La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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jueves, 22 de marzo de 2012

Crónicas Bonaerenses (I)

















Después de estar 15 días en Argentina no había más remedio que hacer algún tipo de reseña sobre mi viaje en este blog. La situación en España y en Europa es complicada, se avecina una huelga general y la economía se deteriora progresivamente y quizá eso sería sobre lo que lógicamente debería escribir. Sin embargo creo que es mucho más enriquecedor hablar sobre mi estancia en Argentina y lo que he visto allí que hablar sobre la situación española de la que ya hay información sobrada.
Este no es un blog de turismo ni de experiencias personales propiamente. Es un blog de política, economía y sociedad y precisamente por eso no voy a hacer reseñas turísticas ni contar el viaje desde ese punto de vista. Lo que os voy a contar en esta entrada y en las próximas son cosas que creo que son interesantes desde las áreas que solemos tocar aquí. Habrá anécdotas personales y contaré partes de mi viaje como forma de darle coherencia al texto y contextualizar las ideas, no como un fin en sí mismo. Contar una historia personal para contar una realidad social, eso es lo que voy a intentar hacer.

Como ya comenté mi estancia en Argentina no ha respondido al viaje turístico típico. No he estado en la Patagonia, no he estado en Iguazú. Mi viaje ha sido urbano y escasamente he salido de Buenos Aires debido a que mi estancia allí era en calidad de acompañante de mi novia, que iba por razones de trabajo a una de las universidades argentinas. Esto me ha permitido realizar el tipo de viajes que realmente me gustan, estos en los que te “fundes” con la realidad del país, te insertas en ella, un viaje para hablar mucho con mucha gente, para conocer mucho en poco tiempo, para fijarte en los detalles en los que el turista normal no suele fijarse.
Mis opiniones sobre Argentina no van a ser objetivas ni siquiera bien estudiadas. Responden a sensaciones y están muy influidas por las personas con las que he hablado, aunque he intentado hablar con personas muy alejadas las unas de las otras. Hay muchas cosas que no entiendo ni logro ver qué hay realmente detrás de la apariencia, así que intentaré explicar todas las opciones que veo.
Una de las cosas que me ayudó mucho a entender la realidad argentina fue leer sobre su historia. El primer día me regalaron un libro de Félix Luna llamado Breve historia de Argentina, que abarcaba desde la llegada de los españoles hasta la caída de Perón. Ávido de saber más encontré en la biblioteca de la universidad católica de Buenos Aires otro libro de historia y economía argentina, muy técnico y orientado a la docencia pero interesante, que llegaba hasta 2003. El Kirchnerismo quedaba fuera del libro, pues. Estas lecturas me ayudaron mucho a entender en qué país me encontraba.

¿Qué es lo primero que sientes al llegar a Buenos Aires? Tu primera sensación es que estás en Europa. Las avenidas bonaerenses, a pesar de tener un tamaño “americano” (por lo grande), están claramente inspiradas en la arquitectura europea. Buenos Aires se parece mucho a Madrid, algo a Barcelona (sobre todo en los barrios “marítimos”), a Valencia, un poco a Paris, quizá algo a Roma. No te da la sensación de estar en Latinoamérica, sino en algún punto de Europa con ascendencia española, francesa y comportamientos italianos.
De hecho y según pude concluir de mis conversaciones con algunos argentinos, ese país está viviendo en una época de digamos mezcolanza cultural. Usando la misma palabra que me dijeron a mí, la europea argentina está sufriendo progresivamente un proceso de “latinoamericanización” de la mano de la globalización, la integración regional y, sobre todo, de la inmigración de los países latinoamericanos que parece que es numéricamente importante.
Me dio la sensación de que existían dos bloques en la sociedad argentina a este respecto. Una parte de la sociedad argentina parece querer conservar ese factor diferencial respecto a sus vecinos latinoamericanos, esa esencia europea. Durante todo el siglo XIX y parte del XX los políticos y gobernantes argentinos quisieron crear en argentina una especie de estados unidos en el sur de América. Querían crear algo parecido a los estados del sur de estados unidos y para ello potenciaron la inmigración europea con la intención de que se crease una base agraria, una población que cultivase sus parcelas de tierra en base a una cultura de esfuerzo, trabajo y ahorro. Pensaban que esa inmigración traería esas bases que contagiarían a la escasa población autóctona y soñaron con una inmigración de origen anglosajón o centroeuropeo. La realidad es que la inmigración fue básicamente italiana y española, aunque también llegaron judíos y grupos más pequeños de todos los países de Europa, lo que en el fondo cambiaba algo sus planes pero tampoco esencialmente. Realmente España e Italia eran países más agrarios y quizá era incluso mejor para un país que pretendía ser agrario. En definitiva, hay una parte de argentinos que se podría decir que quieren ser europeos en América, del mismo modo que los estadounidenses son anglosajones en América.
Sin embargo hay otro bloque que acepta de forma más o menos abierta su integración entre las naciones americanas. Quizá como manera de crear un poder regional, quizá por ciertas visiones de que América es una única nación (como decía Ernesto Guevara, “en el fondo somos una sola nación mestiza desde México hasta Argentina”), quizá entendiéndolo como algo inevitable en el mundo de la globalización. El gobierno Kirchner es partidario de esta visión, quizá más por la alianza con Brasil y por la creación de un bloque poderoso dentro del Mercosur que por cuestiones culturales.

