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lunes, 7 de febrero de 2011

Qué es, para mí, ser liberal




Este texto que escribo hoy será complementado el próximo día por otro que se llamará “Qué es, para mi, ser socialista”.
Estoy seguro que este texto y el próximo serán prácticamente heréticos para todos aquellos que viven las pertenencias y percepciones políticas con un alto grado de dogmatismo. No hablo de aquellos que no estén de acuerdo con partes del texto, ni quieres vean errores y apreciaciones inadecuadas en él. No, eso es normal, lógico y entra dentro de la discrepancia política, pero no me refiero a eso. Me refiero a aquellas personas que crean el significado de los términos que voy a desarrollar es sólo el que ellos piensan, y que cualquiera que rechace eso es un loco, un necio o un ignorante. Me refiero a aquellos que otorgan a las palabras y a las filosofías características tan inflexibles que ven enemigos irreconciliables a aquellos que se llaman “socialistas” o a aquellos que se llaman “liberales”. Me refiero a los que se creen con la razón de otorgar carnets de pertenencia ideológica en función de su visión miope de la realidad.
Si eres una de esas personas, en mi opinión eres un dogmático y estás incapacitado para aportar nada positivo a la sociedad y al mundo que viene mientras no soluciones esto. Con puritanismos ideológicos y semánticos no se va a ninguna parte y como ya dije hace unos días me importa un bledo que te creas en la posesión de la verdad semántica. Lo que me importan son las ideas, y eso es lo que pretendo desarrollar.

¿Qué es, para mí, ser liberal? El liberalismo es fundamentalmente aquella filosofía que se opuso a la sociedad del antiguo régimen y a las prebendas y privilegios que éste otorgaba a ciertos estamentos sociales. El liberalismo se basa en las libertades civiles, en la igualdad ante la ley y en otorgar la soberanía de los territorios a los ciudadanos en claro contraste con la soberanía en manos del monarca. Todo esto, no lo olvidemos, no es poco en absoluto y representó un gran avance para la humanidad. Las libertades públicas, la división de poderes, el fin de los privilegios de la nobleza y del clero, el individuo como valor central de la sociedad y el derecho general al acceso a la propiedad privada son méritos del liberalismo y de las revoluciones que lo implantaron. Evidentemente hay dos grandes ramas en el primer liberalismo: El liberalismo anglosajón, más orientado hacia la limitación del poder público sobre el individuo, las libertades económicas y el desarrollo del capitalismo; y el liberalismo afrancesado, que por su historia tuvo una visión más social y política estando orientado a la democracia y con un carácter más radical. Pero no quiero desviarme aquí porque sería muy largo.

En cualquier caso el cisma realmente relevante del liberalismo vino cuando los efectos del capitalismo asociado al auge del liberalismo se hicieron patentes con la creación de grandes masas de pobreza proletaria y campesina. La ausencia de legislación social y la idea liberal de que un contrato debe ser individual entre empleador y empleado generaron, en esa época y esas condiciones sociales, una posición de fuerza tácita del empleador sobre el empleado que llevaba al último a tener que aceptar las condiciones que le ofreciesen por miserables que fuesen. Esto, claramente, generó miseria.
Ante esta realidad y el auge de los movimientos obreros marxistas y anarquistas, los políticos y pensadores liberales podían tomar dos opciones. O situarse en una posición conservadora y purista sobre la “libertad” de comercio, contratación, etc. O bien aceptar que la realidad del capitalismo no estaba produciendo esa sociedad de ciudadanos libres e iguales  y que, por lo tanto, había que tomar medidas desde el gobierno para conseguir mayor igualdad social y económica.
Los liberales “sociales” aceptaban que el capitalismo no estaba generando la sociedad que los primeros pensadores liberales imaginaron y que la sociedad del capitalismo liberal del siglo XIX generaba una dualidad entre “ricos” y “pobres” paralela a la realidad del antiguo régimen entre “privilegiados” y no “privilegiados”. Los métodos y el purismo liberal de esa sociedad no conseguían los objetivos ideales de la misma, por lo que estas personas priorizaron el objetivo de crear la sociedad de ciudadanos libres e iguales sobre los medios para conseguirla. El estado se convertía, pues, en un instrumento limitador y regulador de las actividades económicas, además de legislador, con un objetivo “social” claro.
Social-liberales, liberal-progresistas (en el sentido del siglo XX no del XIX), republicanos demócratas, radicales, etc. Aparecieron a finales del siglo XIX aunque no fue hasta principios del XX cuando tuvieron posibilidad de alcanzar el poder y aplicar algunas de sus políticas. Estos movimientos convergerían con la parte más moderada de las fuerzas obreras con las que llegarían a formar coaliciones de gobierno y hacer pactos puntuales y, una vez el socialismo se escindió en dos (social-demócratas y comunistas) y sobre todo después de la segunda guerra mundial, tanto los social-liberales como los social-demócratas llegarían a formar parte de los mismos partidos y a defender los mismos objetivos políticos. No obstante existieron también partidos de carácter centrista que asumieron el nombre de liberales que fueron fuerza bisagra durante varias décadas en el siglo XX con posicionamientos de un liberalismo social algo más moderado que el de los social-demócratas.

