La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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jueves, 25 de octubre de 2012

¿Se está convirtiendo España en una dictadura?
















Normalmente usamos los conceptos dictadura y democracia de forma absoluta. Una democracia es el régimen donde el pueblo tiene la soberanía y el poder político real en sus manos, expresándolo a través de sus representantes. Además, una democracia debe cumplir otros parámetros como respetar los derechos humanos y lo que entendemos como libertades democráticas.
Por el lado contrario una dictadura sería lo opuesto. En una dictadura una minoría de personas tendría el poder político en sus manos dejando a la población como sujeto pasivo, las libertades democráticas no se respetarían y la violación de los derechos humanos sería una constante.

Esta es la teoría, pero la realidad es que existen multitud de regímenes que son mixtos entre esta definición de democracia y esta de dictadura.
Imaginemos, por ejemplo, la mayoría de ex repúblicas soviéticas. En ellas son autócratas quienes gobiernan de forma casi permanente. No lo hacen por la gracia de dios ni porque las leyes lo digan, se perpetúan en el poder a través de elecciones falsificadas que siempre ganan. Estas repúblicas respetan poco las libertades democráticas, los medios de comunicación están al servicio del poder, la policía se comporta de forma expeditiva y agresiva y las violaciones de los derechos humanos son habituales. No son como la URSS, pero tampoco son comparables a las democracias occidentales. Seguramente las definiríamos como semi-dictaduras o autocracias.
Hay más casos, ¿es Venezuela una dictadura? En principio no. Venezuela tiene elecciones mucho más limpias que las repúblicas ex soviéticas pero existen mecanismos para “forzar” a la gente a votar una opción política. Si bien las libertades formales se suelen respetar (no siempre), los medios de comunicación públicos son absolutamente favorables al gobierno, mientras se intenta coaccionar a los privados.
Otro caso conflictivo sería, por ejemplo, Irán. ¿Es una dictadura Irán? Pues Irán tiene elecciones cuyo escrutinio es bastante fidedigno del voto emitido, pero claro esto tiene trampa. Quien se puede presentar o no a las elecciones lo decide el consejo de guardianes, lo que desvirtúa el sufragio universal. Además la ley iraní está basada en una interpretación radical del Islam por lo que las violaciones de los derechos humanos (sobre todo contra las mujeres y los de libertad religiosa) son permanentes. Irán no es una dictadura al uso, pero sí podríamos decir que es una teocracia.

He expresado varios casos diferentes que podríamos llamar mixtos, desde el que más se acercaría desde nuestro punto de vista a una democracia (Venezuela) al más alejado (Irán). Pero de casos como estos está el mundo lleno, ¿son democracias los países del sur este asiático? ¿Y las repúblicas africanas que tienen elecciones? Podremos discutir si son dictaduras, pero democracias no son.
Democracias que desde el punto de vista occidental no presenten dudas hay muy pocas, quizá Europa (sin contar los países nacidos de la desintegración de la URSS), Norteamérica y la mayoría de repúblicas americanas, las naciones de Oceanía, Japón y Corea del Sur. Pero esto es nuestra teoría política y lo que creemos por inercia histórica, pero podría no ser la realidad.
España, sobre el papel, es una democracia limpia y consolidada. Existe soberanía popular, las elecciones son limpias, se respetan los derechos humanos y las libertades democráticas. Quizá haya alguna duda del uso de los medios de comunicación públicos por parte del poder y por los casos de caciquismo rural, pero eso no nos lleva a decir que no es una democracia, si acaso usamos eso de “democracia de poca calidad”.
Pero ¿es esto realmente así? Porque las democracias no son infalibles, realmente puede llegar un momento en que comiencen a deslizarse por la senda de la arbitrariedad y del no respeto a la voluntad popular. Hay quien piensa que una constitución democrática evita eso pero no es así. La constitución es un conjunto de leyes generalmente ambiguas que para ser aplicadas deben, o ser respetadas o haber organismos que obliguen a que se respeten. Si un gobierno no atiende a la constitución y los mecanismos que existen para su cumplimiento (el poder judicial normalmente) no funcionan, la constitución queda automáticamente inutilizada. Las constituciones no muerden ni tienen armas para castigar a quienes no la cumplen, son de papel y tinta no lo olvidemos, y por lo tanto dependen de la voluntad de quienes son sus guardianes.
Bien, mi tesis es que España, desgraciadamente, ya ha comenzado a transitar este camino oscuro que lleva desde la democracia plena hacia esos terrenos de la indefinición de régimen político.

