La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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martes, 7 de agosto de 2012

El fin de los mecanismos tradicionales de lucha















Desde hace unas cuantas décadas los grupos organizados, sobre todo de trabajadores en forma de sindicatos, han usado dos métodos básicos de reivindicación: La manifestación y la huelga. Voy a lanzar ya mi tesis: Estos dos métodos creo que está más que demostrado que están acabados.

Desde hace bastante tiempo, sobre todo desde el inicio de este Annus horribilis en España (o año Mariano), estamos viviendo en una manifestación continua. No hay fin de semana que no se manifiesten los sindicatos, o los empleados públicos, o los indignados, o los mineros o cualquiera de los colectivos agraviados por algún recorte.
Un amigo mio, que ha creado un grupo en Facebook llamado “Queremos un cambio de rumbo en la comunidad valenciana”, me decía el otro día que llevaba una decena de manifestaciones en pocas semanas (él asiste a todas las que puede) y que la gente empezaba a cansarse pues no podían estar metidos permanentemente en manifestaciones por todo.
Y es lógico que la gente se canse, ¿Cuántas manifestaciones llevamos en el último año? Si alguien las puede contar será un trabajo titánico propio de una tesis doctoral pues ha habido centenares seguro, por no decir miles si contamos todas las manifestaciones locales en el territorio nacional.
¿Y cuantas han servido para algo? Pues no sé si en algún pueblo habrán servido para algo pero en asuntos “importantes” la consecuencia de todo esto es haber conseguido…nada. Se ha mostrado la oposición y el descontento ciudadano pero nadie que tenga poder para cambiar las cosas ha movido un milímetro su política: Ni el presidente autonómico de turno, ni Rajoy ni mucho menos Angela Merkel.

Con las huelgas pasa más o menos lo mismo. ¿Para qué sirvió la huelga de 2010 contra la reforma laboral de Zapatero? ¿Y la de Marzo de 2012 contra la reforma laboral de Rajoy? Sabéis la respuesta: Para nada.
En Grecia llevan casi 30 huelgas generales en los últimos años con exactamente el mismo resultado que las dos nuestras. En Portugal no las tengo contadas pero recuerdo fácilmente 2 ó 3 huelgas generales en los últimos meses.
Todos estos países reciben como respuesta a las huelgas más recortes. No digo que sea causa-efecto lo que digo es que el efecto de las huelgas es nulo y los planes de Berlín y de la troika se aplican sin mover una sola coma independientemente de la respuesta popular.
Tal y como está la economía hay veces que incluso una huelga general es conveniente para las empresas que las padecen. Hay empresas que al no estar trabajando al 100% y poder organizar su producción hacen planificación para que la huelga no les afecte económicamente. En esas empresas, de hecho, el ahorro del día de salario les puede hasta beneficiar. En el caso de la administración pública, que está bajando plantilla y reduciendo sueldos, la situación es todavía más clara: Un día de huelga le ahorra a la administración unos eurillos para regocijo del ministro, consejero o alcalde de turno. Y esto por no hablar de las empresas que obligan a hacer a sus trabajadores el trabajo perdido de un día de huelga, que hay muchas y con muchos métodos para obligar a los trabajadores que saquen adelante ese trabajo perdido, y no siempre ilegales.
Algunos sectores se ven afectados por las huelgas (transportes, empresas que trabajan en continuo a tres turnos, empresas con servicios de consumo diario) pero cada vez más hay una mayoría de sectores económicos que pueden gestionar huelgas con un mínimo daño o incluso usándolas a su favor. Muchas veces esto no vale para nada más que para perder un día de salario y los trabajadores lo saben, y por eso el seguimiento de las huelgas generales es cada vez menor.

Algún lector pensará que estoy proponiendo la pasividad absoluta ante la situación de asfixia e injusticia que vivimos. Nada más lejos de la realidad, lo que estoy diciendo es que los mecanismos tradicionales, la manifestación y sobre todo la huelga, ya no valen para nada. Una manifestación con un buen marketing puede valer para transmitir una sensación y un mensaje claro a los conciudadanos y movilizar ciertas fuerzas sociales, pero una huelga solo tiene utilidad en ciertos sectores.
Y como estos mecanismos están obsoletos y caducos la cuestión es que debemos crear unos nuevos, unos mecanismos que sí valgan para conseguir los objetivos que perseguimos. Y esto no es fácil, para esto debemos liberarnos de las “ataduras ideológicas” que nos indican un camino unívoco de hacer las cosas, para esto hay que ser imaginativos y originales.