Un ejemplo de estos liberales sociales en España podía ser el expresidente de la primera república Francesc Pi i Margall.  Pi i Margall era un hijo del liberalismo español que evolucionó con los años a posicionamientos muy sociales. Profundamente federalista y republicano, ideó aquello del “federalismo desde abajo” en el cual los estados debían crearse por la libre asociación de sus ciudadanos.
Cuando llegó a la presidencia de la república su breve política fue social: Eliminó la esclavitud, implantó la enseñanza gratuita y obligatoria, limitó el trabajo infantil, redujo la jornada de trabajo y favoreció las asociaciones obreras. Estas políticas eran impensables para un liberal ortodoxo, pero Pi representaba el anhelo por las mejores esencias de sociedad liberal ideal por encima de ortodoxias.
La pregunta ahora es, ¿Es tan distinto Pi i Margall al socialista Francés Proudhon? Yo creo que no. Las ideas de Pi, que han sido secuestradas en exclusividad por cada uno de los grupos que dicen ser sus herederos ideológicos, eran muy liberales, pero también eran muy socialistas y muy anarquistas. Obsérvese, por cierto, las similitudes entre el federalismo desde debajo de Pi con los posicionamientos de los anarcosindicalistas más moderados en los años 20 y 30 del siglo XX.

Otro ejemplo de un liberal social sería Manuel Azaña. Azaña, que se definía como “Un liberal, un Burgués, un Español”, intentó aplicar una política social en la España de la época. Sus planteamientos filosóficos no eran socialistas, pero eso no le impidió colaborar en sus gobiernos con miembros del PSOE e incluso sentirse muy próximo a los socialistas más moderados, como Prieto, Besteiro o Fernando de los Rios. La extensión de las escuelas públicas o la reforma agraria fueron política de este liberal que nada tenía que ver con los que quieren que las sociedades se plieguen a la voluntad de los mercados.

Yo me siento próximo a estos liberales como Azaña y como Pi i Margall. Me siento identificado con las ideas de libertad, de democracia, de limitación de la violencia y arbitrariedad de estado, de derechos humanos, de igualdad ante la ley, de libertad de credo y formas de vida, de la persona como centro de la sociedad. En ese sentido y por estas razones yo me siento liberal. Ahora, si se usa el adjetivo liberal para eliminar el estado del bienestar, para que las políticas de estado se sometan a los dictados de los mercados, para eliminar las regulaciones y leyes que defienden al débil en las relaciones de fuerza que establece el capitalismo, entonces en ese caso yo no me siento nada identificado con ese credo y cuando defino esto uso la palabra neoliberal o “liberal” entre comillas, para que quede claro de lo que hablo.

14 comentarios:

  1. "En cualquier caso el cisma realmente relevante del liberalismo vino cuando los efectos del capitalismo asociado al auge del liberalismo se hicieron patentes con la creación de grandes masas de pobreza proletaria y campesina."

    "Esto, claramente, generó miseria."

