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martes, 29 de noviembre de 2011

¿La unidad de la izquierda? No, gracias.





















En las bitácoras La promesa de los lagos de Pokara y El viaje de Ulises, administradas por don Enrique Casanova y Don Nicolás Mengual respectivamente, se ha hablado estos días sobre la “unidad de la izquierda”, y como últimamente no sé qué escribir (o mejor, quiero esperar a que sucedan ciertos acontecimientos para escribir sobre algunos temas) pues me he subido al carro a ver si creo un poco de polémica.

Esto de la unidad de la izquierda lo llevo escuchando toda la vida, y si tuviese cien años seguramente también lo hubiese escuchado toda la vida. Esto es como el misterio de la santísima trinidad, una discusión sobre intangibles que no lleva a ninguna parte. De hecho la izquierda ya no es la que era hace cien años, pero en cambio seguimos hablando de unidad como si no nos importase la naturaleza de lo que queremos unir, como si estuviésemos uniendo por deporte o por algún tipo de programación informática en nuestro cerebro.
¿Para qué hay que unir la izquierda? Esta es la pregunta que deberían responder los que quieren unirla a toda costa. Creo que la mayoría de ellos comenzaría a divagar sobre multitud de cosas hasta que llegasen al punto final de la divagación, este es, que se quiere unir a la izquierda para derrotar a la derecha.
Bien, aceptamos barco, queremos unir la izquierda para derrotar a la derecha, me parece perfecto. Y si esa es la conclusión podríamos decir, en un entorno español, que Felipe González, Almunia, Zapatero o Rubalcaba (que en paz descansen todos, políticamente hablando) han sido los adalides de la unidad de la izquierda. Sí, sí, porque ellos han hecho siempre llamamientos al votante de izquierda para evitar “que llegase la derecha”. Ellos querían unir a la izquierda bajo su paraguas y bajo las siglas de su partido, unir a toda la izquierda social en las urnas para parar a la derecha. El voto útil es, en definitiva, la unión de la izquierda ciudadana bajo el mismo partido.

Ah vale, que no es eso, que lo que hay que unir son las “diferentes sensibilidades de la izquierda”, o sea, unir a los distintos partidos o grupúsculos en un mismo partido o una misma coalición, esto es, volver al Frente Popular.
Un apunte histórico: Frentes Populares como tal (no confundir con la Unidad Popular Chilena) ha habido tres en la historia y todos ellos en el periodo de entreguerras. El Frente Popular es una coalición defensiva cuyo principal fundamento era evitar la llegada de regímenes dictatoriales derechistas o fascistas al poder en los distintos países, una vez que se había comprobado en algunos países (Alemania, Austria) que la democracia podía ser usada para establecer dictaduras. El Frente Popular no tenía un verdadero programa de transformación social en profundidad, aunque sí de reformas, y esto era debido a que su programa se adaptaba a los puntos de consenso entre todos los partidos, que por lógica se correspondían totalmente con los programas políticos de los partidos más moderados que componían la coalición. Los Frentes Populares acabaron todos como el rosario de la aurora por la sencilla razón de que eran enormemente heterogéneos y fuera de una coalición defensiva sus distintos componentes tenían objetivos muy diferentes.
Ahora queremos algo parecido, otra coalición. Pero si seguimos la regla de que los consensos se basan en el mínimo común múltiplo, y por lo tanto en el programa más moderado de todos (moderado es inmovilista en este caso), y entendemos también que en el espectro de la izquierda los partidos más centristas (la chufla esta ex-socialdemócrata) todavía tienen la mayor fuerza relativa entre los partidos de izquierda, y que por lo tanto son quienes más pueden condicionar un futuro programa de consenso; nos encontraríamos con que una coalición de partidos de izquierdas haría sustancialmente la misma política que el partido ex-socialdemócrata de turno, y entonces ¿qué diferencia hay con el voto útil?
Hay una: Que todos los grupúsculos y los partiditos tendrían su puestecito y su función, y se repartirían los cargos amistosamente y así pintarían algo. Pero fuera de esto no habría más, el contenido político y el programa, que quiero recordar es de lo que se trata esto, sería muy similar al del Rubalcaba de turno. Sí, es así, y los programas de los Rubalcabas, los Papandreu y los Zapateros ya sabemos cuáles son…