Hace unos días, en el fin de semana que se realizó la prueba de fórmula 1 en Valencia, un familiar me dijo:”La prueba de fórmula 1 no debió haberse realizado hoy. Es el símbolo de la destrucción económica y la ruina que ha generado el PPCV y se tenía que haber boicoteado”. En ese momento opuse reparos al considerarlo algo “demasiado pequeño” y dije que el problema era más estructural a nivel de sistema que concreto de un partido determinado por muy lleno de chorizos que esté.
Pero con los días le di muchas vueltas a esta idea y vi que mi familiar tenía razón. En vez de tanta manifestación contra el Consell y tantos manifestantes desperdigados en las centenares de manifestaciones contra los recortes, la corrupción, etc. Lo que hubiese sido mucho más efectivo era haber parado esa prueba de la manera que fuese (contra una masa de manifestantes que se quieran colar en un circuito es difícil hacer nada) y haberle mostrado al mundo que la ciudadanía no está por la labor de que la ahoguen mientras se hacen fiestas ostentosas como si no pasase nada.
Era su símbolo, su corona, y derrumbarla era decirle al Consell y al PPCV que no se les iba a permitir todas estas “mamonadas” después de haber destruido esta tierra y después de seguir destruyéndola semana tras semana.

Aquí hay una palabra que es clave: Boicot. Hay que boicotear lo que realmente quieren, lo que realmente les duele, lo que han creado para la satisfacción personal de su ego y en contra de los intereses de todos. Cuando se hace un recorte se pueden montar mil manifestaciones, pero mucho más efectivo sería que una masa humana bloquease el edificio donde se está reuniendo el Consell (o el consejo de ministros) y obligarles a dormir allí o a salir montados en un furgón policial (y así muchos del PPCV se podrían ir acostumbrando).
Pero no hay que circunscribir el concepto Boicot a la política ni a los símbolos del despilfarro ni mucho menos. El boicot debe ser aplicable al ámbito económico y debe ser ejercido como consumidores y como ciudadanos.
Por ejemplo, ¿quién es el responsable primero de la política que nos asfixia? Es el gobierno alemán, pero el gobierno alemán no es más que el representante del capital financiero alemán. Bien, imaginemos que uno de los principales grupos que presionan y dominan al gobierno alemán es el Deutschebank. ¿Qué demonios hacemos los españoles metiendo nuestro dinero en ese banco? ¿Cómo demonios no se bloquean entidades, se pintan y empapelan y se le hace saber a todos los ciudadanos qué hace ese banco contra nuestro país?
El boicot como ciudadanos y consumidores es hoy por hoy la estrategia más efectiva contra aquellos que nos oprimen. Bancos, compañías, grandes grupos industriales, etc. Hay que aprender a ser responsables con nuestro dinero, hay que castigar y boicotear a los principales responsables de que estemos así, hay que exigir unos principios a las empresas con las que trabajamos. Al ciudadano no se le puede pedir que esté informado de todo lo que hacen todas las empresas con las que trabaja pero sí se puede y se debe articular una estrategia informativa para tener identificados públicamente a quienes son principales responsables de nuestra degradación y persuadir a los ciudadanos a que sean responsables con sus actos. Nuestro dinero también es un arma de lucha, que no se nos olvide.

Hay que ser mucho más imaginativos y eficientes en los mecanismos de lucha. Dejémonos de intentar hacer las cosas como en la época de nuestros abuelos, eso no va a funcionar. No nos perdamos en pequeñas batallas sin posibilidad de victoria cuando hay miles de cosas que podemos hacer que les hacen verdadero daño. Igual ir a parar un desahucio le parece algo pequeño a aquellos que sueñan con grandes movimientos de masas, pero con eso se consigue más que con una tarde de paseo pancartero por el centro de la ciudad.
Tened la mente abierta. Hay muchas cosas que podemos potenciar, muchas ideas circulando que son muy buenas. Analizadlas y dadle difusión si las consideráis adecuadas. Y no desesperéis, encontraremos el camino.

10 comentarios:

  1. ALgunas ideas sueltas:

    - La preponderancia del sector terciario hace perder eficacia a las huelgas.

    - La dicotomía obrero/burgués ha desaparecido.

    - Los sindicatos están totalmente comprados por el Estado.

    - Los sindicatos parecen haber olvidado su labor de intermediarios entre los empresarios y los trabajadores, para convertirse en una especie de lobby del Ministerio de trabajo.

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  2. Francisco,

    Estoy de acuerdo con las dos primeras apreciaciones y en parte con la tercera (le quitaría el adjetivo totalmente y pondría parcialmente).
    Respecto a la cuarta, los sindicatos no deben ser intermediarios entre los empresarios y los trabajadores. Ellos deben ser representantes de los trabajadores y servir a los trabajadores, siendo sus portavoces. Quizá es lo que querías decir pero parecía como si les dieses un estatus de arbitraje o algo así.

    Saludos,

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  3. Me encanta tu post porque básicamente coincide con lo que yo pienso pero hay un aspecto que aún no he conseguido resolver: ¿cómo identificamos los ciudadanos que empresas están participadas por según que capitales, como el aleman? Agunas son fáciles pero otras ni nos lo imaginariamos.