    Cuando en un lugar un % cercano al 100% de la población vive en la más absoluta pobreza (el mundo entero en aquella época) no podía hablarse de miseria ni nada parecido porque eso era lo natural, lo conocido salvo para algunos reyes, nobles, clérigos o militares.

    Así que el capitalismo no generó miseria, lo que generó fue que mucha gente (si bien mucha, una minoría, probablemente no más del 20%) se hizo muy rica en muy poco tiempo, dejando rezagada a la mayoría. Mayoria que ahora sí tenía con quien compararse y podía afirmar que estaban en la miseria, en la pobreza o como se llame.

    Fuera de ahí, encuentro bastante sensato su entrada...Aunque yo no esté 100% de acuerdo.

    Saludos.

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  2. Cabrit0,

    Gracias por la apreciación general.
    En cualquier caso no estoy de acuerdo que los proletarios de las industrias del siglo XIX fuesen igual de pobres que sus equivalentes décadas antes, los campesinos. De hecho como usted sabrá los campesinos, al implantarse el liberalismo, pasaron a vivir en unas condiciones aún más precarias que en el antiguo régimen, lo que llevó a muchos a apoyar la causa Carlista.
    La vida de un trabajador industrial del siglo XIX era más insalubre, más peligrosa y más dura que las tareas de la mayoría de campesinos. Hay relatos verdaderamente estremecedores sobre la vida de estos trabajadores que usted seguramente habrá leído. Que un niño campesino del siglo XVIII trabajase en el campo era terrible, pero que un niño del siglo XIX trabajase en una industria subiéndose por chimeneas en las que podía ahogarse o morir porque por su tamaño era el único que podía desatascarlas es verdaderamente estremecedor.

    El capitalismo indstrial sí provocó, en mi opinión, una condiciones aún peores para las clases desfavorecidas. Y este hecho todavía es más grave si tenemos en cuenta que la riqueza de las naciones había aumentado, quedándose toda en manos de la burguesía como bien ha indicado.
    Y en cualquier caso, Cabrit0, en el antiguo régimen también había con quien compararse para entender tu miseria: Nobles, reyes y alto clero.

    Saludos,

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  3. Pues veamos, sí coincido con usted en que en cierto sentido el proletariado pasó a vivir peor: el hacinamiento y todo lo que ello conlleva para la salud empeoró, incluso la calidad de la alimentación (que no la cantidad, ojo) e incluso las condiciones de trabajo. Pero en lo material (que es a fin de cuentas de lo que hablamos cuando nos referimos a "desigualdades") no eran realmente peores. La vida del campesinado no era tampoco como para tirar cohetes.

    "en el antiguo régimen también había con quien compararse para entender tu miseria: Nobles, reyes y alto clero."
    Sí, pero es que esa gente siempre fue rica como quien dice "por la gracia de Dios" (o eso pensaba el pueblo) pero cuando empezaron a surgir industriales y empresarios que unos pocos años antes eran unos plebeyos igual que todo el mundo supo que ya era posible salir de la pobreza....Y también quien quiso confundir las cosas: "Si yo soy pobre es porque ese es rico o porque me explota a mí"

    Sobre los niños trabajando....En el campo no era que no trabajaran. Quizá sí ocurrían más accidentes en las fábricas pero no podemos achacárselo todo al capitalismo ya que en las fábricas socialistas también ocurren accidentes. En aquella época había menos conciencia de seguridad industrial y menos conocimientos en general. Con todo lo que ahora sabemos, lo extraño fue que no ocurrieran aún más desgracias. Supongo que ahora hacemos cosas que nos parecen de lo más normal pero que en 200 años les parecerá una barbaridad.

    Con todo, no le niego de que el traslado de tantos campesinos a la ciudad trajo 50 mil problemas que aun no se solucionan: la gente sigue alimentándose mal (antes por escasez y ahora en la abundancia), sin aprender a nadar, sin saber qué hacer si se pierde en un bosque, etc. Pero en lo estrictamente material estamos mejor ahora, gracias a las transformaciones liberales que empezaron en aquella época.

    Saludos.