Desde hace un par de años en España se viene reclamando “democracia real”. Nosotros, los ciudadanos españoles, hemos visto como cada vez más somos objetos pasivos en la política de nuestra nación.
Nuestros dos partidos mayoritarios están al servicio de las órdenes de Europa, concretamente de la canciller alemana. Que Merkel decida por todos es un secuestro absoluto de soberanía para todos los países que deben obedecerla. Merkel, en cualquier caso, no es más que la cabeza política de una ortodoxia económica que tiene su verdadera cabeza en los poderes financieros de este mundo. La deuda y su pago es el dogma religioso de esta época, y los ciudadanos se convierten en víctimas que deben pagar por los desmanes de otros sin posibilidad de evitarlo.
Habrá quien dirá que se puede votar a un gobierno diferente que no acepte esto y sobre el papel tendría razón. Sin embargo ni siquiera esto parece servir ya. España cambió de gobierno a finales de 2011 apoyando a un partido que dijo que no iba a subir impuestos ni a tocar los pilares básicos del estado del bienestar. Sin embargo, una vez ganadas las elecciones, de lo prometido no quedó nada. Los impuestos se subieron, la sanidad y la educación se recortaron, las prestaciones sociales están disminuyendo y todavía no ha llegado lo peor.
Ante esta situación los ciudadanos no tienen posibilidad de rebelarse. No existen mecanismos para revocar a un gobierno mentiroso y que ha engañado a la gente para acaparar el poder. En algunas repúblicas americanas por lo menos hay referéndums revocatorios pero ¿qué tenemos nosotros? La posibilidad de tramitar una iniciativa legislativa popular que, cuando llegue al congreso, será ignorada por el mismo gobierno mentiroso que ha ocupado el poder.
España lleva desde Mayo de 2010 controlada por poderes extranjeros y no tiene posibilidad de salir de ahí hasta 2016 mediante métodos democráticos normales. Sólo la presión popular puede hacer que se adelanten los plazos, pero esta realidad de tener que recurrir a la presión popular como única opción es exactamente igual a lo que sucedería en una dictadura.

Esta gravísima ausencia de soberanía no es el único punto por el que la democracia española comienza a degenerar. Poco a poco se están difuminando las diferencias que separan el control del orden público propio de una democracia de la represión del disidente que existe en una dictadura.
Ante el aumento de la conflictividad social y de la protesta popular el gobierno del PP está intentando asustar a la población para que no se manifieste. Para empezar se está usando una técnica de “mano dura” contra el que se salga de la fila con la clara intención de amedrentar. Desde el gobierno se lanza la orden a la policía antidisturbios de que, ante cualquier eventualidad, se cargue con dureza. Los dispositivos policiales son cada vez más numerosos, mejor preparados y más agresivos con los manifestantes. Eso, no obstante, no nos llevaría a una dictadura por sí solo.
Lo que sí nos acerca a una dictadura es la intención continua de reformar el código penal y las leyes para impedir a los manifestantes protestar o, por lo menos, amedrentarlos para que ni lo intenten. Hace unos meses, por ejemplo, se cambió el código penal para que los responsables de las convocatorias de movilizaciones por internet fuesen civilmente responsables de todo lo que pudiese pasar en las mismas. La medida no es más que una forma de asustar y de intentar que la gente no se movilice contra el gobierno. No es más que una amenaza de matón.
Adicionalmente se están intentando cambiar leyes para dificultar cada vez más los derechos democráticos de protesta. Desde el gobierno se lanzan continuamente consignas a favor de limitar el derecho de manifestación, de cambiar la ley de huelga y de otras muchas transformaciones a favor del control policial. La última es la pretensión de prohibir que se puedan difundir grabaciones de la actuación de la policía.
Gracias a los móviles cada vez que la policía se excede tenemos multitud de videos grabados por los manifestantes. Hemos visto a la policía agredir a personas mayores, a manifestantes pacíficos, a periodistas y a personas que sencillamente pasaban por ahí. Hemos comprobado cómo la policía se está comportando como hace décadas que no se veía. La mayoría de españoles están indignados ante estos hechos y exigen responsabilidades a los políticos (culpables originarios de estos excesos, pues son los que ordenan mano dura) para que estas cosas no pasen. Pero el gobierno, en vez de reclamar responsabilidades a la delegación del gobierno y a los mandos policiales, lo que pretende es que no queden pruebas de la violencia ejercída y que no se puedan demostrar los desmanes contra la población. Si esto es una actitud democrática que baje dios y lo vea.