Muy posiblemente el defensor de la unidad de la izquierda estaría pensando en una unidad programática más, digamos, “equidistante” entre los distintos programas, lo que llevaría a escorar fuertemente a la izquierda el programa ex-socialdemócrata. Supondría, además, que todos los componentes ideológicos de esta coalición introdujesen sus puntos esenciales en el programa común y que todos estuviesen de acuerdo, porque si no están de acuerdo no se adhieren en la coalición y, por lo tanto, la unidad pasa a ser una semi-unidad.
Vamos, habría que poner de acuerdo a los colaboracionistas del PSOE, a la izquierda verde, a los comunistas, a los nacionalistas que dicen ser de izquierdas, a los que se creen que Trotsky sigue vivo, a los ácratas…Cuando todos estos grupos estén de acuerdo querrá decir que la capacidad de consenso y empatía humana estará a un nivel tan desarrollado que viviremos en un mundo maravilloso en el que la izquierda ya no tendrá sentido y menos su unidad…Fuera de ironías, lo que intento decir es que en un mundo donde ni los países del G-20 ni los estados de la UE se ponen de acuerdo para nada sin imposiciones de unos sobre otros es absolutamente imposible que estos grupos heterogéneos se avengan a una unión generosa y honesta.
Además, conociendo la realidad de los grupúsculos de izquierda ahí no cedería ni dios, unos con la autodeterminación, otros con la república, otros queriendo nacionalizar hasta los kioscos, etc. 

¿Cuál es la conclusión? La conclusión es que la unidad idílica de la izquierda, basada en consensos mágicos entre todas las partes y todos los partidos cediendo todos, es imposible. Además, cuanto más de acuerdo se pusiesen estos grupos más lejos estaría ese programa político de las preocupaciones de la calle.
La unión de la izquierda…No, dejémonos de historias y de recetas de brujería para recuperar la iniciativa y el apoyo ciudadano. No hay que dar tantas vueltas, ¿Sabéis lo que falla en la izquierda? Es muy sencillo, falla EL PROGRAMA, falla LA CREDIBILIDAD, fallan LAS IDEAS. Esto, y no uniones de no se sabe qué, es lo que falla.
La cuestión no es unir a los partidos de izquierda ni a las ideologías de izquierda, la cuestión es generar unas ideas de cambio político, de más democracia, de mayor dispersión de renta, de un mundo donde la gente sea más libre y no tenga que vivir pendiente de las decisiones de los mercados, donde la gente pueda trabajar por un salario decente y de forma estable, donde las clases bajas y medias no carguen sobre sus hombros los costes de las crisis económicas. Unas ideas que planten cara a este mundo tecnocratizado y arrodillado ante los poderes económicos, que sean creíbles, que dejen de lado cosas accesorias que restan en vez de sumar, que sepan fijar las prioridades políticas y que rompan los vicios de la vieja política partitocrática.

En política no se pueden saltar las etapas, no puedes evitar los pasos necesarios. Estamos en la primera etapa, que es la etapa de génesis de nuevas ideas, proyecto y programa político. Y a partir de ahí las cosas vienen solas. Quien se quiera unir que se una, y quien no pues que no se una y se quede dando guerra de forma inservible como pasa ahora con estos grupúsculos.
Pero que nadie pierda la perspectiva. Aquí a quien hay que convencer es al ciudadano, sujeto principal del apoyo y receptor de las políticas que se idean, no a los partiditos izquierdistas revolucionarios de no sé dónde. El partido, las siglas, la estructura y los clichés ideológicos y de partido no son más que baches en este camino, y si lo que se quiere es forjar lo nuevo a base de empaquetar y barnizar lo viejo ese camino no tiene otro destino que el fracaso.
Unidad pastelera de la izquierda, no gracias. Generación de un nuevo programa político en base a las nuevas realidades y problemas contemporáneos sí, por favor.

5 comentarios:

  1. Respondo con el mismo comentario que he dejado en mi blog:

    Pedir la unión de la izquierda tal y como yo lo entiendo no consiste en obligarles a pactar una coalición de partidos que se enfrente al PP, eso sería más bipartidismo. Pero debería pasar por pactar unidad de acción con un programa de mínimos para, en este momento, hacer una oposición coordinada y en caso de acceder al poder lograr un gobierno que integre otras fuerzas que no sea sólo la más votada, incluso en el caso de sacar mayoría absoluta. ¿Utopía, sueños? posiblemente, pero sería bonito.

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  2. Tienes razón en lo esencial. Normalmente se empieza a habler - empezamos a hablar - de unidad de la izquierda en el momento en que el PSOE, hasta ahora principal partido referente de la izquierda en España - y digo "hasta ahora" porque tras su vergonzoso y sorprendente conversión a la fe verdadera, el neoliberalismo, esta afirmación es insostenible -, entra en crisis, política y electoralmente hablando. Ni antes, ni después (cuando el PSOE sale de la crisis) nos da por este asunto.

    Planteas un debate muy interesante en relación a los motivos por los que es necesaria o no la unidad de la izquierda. Es evidente que para derrotar a una derecha unida y disciplinada, o por lo menos para tener la oportunidad de gobernar, lo que para la izquierda debe suponer aplicar un programa político. Esto nos lleva al siguiente debate que planteas, también muy interesante, que es el modo en que se podría abordar dicha unidad de la izquierda, evidentemente en un programa político común, pero como resultado de una coalición de fuerzas políticas de izquierda o quizás como absorción de todas ellas por el partido político más fuerte.