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  4. Me ha encantado el artículo, a veces utilizamos las etiquetas y las vaciamos de contenido y perspectiva histórica.
    ¿Esperanza Aguirre qué sería entonces?.
    Saludos.

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  5. Pedro: eres un libero-progresista -- esto es, un "demócrata" tipo Clinton o Barack Obama de toda la vida. Siendo eso así, me surge una curiosidad, entonces ¿yo qué soy? Para mí eres un social-demócrata laicista y yo no soy ni social, ni laicista, ni me interesa mucho la "igualdad" económica sino la libertad económica...como sabes.

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  6. El artículo es sincero y honesto, no obstante tiene razón Cabrito en lo que dice.

    En primer lugar habría que diferenciar capitalismo de librecambismo. "Capitalismo" es una idea introducida por Marx en El Capital, para referirse a los sistemas económicos de la Europa del XIX. Decía Bismarck que "el liberalismo es una chiquillada, la revolución es la fuerza". Tomando la palabra al Canciller, en la Europa de mediados de 1850 no había un sistema librecambista en todos los países, o al menos en algunos de ellos, salvo una excepción: Suiza. En las Islas Británicas y en todo el Imperio británico, así como en los Estados Unidos, existía un sistema de libre cambio, no así en Europa. El sistema económico preponderante en Europa era y aún hoy sigue siendo el capitalismo de estado o mercantilismo, tan examinado por Marx, un modelo que no es más que la modernización del colbertismo del XVIII. Dicho esto es comprensible que en el Reino Unido y su Imperio, en Suiza y en los Estados Unidos no existiesen movimientos sociales de tipo revolucionario -la Sociedad Fabiana era dentro de lo que cabe bastante moderada, si la comparamos con los partidos de la II Internacional presentes por toda Europa-; en todos estos países existía en verdad un sistema librecambista, es decir, liberal, basado en una sociedad de propietarios y en el laissez faire. En Francia triunfaron los jacobinos sobre los girondinos. La Asamblea de la Paulskirche de 1848 estaba dominada por políticos e intelectuales jacobinos, al igual que las Cortes de Cádiz. Así no es de extrañar que en la Europa revolucionaria el modelo mercantilista de Colbert no fuese abolido, sino actualizado, o que las Monarquías estatales fuesen reformadas hasta convertirlas en Estados-nación coronados.

    Está muy bien el diferenciar entre el liberalismo anglosajón y el liberalismo galicano o afrancesado. Los liberaux afrancesados partían con una herencia envenenada: el modelo de Monarquía estatal de tipo asiático de Luis XIV, donde el monarca lo era todo, y a su vez el sistema colbertista, propenso al mantenimiento de los estamentos económicos y de las regalías de la Corona -que utilizaba al Estado como servidor, al menos hasta que Federico II de Prusia se proclamase "servidor del Estado"-. Por esa misma razón los liberales europeos son propensos al estatismo, concretamente al mercantilismo y al centralismo. Los whigs anglosajones partían con ventaja: no existía ni existe hoy día Estado en Inglaterra, si no una suerte de Monarquía medieval republicana, y el sistema económico era más liberal al favorecer el comercio con los dominios y colonias del Imperio. De ahí que en el mundo anglosajón ser conservador implique ser en gran parte liberal, cosa que no sucede en el mundo europeo. En la Monarquía hispánica la Escuela de Salamanca era profeta en su tierra: los españoles aborrecían la doctrina de la razón de estado, contraria a los fueros y al régimen eclesiástico, razón por la cual hasta Carlos III, cuando ya apenas quedan fueros vigentes y la Iglesia está siendo sometida, no se comienza a implantar una suerte de Estado y un modelo económico regalista. Quizá la ortodoxia católica no fuese en origen tan enemiga del liberalismo como podamos pensar. Más de alguno ha dicho que los liberales hispánicos deben buscar sus raíces en el tradicionalismo...

    Para finalizar, me gustaría puntualizar lo siguiente: ¿por qué el pequeño Oliver Twist habría de tener una vida peor en la ciudad que la que posiblemente llegase a tener en el campo con su familia? Es cierto que las condiciones de vida eran pésimas en la ciudades industriales del XIX -Dickens añade una dosis de dramatismo a sus relatos- pero al menos eran una puerta abierta a las oportunidades para todos aquellos que emigraban de las penurias del campo, que debían ser peores. Si no véase el caso de Frederick Douglass.