Además de las leyes que se pretenden fabricar para controlar las protestas hay otro punto quizá aún más grave, es que cómo se está interpretando la ley actual, como se hace la vista gorda ante incumplimientos flagrantes o se persigue sin piedad en función del interés del gobierno y como directamente se están violando las leyes por parte del poder.
Un caso de interpretación arbitraria de la ley fue la acusación de delitos contra las instituciones del estado que se hizo contra los manifestantes del 25-S. El juez de la AN al que llevaron a los detenidos acabó dictando un auto durísimo contra el ministerio público por intentar achacar delitos contra las instituciones de la nación a unos simples manifestantes. Afortunadamente la justicia paró las tentaciones represivas del gobierno, pero la intención de dar un escarmiento ejemplar estrangulando las leyes e interpretándolas a conveniencia fue evidente. También recuerdo como, después de los hurtos en dos supermercados organizados por el SAT y Sánchez Gordillo, se movilizaron dos ministros y todo el ministerio del interior para dar caza a los peligrosísimos delincuentes. Jamás en la historia democrática de occidente dos ministros estuvieron tan alterados y activos por un hurto de comida.
En este punto quiero romper una lanza a favor del poder judicial. Este gobierno está intentando limitar las libertades democráticas, amedrentar a la población y crear un estado de miedo en la gente a través de la ley. Frente a eso, afortunadamente, el poder judicial está por ahora respondiendo sensatamente y limitando las pretensiones policiales del gobierno. Hemos criticado mucho a los jueces y muchas veces con razón, pero en esta ocasión tenemos que darles las gracias por defender los derechos democráticos de la población contra la pretensión que tiene el gobierno de que vivamos en un estado policial.

