcentaje de diputados similar al de votos entonces la necesidad de unirse en una coalición heterogénea desaparece y, conociendo cómo funciona el electorado de izquierdas, maximizaría los resultados de la misma. Claro que también debilitaría el papel central de Podemos y su “control” sobre las otras fuerzas de izquierdas, que le serían absolutamente independientes.

En resumen, Podemos puede caer en la tentación de pensar que nada ha pasado y que su posición es objetivamente buena, pero si lo que aspira es a gobernar alguna vez se equivocará. Las intenciones hegemónicas y las amalgamas heterogéneas bajo un marca única han podido tener sentido hasta ahora pero en el nuevo escenario multipartidista dejarán de tenerlo. Podemos necesita replantearse su cuerpo ideológico, buscar su propuesta novedosa respecto a las otras fuerzas de la izquierda y aprender a trabajar en un entorno parlamentario.
De todas formas aquí hay un reto muy importante ¿Pueden convivir dos fuerzas de izquierdas (PSOE y Podemos) con un número de votos similar? ¿O acabará necesariamente hundiéndose una de las dos a costa de la otra? Es un escenario con pocos precedentes y es muy interesante analizarlo, pero esto lo dejo para otra ocasión.