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  7. Me gusta el escrito. Lo recomendaré :-)

    Somos liberales, pues ;-)  Aunque las etiquetas nunca me han gustado en realidad. Son muchas veces una distracción y una simplificación exagerada: me gusta más ver el contenido de las cosas, su acción, sus métodos y sus consecuencias...

    Dice que los dogmáticos —yo a veces los llamo fanáticos— le parecen incapacitados para aportar nada aprovechable para la sociedad que viene. Añadiría yo que tampoco han aportado nada —menos de lo que han dañado por el camino, en cualquier caso— a la sociedad de la que venimos ni en la que estamos ahora.

    Hace poco leía algo que me dejó un poco preocupado: "el extremismo es bueno".

    No critico el dogmatismo para defender una suerte de relativismo en el que "todo es igual, nada es mejor" —como cantaban en el fabuloso tango "Cambalache"— y que dé igual el nombre que se use y las cosas que se afirma creer y aplicar. Lo critico porque me parece esencial la flexibilidad necesaria para evolucionar con la sociedad. Nada que ver con la pérdida de la honestidad y la autenticidad.

    Alguien liberal debe defender las libertades como mejor sepa, igual que alguien socialista debe defender la justicia económica tan bien como le sea posible, o que alguien vegetariano lo normal es que no coma carne (nunca), o que alguien cristiano cumpla todos los mandamientos (siempre).

    Cordialmente,

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  8. Hola a todos,

    Cabrit0,

    Dos cositas simplemente. Durante toda la edad media y moderna sí hubieron muchas revueltas y pequeños intentos de revoluciones, los reinos de la corona de Aragón, por ejemplo, fueron prolíficos en estas cosas. No todo el mundo aceptaba que las clases privilegiadas eran ricos "por la gracia de dios" de forma pasiva, hubieron revueltas y exigencias para evitar abusos y conseguir mejores condiciones de vida, aunque sí es cierto que nunca desde un punto de vista revolucionario como desde 1789. De hecho, la propia revolución Francesa se originó en las entrañas del antiguo régimen.
    Por otro lado no quiero que se quede la sensación de que estoy criticando el liberalismo y el capitalismo del siglo XIX como si fuese algo perverso. Este capitalismo trajo cosas positivas, lo que pasa es que tenía una cara oscura muy acusada que fue la que llevó precisamente a la evolución política hacia posturas sociales. Creo que se entenderá todo mejor cuando cuelgué el segundo artículo.

    Mentalista,

    Para mi Esperanza Aguirre es neoliberal, en un sentido económico, y en un sentido social y político creo que tiene partes de conservadora, aunque sin llegar a ser un neocón ni siquiera llega a planteamientos de otros miembros de su partido, pues tiene toques liberales sociales.

    Alfredo,

    ¿Que qué eres? Eres muy como Aguirre. Neoliberal en lo económico, liberal-conservador en lo social y democrático en lo político. La diferencia es que a pesar de que eres personalmente mucho más conservador que ella en temas morales, tienes también mucho más claro donde está el límite a las imposiciones morales y eres mucho menos deshonesto en lo político.
    En lo que se refiere a mi, no creo ser un libero-porgresista como los demócratas americanos. Tengo toques mucho más europeos y más "socialistas" en lo económico.
    En cualquier caso uno de los objetivos que tenía con este artículo y el siguiente es intentar vacíar de dramatismo y de dogmatismo a las etiquetas políticas, así que no creo que tenga demasiado sentido decir qué somos.
    (...)