Una importante mención merece el apartado de la represión policial, que está extendiéndose en España llegando por momentos a recordar a los tiempos de la dictadura del general Franco, básicamente por dos razones: Las palizas en las manifestaciones y las torturas en dependencias policiales.
Mirad, vamos a ser todos honestos. En nuestra sociedad ha existido siempre una tortura de pequeña intensidad que ha ejercido la policía y que la población ha tolerado. Se ha torturado muchas veces a terroristas de la ETA con la “comprensión” del poder político y de la sociedad en general. También son relativamente habituales los malos tratos contra delincuentes habituales multirreincidentes. Cuando la guardia civil y la policía nacional ve siempre a los mismos sujetos entrar en las dependencias policiales a causa de robos, atracos, peleas, palizas, etc. Y no puede hacer casi nada (bien porque no hay denuncias, o porque son faltas o porque las víctimas se niegan a declarar) muchas veces pierde los nervios. Cuando estos sujetos entran por vigésima vez en el cuartelillo para dormir en el calabozo y saben que al día siguiente saldrán por la puerta, la policía a veces les pega palizas como castigo o método correctivo al margen de la ley. La policía sabe cómo hacerlo sin dejar marca, sin posibilidad de ser denunciados después. Esto lo hace tanto la policía nacional como la guardia civil y las policías autonómicas, como bien sabemos por las cámaras que instaló el exconseller de interior de la Generalitat de Cataluña Joan Saura, que grabaron imágenes de palizas propiciadas por los mossos que hemos podido ver en televisión.
Bien, como he dicho esto lo sabíamos todos o por lo menos lo intuíamos, pero lo aceptábamos. Total, eran delincuentes que hacían daño a otras personas, que robaban, pegaban y hacían fechorías continuas aprovechándose de las ventajas de la ley; o bien eran terroristas asesinos. No nos parecía mal o por lo menos lo considerábamos como un problema menor.
Pero el problema es que en los últimos meses esto se está extendiendo hacia los manifestantes, hacia la gente normal y decente como podemos ser nosotros. Hace unas semanas Jesús López Pintos, dirigente del sindicato gallego CIG, explicó en televisión como la policía le torturó en dependencias policiales, como le decían “se te van a ir las ganas de manifestarte” y como le pegaban con guantes de cuero para no dejar marca. La frialdad y autenticidad del relato de López Pintos fue verdaderamente estremecedor y hace plantearte que en su lugar podríamos haber estado cualquiera de nosotros.
Ya hace tiempo que se vienen oyendo historias de malos tratos contra manifestantes “políticos” sobre todo gracias a las redes sociales, pero creo que era la primera vez en que algo así salía en un medio de comunicación de masas. Yo, que siempre he querido ser bastante escéptico con la absoluta veracidad de estos relatos y en los últimos meses he leído estas historias con ciertas reservas, me he dado cuenta que esto es bastante más habitual de lo que creemos. López Pintos contó que recibió llamadas de la propia policía para que les dijese quienes habían sido los que le pegaron, con promesas de castigo. Sin embargo el gobierno no ha hecho nada ni en este ni en ningún otro caso de malos tratos, como si aceptase o fuese favorable a este tipo de tratos o el promotor de los mismos.

De las manifestaciones poco os puedo contar, porque lo habéis visto en televisión. Cada vez la policía se comporta de forma más salvaje en las manifestaciones, cada vez carga con más contundencia y, por lo tanto, cada vez hay más violencia. La hubo en la primavera valenciana y todavía con más intensidad la ha habido en el 25-S.
Los policías dicen que el problema son las órdenes de las delegaciones del gobierno, cada vez más radicales y con más sentido represivo. Esto desgraciadamente parece que es cierto y va en consonancia con toda esta degeneración hacia el estado policial que estamos viendo. Tampoco es razonable, no obstante, de exonerar por completo a la policía antidisturbios. Hay un porcentaje de agentes que son unos salvajes y unos bestias y que parecen disfrutar dando golpes a chicos con piercings y camisetas de grupos heavies. Pero estos salvajes no harían eso si les ordenasen lo contrario, de hecho lo hacen gracias a que los políticos del gobierno les autorizan a usar la fuerza sin piedad.
El país no puede quedarse de manos cruzadas cuando ve las imágenes de policías entrando en estaciones de metro y arreando palos a todo el que pasaba por ahí, no se puede tolerar como se pega a periodistas, como se le abre la cabeza a señores mayores, a maestros o médicos simplemente porque estaban donde no le gusta al gobierno. No se puede aceptar que en cada reunión en un parque, una plaza o cualquier otro sitio no autorizado provoque que la policía empiece a identificar a los presentes, ¿qué estamos, en estado de sitio?