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  4. Claro que son representantes del trabajador. Pero son representantes de los trabajadores frente al empresario, no frente al Estado. Los representantes de los trabajadores frente al Estado son los partidos políticos.

    Tengo la sensación de que en los últimos años (décadas), los sindicatos han sido muy poco combativos frente a los empresarios y han dedicado toda su actividad a atacar al Estado. Es como si en lugar de llegar a acuerdos con los empresarios para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores, prefirieran hacer de lobby para que el Estado fuerce a las empresas a mejorar las condiciones laborales.

    Un saludo

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  5. Nicolas,

    Evidentemente ahí tenemos una de las principales problemáticas. Pero para algo están los estudios económicos, la información publicada de las empresas en formas de auditorias, participaciones, etc.
    Alguien tiene que hacer este tipo de estudios, alguien que pertenezca al ámbito de la investigación económica o del periodismo económico o de la política.

    Francisco,

    Es verdad lo que dices pero esto no es sólo una cosa de los sindicatos, es algo potenciado por el estado. En las últimas décadas los sindicatos mayoritarios se han "institucionalizado" como parte del sistema político-económico. Esto se hizo así porque se pretendió erradicar el sindicalismo revolucionario de sindicatos como la CNT en España potenciando a otros más moderados, y la forma de potenciarlos era hacerlos interlocutores del sistema de negociación colectiva. Esto iba en interés de los sindicatos institucionalizados pero también del sistema político-económico, que evitaba así un sindicalismo revolucionario que amenazase el capitalismo o el sistema de partidos de un país.

    Saludos,

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  6. Brillante reflexión. Estoy totalmente de acuerdo. Y me adhiero también a las declaraciones de "Francisco", con una salvedad que conviene matizar en la afirmación, por lo demás cierta, de que "los sindicatos están totalmente comprados por el estado", y que consiste en dejar claro que cuando decimos "los sindicatos" nos referimos a UGT y CCOO, lo que no deja de ser un error. Abogo por ponerle nombres y apellidos a la compra-venta de sindicatos, porque los que se compran es porque se venden, y son UGT y CCOO los implicados. Dejemos esto bien claro y olvidemos el eufemismo "los sindicatos", utilizado para diluir la responsabilidad. Que quede claro quién es responsable de qué en cada momento, con siglas bien claritas. En este caso UGT y CCOO, no "los sindicatos". Gracias.

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  7. Una cosa que se me había olvidado y que con la arenga sobre los sindicatos se me ha quedado en el tintero. Es cierto que una posible alternativa a las manifestaciones y huelgas, que por lo demás han demostrado ser poco efectivas en la consecución de los objetivos planteados por los trabajadores aunque sí han resuelto algunas cuestiones relacionadas más con los intereses propios de las organizaciones convocantes - esa será otra historia -, es el boicot. No obstante, cabe señalar que plantearse un boicot generalizado, como el de "los consumidores y usuarios", es poco realista y probablemente irrealizable. Es mejor plantear boicots parciales que impliquen a un número más reducido de personas como, por ejemplo - se me ocurre -: que doscientas personas se dediquen, por turnos, a llamar al teléfono de don Mariano durante una semana, para reventarlo. Es una idea.

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  8. Pedro,

    Eso nos lleva de vuelta al tercer punto.

    Un saludo

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  9. Pedro:

    ¡Mira! El País de hoy toca este mismo tema que comentas:

    http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/08/08/actualidad/1344453806_680343.html
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    Debo decir que lo que dice Francisco me parece excelente:

    "Claro que son representantes del trabajador. Pero son representantes de los trabajadores frente al empresario, no frente al Estado. Los representantes de los trabajadores frente al Estado son los partidos políticos."

    Es exáctamente como lo veo yo.

    Excelente post, Pedro - estoy completamente de acuerdo en el análisis (si bien mis objetivos son distintos en algunos temas)

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  10. Enrique,

    Pensar en que un boicot del consumo va a ser total es algo que no podemos plantearnos, pero es que una manifestación o una huelga nunca son totales tampoco. Si consiguiésemos tan solo que un 10% de los consumidores de una empresa X dejasen de serlo el efecto sobre las cuentas de esa empresa sería tal que el objetivo estaría conseguido. No hacen falta unanimidades de acción, simplemente deberiamos generalizar ciertas acciones entre un porcentaje de la población lo mayor posible.
    Y como boicot también he definido movimientos de masas, como lo de la F-1 que he comentado. Es una idea muy amplia que debemos estudiar y analizar.

    Alfredo,

    Pues sí, pero El PAÍS y su línea editorial concluye lo que concluye todo el mundo que esté en una situación de comodidad, es decir, la tendencia al inmovilismo. En algunas cosas El PAÍS es lo más conservador que hay a nivel de "cosas nuevas" que no controlen (esto se ve también, por ejemplo, como ningunean a internet como medio de comunicación del futuro).

    Saludos,

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