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  9. Andrés,

    Estoy positivamente sorprendido por tu réplica. Imaginaba que me acusarías de esquizofrenia ideológica o algo así.
    Tampoco querría trasladar el problema semántico de el ser "liberal" a la palabra capitalismo. Creo que se entiende bien lo que quería decir y que, independientemente de la realidad entre la europa continental y los países anglosajones, creo que la problemática era común y básicamente se puede seguir el mismo esquema. Toda la problemática de la hacinación o la miseria de los trabajadores industriales era común en todos los países que se industrializaban.
    Su pregunta sobre el joven Oliver Twist me hace ver que quizá no me he expresado con claridad. No quería decir que en el campo se viviese mucho mejor que en la ciudad en el siglo XIX (algo mejor yo creo que sí), si no que entre el campesino, como icono de la pobreza del siglo XVIII, y el proletario, icono del siglo XIX, sí existe un empeoramiento de las condiciones de vida, tanto por tamas de salubridad como de peligrosidad.
    Los propios campesinos vivían mejor en el siglo XVIII que en el XIX (fuera de pestes, hambrunas, etc. Que habría que estudiar en profundidad), y esto se debió fundamentalmente al cambio de las relaciones entre propietarios de la tierra y trabajadores de la misma. Además, el campo no podía emplear a tantos trabajadores (por varias razones) y eso era lo que produjo un exceso de gente en zonas rurales sin futuro que tenía que emigrar a las ciudades. No considero, en ningún caso, que lo hiciesen para "prosperar" al estilo del sueño americano que conocemos, por lo menos en Europa. En América, del norte y del sur, era diferente por ser un mundo a crear.

    Sr.M,

    Pues si gusta este más que el próximo lo pondremos en el resumen semanal de SeR ;-)
    Como bien ha entendido cuando hablo de los dogmáticos no los opongo a los "pasotas" o los que son incapaces de apoyar nada, pues en ese caso estariamos en un caso igual de malo aunque por razones opuestas. Mi crítica a los dogmáticos es por esa falta de flexibilidad y de aceptación del hecho de que pueden estar equivocados. Los dogmáticos suelen ser más peligrosos para una sociedad desarrollada y democrática, pues pueden generar violencia, pero los "pasotas" lo serían en casos de necesidad de un cambio social y de concienciación ciudadana. En este caso la virtud está en el medio.

    Creo que todos verán el cuadro mejor cuando cuelgue la segunda parte, "Qué es, para mí, ser socialista", y quedarán más claras algunas de las cosas que producen confusión.

    Saludos,

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  10. Efectivamente Pedro; pero en América, las Islas Británicas o en Suiza no existía una problemática social como la europea, precisamente por que eran sociedades construidas sobre la filosofía de la libertad. En América si cabe esta idea de "paz social" es más ilustrativa, ya que no heredó el modelo estamental y fragmentado de sociedad propio del mundo medieval. El Reino Unido tampoco experimentó esta tendencia a la ruptura social entre clases al asentarse su sociedad sobre una importante masa de pequeño-burgueses comerciantes y urbanos, que como tal contribuyeron a la formación de una verdadera sociedad de propietarios, como ocurrió también en el Canadá o en Australia. Es más, a diferencia de lo que ocurrió en Europa, la Corona británica siempre estuvo limitada por las clases populares, capitaneadas por mercaderes y pequeños terratenientes, que fueron quienes evitaron el triunfo del estatismo cortándole la cabeza a Carlos I o bien expulsando del trono a Jacobo II.

    (sigue)

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  11. Al respecto de esto último, España arrastraba problemas endémicos como la nula alfabetización y la concentración de tierras en manos de los terratenientes. Lo cierto es que si usted coge Las Nacionalidades de Pi i Margall y lee algún párrafo en el que se hace referencia a la "cuestión social" verá como el catalán critica las desamortizaciones, precisamente por atentar contra los bienes de la Iglesia y especialmente los de los Jesuitas, que por aquel entonces eran las principales instituciones benéficas dedicadas a la alfabetización de la población -las congregaciones religiosas eran titulares de la mayoría de colegios y universidades, aquí y en los Estados Unidos-. Igualmente decía que la desamortización de los bienes de los municipios y de las comunidades de vecinos habían derivado en una inmensa adjudicación de tierras a los terratenientes y a los magnates del ferrocarril, en lugar de proceder a su venta y reparto entre el campesinado, dándole así la oportunidad de erigirse en propietario. Pi sabía que ser social no implicaba ser estatista, o estar a favor de un estado de bienestar. Pi estudió bachiller en un seminario de la Iglesia, procedía de una familia humilde y liberal, y además pesaba siempre más su anarquismo que su socialismo o su liberalismo, según las épocas. Pi siempre criticó el intervencionismo del estado, pero por que confiaba que muchas cuestiones se resolverían de manera privada mediante el Derecho, y no bajo los dictados del Estado a través de un procedimiento politizado. De hecho si lee un comunicado suyo en relación con la limitación de la jornada de trabajo a las 8 horas, verá que dice lo siguiente;