¿Estamos, pues, en una dictadura? No estamos en China ni en Guinea Ecuatorial ni tampoco estamos en Irán ni en una república ex soviética, no estamos ahí. Pero ¿en una democracia? Vivimos en un país gobernado por Bruselas y Berlín, donde la canciller de un país extranjero manda más que cualquiera de nuestros políticos, vivimos en un país donde el gobierno ha violado todo su programa electoral. Vivimos en un país, en definitiva, donde la soberanía popular es una entelequia.
Además tenemos un gobierno que quiere forzar las leyes para amedrentar a la población, que quiere reformar las mismas para acabar con las protestas de la población. Estamos en un país donde los políticos ordenan a la policía cargar con dureza contra los manifestantes para que no se les suban a las barbas, en un país dónde se está comenzando a torturar en comisaría a manifestantes, dónde se quiere achacar delitos inexistentes a los que protestan. Os hago una pregunta ¿es tan distinto esto a cómo se reprimían las protestas en la RDA de 1988 o 1989?
Un país sin soberanía real y que pretende ser convertido en un estado semi-policial difícilmente puede ser una democracia. Yo no sé si hay que buscar una nueva definición para definir el régimen de nuestro país y de otros del sur de Europa pero democracia, como la entendemos, no es.
Y francamente, por este camino yo no sé donde podemos acabar. Como los jueces o la sociedad no lo pare, podemos vivir en un estado policial en menos tiempo de lo que creemos.

9 comentarios:

  1. Y tanto, Pedro.

    En teoría, normalmente la palabra "dictadura" tenía que veer con represión abierta y violenta, mucho miedo, ausencia de leyes, etc. Sin embargo hay que adaptar las definiciones políticas a las realidades actuales.

    En Italia, los años de Berlusconi fueron denominados por muchos como una especie de "dictadura dulce". Ya no se trataba de ir pegando a manifestantes como en la España de Rajoy o la Italia de Mussolini sino de ridiculizar, deslegitimar y criminalizar cualquier oposición con la colaboración activa de los medios de desinformación masiva.

    En España, todos sabemos que el PP es el heredero directo de los franquistas. Tienen en su ADN político el rechazo hacia gente que tenga opiniones muy distintas (aunque muchos izquierdistas en España también pecan MUCHO de esto). El PP prefiere la "mayoría silenciosa", como dijo Rajoy. Silenciosa cuando gobiernan ellos, porque sí que salen a la calle cuando gobierna el PSOE para defender sus ideales centralistas sobre España, "la nación española", la iglesia católica, y "la familia".

    En repetidas ocasiones, la gente participando en asambleas han sido sometidas a identificaciones policiales en Madrid. En muchos casos, fueron multados por razones frívolas.

    Dar un golpe duro contra la cartera de alguien es muy positivo para el poder. Asustas a la gente donde más le duele y donde menos tienen y al mismo tiempo recaudas para el Estado.

    Si no funciona lo de las multas, siempre puedes recurrir al método Cifuentes y abogar por prisión y no usar cámaras si te manifiestas.
    Sabes bien que eso fue lo que pasó el 25-S con las 36 detenciones, detenidos que fueron acusados de "ir contra las instituciones del Estado". Parece un delito a la URSS...

    Fueron juzgados hace poco y como sabes, el juez fue vilmente vilipendiado por el PP, tachándole de "pijo progre" entre otros adjetivos respetuosos hacia el juez.

    Para sostener las imputaciones, la Policía española le pidió a Google y Facebook información detallada sobre los que operaban la página web del 25S y sus cuentas de correo.

    Las dos empresas entregaron 50 IPs y un número de teléfono pero se negaron a dar nombres o más información.

    ¿Dictadura? Cómo no.

    La sentencia del juez ha sido una de las mejores que he leído en mucho tiempo. No puede ser que en un país libre pueda ser delito alto organizarse para intentar saltar una barrera antidemocrática e impuesta sin consultar al pueblo. El juez dijo que estaba sorprendido que las autoridades españolas llegaran a esos extremos. Creo que fue muy educado cuando les tachó de decadentes.

    Decir que manifestarse alrededor del Congreso es delito es una cosa repugnante, propio de una dictadura bananera.

    Y sí, España se está convirtiendo rápidamente en una dictaDURA, porque ahora es dictablanda, dirigida por Alemania.

    Saludos

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  2. Alfredo,

    No puedo más que aplaudir entusiastamente tu comentario. Quiero que los lectores sepan que Alfredo no es ningún izquierdista desatado ni un líder sindicalista revolucionario. Es un señor conservador, de derechas, atlantista y cristiano; y mirad cómo ve a este gobierno y la situación de este país.