    Concluyes que la unidad de la izquierda ni es posible ni es deseable. Y puede que tengas razón, habida cuenta de que los métodos y el reusltado final que estableces, sea cual sea el primero conduce a un segundo cada vez más inestable e ineficiente.

    Yo creo que si a todos estos adalides de la unidad de la izquierda les importase un comino la izquierda y tuviesen el más mínimo interés en unirla en un frente común, lo primero que harían es disolver todos los partidos políticos y fundar uno nuevo, en el que las bases elegirían democráticamente a sus representantes. Pero como eso no es así, sino que aquí, en la izquierda digo, todos van a ver qué sacan y a ver qué trocito del pastel les toca en el reparto, no va a ser posible renunciar a nada de eso por salvar a la izquierda o para unirla en un proyecto que enfrentar a la derecha en un sistema bipartidista imperfecto como es el nuestro.

    Por esto, la opción más lógica es reforzar un gran partido de izquierdas, uno, el que sea, para que sea el nuevo referente de la izquierda en España, teniendo en cuenta que ni post-comunistas, ni ecologistas, ni nacionalistas de izquierdas, son ni tienen que ser, esa fuerza de referencia, que tiene necesariamente que ser de cariz socialdemócrata y antinacionalista.

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  3. Chapeau Pedro, para quitarse del sombrero, si señor!!

    No se trata de derrotar a la derecha, ni de unir a nadie, se trata de un cambio político completo acorde con los tiempos que corremos, implique lo que implique. Que estamos en el siglo XXI no en el 19. Tu lo dices en varias entradas, hoy apenas hay diferencias entre izquierda y derecha a nivel de programas y panfletos...cambio político es lo que se necesita. cambio total.

    Totalmente de acuerdo en tu entrada. Dejémonos estar de izquierdas y derechas y apliquemos politicas al ciudadano por su bien estar, tengan la tendencia "anacrónica" de izquierdas o derechas que tengan. Primero somos nosotros, los ciudadanos.

    saludos Anónimo

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  4. Como aquí sí que me puedo permitir contestar anónimos, porque esta es tu casa, Pedro, me permito decirte, a tí y al "anónimo", que estoy de acuerdo con el "anónimo" en todo lo que dice. En todo.

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  5. Hola,

    Nicolás,

    Hablar de "programa de mínimos" en esta situación me parece conflictivo y ambiguo. ¿Qué programa de mínimos? Porque si el programa de mínimos y el mínimo consenso se va a basar en los acuerdos sobre derechos y libertades civiles (matrimonio homosexual, etc.) como me parece que es el único ámbito de acuerdo entre la izquierda, entonces no estamos haciendo una unidad de izquierdas, estamos haciendo una unidad en base a una política liberal-radical, como si fuésemos el partido radical Italiano, y no creo que sea eso lo que queremos.
    Porque poner de acuerdo a los que han aceptado que hay que abaratar el despido, subir el IVA, hacer la vista gorda ante el fraude fiscal y la incoherencia de las cargas fiscales; con otros que hablan de una banca pública y de nacionalizar cosas me parece bastante complicado.

    Enrique,

    Creo que planteas una cosa muy interesante, ¿Hay algún partido en España que tenga la intención de unir a la izquierda? Creo evidente que no. No sé si personalidades dentro de los partidos lo quieren, creo que si, pero las cúpulas no. Los partidos de izquierda parecen un grupo de lobos peleando por el mismo trozo de carne en vez de una manada trabajando junta para ver si pueden cazar más para todos.
    Sí hay, en cambio, importantes personalidades de la izquierda a nivel europeo que parecen por esta labor pero en base a los pasos que yo he considerado lógicos, es decir, al planteamiento de una política radicalmente distinta y a partir de ahí que se adhiera quien quiera. Hablaré de esto más adelante y lo enlazaré con la crisis del PSOE.

    Anónimo,

    Yo creo que ha llegado un momento en que las etiquetas "derecha" e "izquierda", además de haberse convertido en vacíos objetos de consumo con mucha forma y casi ningún fondo, muchas veces crean barreras psicológicas a los ciudadanos no afines. Yo estoy seguro que puedo crear un programa con ideas que considero de izquierdas que podría ser aceptado por multitud de ciudadanos que se consideran de derechas, pero si digo directamente que es de izquierdas esas mismas personas se sentirán reticentes ante mis propuestas y no las aceptarán, simplemente por la etiqueta.
    Eso no es razonable, debemos saber separar las etiquetas del contenido y no dejarnos cegar por el envoltorio. Muchos partidos han creado eso de la "transversalidad" para evitar este problema. A mi no me gusta este lenguaje evitativo, pero creo que responde a un análisis objetivo de nuestra sociedad, muy afín a las etiquetas políticas y poco capaz de romper tradiciones políticas familiares.

    A mi me importan poco las etiquetas. No me da escalofrios hablar de "liberalismo", "socialismo" o "proteccionismo", no me ciego por estas cosas. Y creo que debemos ser capaces de extender este espíritu para poder crear un debate en condiciones.

    Saludos,

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