    "Piden, hoy los jornaleros que se les reduzca las horas de trabajo. Quieren que se les fijen en ocho al día. No nos parecen exageradas sus pretensiones. No se trabaja más en buen número de industrias. Tampoco en las oficinas del Estado. Sobre que, según laboriosos estudios, no permite más el desgaste de fuerzas que el trabajo ocasiona. Mas ¿es el Estado el que ha de satisfacer estas pretensiones? En la individualista Inglaterra empezó por limitar el trabajo de los niños y las mujeres y acabó por limitar el de los adultos. [...] Dadas las condiciones industriales bajo las que vivimos, el adulto no necesita de menos protección que la mujer y el niño. Es en la lucha con el capital lo que la caña al ciclón, la arista al viento. El Estado, aun considerándose incompetente para la determinación de las horas de trabajo, podría hacer mucho en pro de los obreros con sólo establecer el máximun de las ocho horas en cuantos servicios y obras de él dependen".

    Fíjese que Pi cuestiona el que el Estado sea competente a la hora de fijar las limitaciones de duración de la jornada de trabajo. También habla del capital, pero no como equivalente de la libertad, si no más bien como sinónimo de la acumulación desigual de riqueza. En este aspecto, el de que el Estado sea lo más neutral posible, el anarquismo de Pi se asemeja al protominarquismo de Benjamin Constant o al mutualismo de Tucker y compañía. Es verdad que la política no debe quedar sometida a la economía, pero no es menos cierto que la política, es decir, el estado, debe anegarlo todo, incluidas las transacciones económicas.

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  12. Andrés,

    Me ha gustado bastante la segunda parte del texto, aunque no estoy de acuerdo con la primera.
    No estoy nada de acuerdo en que Inglaterra tuviese menos problemas en esa época por ser una sociedad fundamentada en la "libertad" como usted dice. De hecho las principales referencias sobre las penosas condiciones del proletariado urbano están precisamente en Inglaterra (al ser la más industrializada), y posiblemente eran aún si cabe más radicales allí que en otras partes de europa. El por qué no hubo tendencia a la ruptura en inglaterra creo que habrá que buscarlo en parte en una cuestión de carácter, historia, etc. El por qué el laborismo fue más moderado que los socialismos continentales (porque esta es la principal causa de la poca tendencia a la ruptura) habría que estudiarlo más a fondo, pero propongo una idea: El laborismo era un movimiento construido de abajo a arriba (de trade unions a partido) mientras los otros socialismos se organizaban al revés, de los partidos a los sindicatos. Quizá eso llevó a que la percepción de una revolución general y nacional no se produjese de la misma manera que en otros sitios. Esto también tiene mucha relación con el liberalismo anglosajón basado en el individualismo, como podrá observar.
    El caso Americano, australiano, etc. Es diferente, y en mi opinión se basa en su carácter de "mundo nuevo" que estaba por crear, donde no existían unos parámetros de clase tan definidos, donde la tierra era barata, con un muy acusado carácter inmigrante (la revolución se hace en el propio país, no se lleva al país al que has emigrado normalmente), etc.

    La segunda parte sobre Pi i Margall si me ha gustado bastante, pero creo que comete un error semántico y no sé si teórico: Usted equipara socialismo y estatalismo, y esto no es así en absoluto en mi opinión.
    Quedará más claro con la segunda parte que voy a colgar ahora mismo, pero que Pi desconfiase del estado (¡Para no desconfiar del estado en el siglo XIX!) no le quita caracter socialista. Recuerde, Andrés, que hasta Marx todos los socialistas fueron bastante antiestatalistas.
    El propio comunicado que ha copiado a mi me muestra más a un socialista antiestatalista a lo Fourier o Proudhom que a otra cosa.