    Me gusta mucho tu comentario porque el mismo jueves quedé para hablar con dos amigos del grupo de facebook "queremos un cambio de rumbo en la comunidad valenciana" y, en medio de la conversación, comentaron lo arraigado que estaba todavía eso de las dos Españas. Yo les dije que se fijasen en tu blog y en tus opiniones y las de muchos de tus comentaristas, y que allí verían cómo la juventud de este país (la juventud culta, con pensamiento propio) ya ha roto esa horrible herencia de las dos españas.

    Todo esto venía a colación de lo que hemos hablado muchoas veces, de esa alianza nacional que las nuevas generaciones deberiamos forjar en base a un programa de mínimos común para acabar con esta política decadente y para recuperar los principios básicos de una democracia que nos han sido arrebatados.

    Saludos,

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  3. Agradezco lo que dices Pedro, porque eres el único o bueno, al menos uno de los muy pocos que comprende desde qué punto parto. Tú siempre has entendido por qué me repugna Red Liberal y ahora sabes entonces por qué me expulsaron de dicha red. No soportaban tener a un tipo que hablaba como hablo yo porque insisto - el PP y todos los grupos afines son herederos de una concepción fascista de España. No quiero decir que los peperos sean fascistas, pero obviamente hay más fascistas en el PP que en el PSOE. Yo también he estado participando asiduamente en Facebook y he perdido "amigos de Facebook" de "la derecha" por decir estas cosas. Ya me llaman "pijiprogre" y amigo de ETA, por ejemplo. Me da lo mismo porque yo sé que mis principios son clarísimos para el que no tenga la ceguera pepera. El otro día hablé con gente del PSOE y fueron los más cultos a la hora de hablarme del calvinismo. Al igual que tú, tenian esos jóvenes mucho más conocimiento profundo del protestantismo y lo que significa el capitalismo real que muchos peperos que repiten todo. No quiero decir que el PSOE sea un partido de lumbreras cultas pero se ve que hay más gente interesada en cosas internacionales que en el PP.

    Completamente de acuerdo con tu último párrafo. Es más, hoy en Facebook dije que si nos fijamos en materia social, el PSOE es más "liberal" que el PP - ya que vamos a tener la misma economía patética de los dos partidos, habrá que ver qué otras formaciones políticas por lo menos rechazan este modelo de imposiciones antidemocráticas. Se quedaron estupefactos, los peperos, cuando dije que igual por principios, la próxima vez votaré PSOE - ya que por lo menos son los unicos que han hablado de eliminar el concierto educativo y eliminar el concordato con Roma (PSOE e IU). Los protestantes liberales somos así - votamos por temas no tanto por partidos. Eso es realmente lo liberal clásico y democrático: no ser un borrego.

    Ahora ya verás como los que lean este comentario me dirán en Facebook que soy un "rojo de cuidado". Tópicos y clichés, eso es lo que les encanta a estos peperos mediocres que gobiernan.

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  4. Hola Pedro y Alfredo:

    Llevo muchos meses siguiendo vuestros intercambios y la verdad es que parecéis ser gente bastante interesante. Me surge una pregunta, para el que me la quiera contestar.

    Pedro ha hablado de mínimos común. ¿Qué tipo de cosas quedaría "fuera" de esa "alianza" de mínimos? Quiero decir, ¿habría espacio para gente en la Derecha que quiere abolir todo lo público o sería más bien un acuerdo de que hay cosas que son completamente "inaceptables" para un debate político y que ni siquiera son dignas de mención o defender?

    Lo pregunto porque como liberal, no es menos cierto que veo también bastante preocupante que haya tanto liberal en España que no asuma nada público y no ceda nada.