Realmente no todo en Buenos Aires es europeo. Si ves algo claramente ajeno a lo europeo y más propio de los países menos desarrollados son esos contrastes entre partes ricas y pobres en una ciudad. En Buenos Aires hay barrios residenciales muy buenos y cercanos al lujo, como puerto madero (donde me alojaba), la recoleta o parte del barrio de Palermo, sin embargo en cono bonaerense es mucho más pobre. En cualquier ciudad del mundo hay barrios mejores y peores, ricos y de trabajadores, hay contrastes; pero estas diferencias son más acusadas cuanto más pobre es un país.
Quizá lo más impactante en Buenos Aires son las “villas miseria”, asentamientos de infraviviendas ilegales que abundan por el país y la propia capital. Normalmente están en los extrarradios de las ciudades pero hay una, la villa 31, que está cercana al centro de Buenos Aires (realmente está arrinconada entre una parte del rio y la estación de Retiro, pero esta estación es la estación central de trenes y autobuses y está muy cerca del microcentro de la capital). Cuando sales en tren de la estación de Retiro puedes ver a tu derecha la villa 31. La imagen es impactante, recuerda a las favelas de Brasil pero la orografía plana de Buenos Aires hace que tenga un aire distinto. En las villas miseria de amontonan personas en viviendas construidas con chapas o materiales de todo tipo, no hay asfalto ni organización urbana ni servicios básicos. La marginalidad, la inseguridad y la droga son habituales. La inmensa mayoría de los habitantes de las villas son inmigrantes ilegales, fundamentalmente paraguayos y bolivianos, y aunque las villas “de emergencia” (en su denominación oficial) datan de finales de los 50 su espectacular crecimiento se ha dado desde la crisis de 2001.
El problema de las villas tiene muy difícil solución. La dictadura las intentó erradicar e incluso “tapar” construyendo un muro para que los turistas no la viesen, pero no consiguieron casi nada. Para acabar con un problema así hacen falta ingentes recursos y un plan largoplacista, y el estado argentino no dispone de lo primero y parece difícil que se pueda hacer lo segundo cuando no hay una política de estado ni de consenso para eliminar este problema.
Voy a parar aquí este relato de lo que es o lo que parece Buenos Aires. En el próximo entraré más a fondo en cuestiones sobre la vida de los argentinos y su realidad económica.

2 comentarios:

  1. Lástima que no pudiste quedarte más tiempo. Pero según veo creo te diste cuenta de que esta es la región más desigual del planeta, la más mestiza y la de mayor delincuencia común. Africa y Asia quizá sean más violentas por guerras políticas y/o religiosas pero la América Hispana es más violenta en cuanto a delincuencia.

    Algo que siempre he pensado sobre hispanoamérica es que puede ser cualquier cosa menos aburrida. Y no lo digo en el sentido de simplemente salir a divertirte...Pero para eso creo que hubieses necesitado más tiempo.

    Saludos.

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  2. Pues fíjate Cabrit0 no vi mucho mestizaje en Argentina. El fenotipo de la población era muy mayoritariamente blanco, aunque sí se veían bastantes personas "latinas" probablemente inmigrantes o hijos de inmigrantes. Si que es cierto que los Argentinos originarios de algunas provincias del interior si que tienen rasgos caraterísticos pero tampoco eran muy numerosos. Te hablo de Buenos Aires, quizá en otras zonas de Argentina sea diferente pero en la capital me atrevería a decir que vi más o menos la misma "multiracialidad" que en las grandes capitales de España.

    Sobre la delincuencia hablaré seguramente en la tercera entrada de la serie, pero personalmente no vi ni sentí inseguridad especialmente. De todos modos si hay bastante psicosis en la sociedad argentina por la inseguridad (se observa en como las mujeres cogen los bolsos por la calle, por ejemplo) y parece que hay bastantes atracos y muertos con armas de fuego. De todos modos no me pareció comparable a la inseguridad de países de centroamérica.

    Saludos,

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