    Cuelgo la segunda parte, la voy a adelantar un día para usted ;-). Atento a cómo quiero separar socialismo de estatalismo.

    Saludos,

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  13. Espero que sepa separar socialismo de estatismo, pero tenga en cuenta que el socialismo no estatista, tal y como lo planteaban Pi i Margall o Benjamin Tucker, deriva en anarquismo colectivista o en mutualismo, según que casos.

    Por otro lado, es normal que las críticas hacia la pésima seguridad y saneamiento de los establecimientos fabriles se centrasen en Gran Bretaña: era la nación más industrializada, precisamente por ser la primera, pero también la más precoz a la hora de promulgar leyes de mínimos en materia laboral. Sería tanto como criticar a los británicos por ser los primeros en promover el esclavismo africano, máxime cuando fue un hijo de Albión, Willian Wilberforce, el primer activista pro emancipación de los esclavos. En cuestiones sociales los anglosajones han ido por delante. Ellos no tenían estado de bienestar, ni falta que hacía, puesto que en una sociedad de propietarios la sanidad o la enseñanza son perfectamente suministradas de forma cooperativa. A este respecto los socialistas británicos premarxistas identificaban socialismo con cooperación, no necesariamente a través del gobierno.

    Sobre lo que dice de Pi i Margall, pues tiene razón, pero debe recordar que Pi i Margall al igual que Stuart Mill nadaba a medio camino entre las orillas del liberalismo y del socialismo. Si uno coge los escritos de economía de Mill cuando tenía 30 primaveras, o lee Sobre la libertad o Del gobierno representativo verá que es un autor liberal. Pero si lee los ensayos sobre el socialismo publicados post mortem por su esposa Harriet Taylor verá que es un socialista convencido. El Pi i Margall "socialista liberal" de La reacción y la revolución de 1855 no es el liberal cuasi minarquista de la Asamblea de Zaragoza y su Proyecto de constitución de 1883. Ni Mill era liberal ni socialista, si no benthamita, al igual que Pi, que era ante todo proudhoniano. A este propósito espero a la vuelta de los exámenes publicar un par de artículos acerca de Stuart Mill y Pi i Margall.

    Y por supuesto que socialismo y estatismo no son términos aparentemente siempre parejos. Al igual que hubo liberales "anticapitalistas" -capitalismo en el sentido de mercantilismo-, como Thomas Jefferson, existieron socialistas antiestatistas, como P.J. Proudhon o Benjamin Tucker. Este último era un individualista extremo que gustaba denominar a su filosofía "anarquismo socialista", criticando precisamente los monopolios capitalistas -es decir, mercantilistas- sobre la moneda, la concesión de tierras, los derechos arancelarios y la propiedad industrial. Como ve no todo es blanco o gris en este del debate liberalismo vs. socialismo. Hay autores que fluctúan entre ambas tendencias, que actúan de figuras de transición entre dos modelos que no en todo el fondo de las cuestiones son antagónicos. Casi sin querer seguro que ambos nos hemos dado cuenta que el otro no es tan dogmático como uno pensaba.

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  14. P.s.: A modo de ejemplo, las medidas que Pi toma al frente del Ministerio de Gobernación en 1873 eran necesarias, sí, pero no por ello socialistas. Si nuestro Código Civil, que algunos civilistas identifican con el modelo de legislación capitalista, hubiese entrado en vigor no en 1889 si no en 1851 -por ejemplo a través del proyecto codificador de García Goyena- muchas de esas medidas de orden público no serían calificadas de socialistas, si no de liberales. Me refiero a que medidas como la abolición del trabajo infantil mediante las Factory Laws de la liberal Gran Bretaña, o la prohibición de la importación de esclavos decretada por la Administración de Thomas Jefferson, serían compartidas por cualquier liberal. Por supuesto que no por un libertarian left rothbardiano, o un objetivista randiano, ni tampoco por un marxista maoísta.

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