    Saludos

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  5. Hola Eduardo,

    Bueno tenía previsto hablar sobre eso en un par de entradas (si la actualidad me deja) pero básicamente mi idea es la siguiente.
    Aquí tenemos un problema enorme que viene expresado en este texto y, en un terreno más económico, por una situación dónde los ciudadanos y empresas de este país y de otros están esclavizados para pagar una deuda que ellos no han generado. Tenemos una losa sobre nuestras cabezas que es que nos hemos convertido en máquinas de pago de deuda, y por eso nos han quitado no solo nuestros derechos sociales sino también los políticos y la soberanía real.
    Esta es una realidad que no puede defender nadie, ni nosotros desde la izquierda ni deberían la mayoría de personas en el terreno del liberalismo o de la derecha. Aquí, pues, se debe proceder a un gran pacto nacional que orbite sobre dos ejes: La recuperación de la sobebranía y que las responsabilidades económicas de este gran agujero económico y crediticio sean asumidas por los responsables de las mismas, no por los ciudadanos indefensos.

    Este sería un primer paso, que consistiría en restaurar el orden nosmal de las cosas, es decir, en una democracia real donde cada uno sea responsable de sus actos y de los desastres que genera.
    Y una vez estemos ahí ya entraremos en batalla ideológica. Una vez seamos soberanos de nuevo ya discutiremos si tenemos que rearmar el estado del bienestar, si tenemos que hacer políticas más o menos redistributivas, si queremos una economía industrial o de servicios. Pero esto es un segundo paso imposible sin el primero, y por supuesto que Alfredo y yo, o la derecha y la izquierda en general tendremos puntos de vista muy diferentes.
    Ahora, no estaría de más marcar también unas ciertas bases comunes, como tener un estado que no deje indefenso a nadie que lo necesite, que garantice la igualdad de oportunidades o que aceptemos que unos mínimos de homogeneidad de renta son necesarios para una sociedad sana.

    Saludos,

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  6. Gracias por tu respuesta, Pedro. Bastante de acuerdo con todo lo que dices. Aunque, tengo un punto donde discrepo pero no es nada "importante" realmente. Es cierto que ahora mismo no hay una representatividad pero yo tenía entendido que (al menos tú sí) eras europeísta y que la soberanía nacional te parecía un concepto ya anticuado. Perdona si me he confundido pero eso es lo que recuerdo de un debate que leí entre tú y Alfredo hace tiempo.

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  7. Eduardo,

    Esta es una confusión frecuente que igual no suelo puntualizar bien. A mi lo que me importa es la soberanía a secas, o sea, la soberanía de los ciudadanos y las personas para elegir a su gobierno, sus representantes y la política de su nación.
    Ahora, a mi me importa relativamente poco cual es la "nación" en la que desemboca esa soberanía. Yo soy (sigo siendo) europeísta, pero no soy europeísta en el sentido de que defienda la actual realidad de la unión. En esta unión no hay soberanía popular, porque la soberanía y el poder está acaparado por una parte de la unión (Alemania) que sólo responde ante sus propios votantes. Yo, como ciudadano español (o portugues o italiano o griego) no tengo soberanía, estoy dirigido por un gobierno sobre el que no ejerzo la soberanía ni el control.

    Para estar así prefiero estar como antes, es decir, con una España absolutamente soberana. Pero hay otra manera, que es "diluir" nuestra soberanía en otra mayor, en una soberanía europea. ¿Qué haría falta? Necesitariamos un parlamento europeo con un poder legislativo real y un gobierno europeo elegido por sufragio universal por todos los habitantes de la unión. La Europa de los estados y de los gobiernos de los estados que pactan de espaldas a sus ciudadanos debe de acabar.
    En ese caso también tendriamos soberanía como ciudadanos, aunque el destinatario de la misma no fuese la nación española (o no lo fuese solamente). Nuestro voto y nuestra voz valdría lo mismo que la de un ciudadano alemán, tendriamos soberanía popular como ciudadanos.

    Mi prioridad es la segunda opción, pero si esta no es posible prefiero volver a una soberanía plena como nación española. De Alemania depende realmente.

    Saludos,

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  8. Eduardo, le invito a leer mi artículo de hoy donde hablo sobre esos "límites" que nos distinguen de los que hoy son llamados liberales en España.

    Saludos

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  9. La película Torrente dentro de poco será cine costumbrista del siglo 21.

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