La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/







lunes, 30 de diciembre de 2013

El otro derecho de autodeterminación
















Las organizaciones políticas y sindicales que integran el Comité Ejecutivo Popular, declaran, que a la vez que las otras regiones de España, estiman debe concederse a la región valenciana el derecho a la autodeterminación, fundando los órganos propios para gobernarse libremente, al igual y en el concierto de las otras regiones de Iberia.
Sí, la República será federativa, o no será nada. Todo centralismo es un concepto fascista, y por lo tanto debemos oponer al producto de esa mentalidad nuestro sentimiento de libertad, que no es "disgregador", sino que producirá una verdadera unión, fundamentada en la fraternidad y el respeto mutuo
Resolución del Comité ejecutivo popular de Valencia del 2 de noviembre de 1936

El otro día me decía un miembro de Iniciativa per Catalunya, ante mi pregunta de que cómo era posible que criticase el nacionalismo identitario del gobierno catalán cuando ICV estaba apoyando la consulta de autodeterminación en Cataluña, que el catalanismo popular tradicional (no el burgués) siempre había defendido el derecho de autodeterminación para Cataluña y que, por eso, ellos también lo defendían ahora.
Lo que decía este señor era una verdad parcial, o una mentira parcial según se mire. Es cierto que el “catalanismo popular” defendió antes de la guerra civil la autodeterminación, pero no es verdad que defendiesen la autodeterminación como la defiende Mas o como se entiende ahora en función de la declaración de las naciones unidas al respecto. La “autodeterminación” que se defendía en la España previa a la guerra civil tenía otra naturaleza y otro significado radicalmente distinto al que se le da hoy a la palabra.

He comenzado el texto con una resolución del comité ejecutivo popular (CEP) que se creó revolucionariamente en Valencia al inicio de la guerra civil. Este comité fue un órgano de gobierno que se estableció paralelamente a las instituciones de gobierno republicano ante el colapso de éste, y que contaba con miembros de todos los partidos del Frente Popular y de los sindicatos CNT y UGT. El comité funcionó como gobierno de facto durante los primeros meses de guerra hasta que fue desplazado por las instituciones republicanas y disuelto los primeros días de 1937.
Lo que quiero que veáis del texto es como se usa el concepto “derecho de autodeterminación”. Como veis se usa de forma “anacional”, es decir, no se usa bajo los parámetros que se suelen usar en el derecho internacional actual, no se funda en la idea de que hay un “pueblo” que está invadido por un imperio o un estado y que quiere, por tanto, organizarse como nación independiente. Lo que reclama este derecho de autodeterminación es a auto-gobernarse que no a separarse, lo que se reclama es gobernar desde abajo y formar una unión federativa, no se pone en cuestión el concepto de España ni el hermanamiento entre las regiones españolas.
Este concepto de autodeterminación nada tiene que ver con el nacionalismo ni nada tiene que ver con la existencia de un “pueblo” enfrentado o diferente a otro. Se habla de política, de libertad y de auto-gobierno, no de naciones. Este es el verdadero sentido que realmente defendió siempre la izquierda española anterior al franquismo cuando hablaba del derecho d autodeterminación.

Hay que aprender a distinguir las significados que hay detrás de las palabras en cada momento histórico y conocer la historia para entender las cosas. En España, a mediados del siglo XIX empieza a coger fuerza el federalismo como concepto político. Este federalismo es la evolución de las teorías democráticas y fue la más avanzada de las ideologías burguesas, llegando a su máximo esplendor durante la I república española.
El mayor teórico del federalismo español fue Pi i Margall, un hombre de su época que tenía unas nociones liberales tan avanzadas que llegaban a colindar con los socialismos utópicos. Para Pi las naciones tenían que crearse por la propia voluntad de los hombres y no por una imposición externa y, por tanto, defendía una especie de reinicio de la realidad territorial.
El hombre, desde su sagrada libertad, debía formar grupos humanos con quien quisiese y formar pequeñas federaciones de base basadas en la libre aceptación individual. Después estas agrupaciones se debían juntar con otras agrupaciones para crear estructuras mayores y después estas con otras hasta, finalmente, crear los estados en una especie de macro federación de federaciones que estaría justificada, originariamente, en la libre decisión individual. Esto se llamó “federalismo desde abajo”.
Pi i Margall llegó a ser presidente de la I república española y, cuando estuvo en el gobierno, se dio cuenta que era idea del federalismo desde abajo era muy pura pero  que era inmanejable. Llegó a concluir que para estados formados como el español era mejor el federalismo desde arriba, porque no tenía sentido reiniciarlo todo de nuevo. Su pragmatismo le llevó a crear un proyecto de constitución inspirado en la constitución de los EEUU con 17 federaciones, algo que frustró a algunos de sus seguidores y catalizó la rebelión cantonal en España, que acabaría por hacer inviable la I república.

Cuando finalizó la primera república estos demócratas radicales fueron apartados del poder y los federalistas, ya siempre desde arriba, casi desaparecieron. Pero las ideas de Pi permanecieron en el subconsciente de la izquierda de base española y se entremezclaron con una de las doctrinas obreras que en ese momento se ponían de moda: El anarquismo.
El anarquismo ibérico siempre quiso destruir el estado burgués, pero nunca propuso eliminar cualquier estructura de gestión. Los anarquistas imitaron esto del federalismo desde abajo y lo hicieron suyo como consecuencia lógica de la doctrina anarquista y parte de la revolución obrera. Los anarquistas querían auto-gestión en todos los terrenos, desde las fábricas y las tierras (que serían propiedad colectiva pero no estatal) hasta la estructura del estado, que sin haberse definido claramente era más o menos un reciclaje obrero de ese cantonalismo y ese federalismo desde abajo de Pi i Margall.
Los marxistas no creían en eso, porque los marxistas creían en la dictadura del proletariado y, por tanto, en un estado más centralizado. Pero aún así para los marxistas el estado burgués era el enemigo a batir, el enemigo a destruir y a cambiar por un estado nuevo. El “estado” era algo represivo, no por ser español o estar en Madrid sino por ser burgués, militarista y capitalista. Y ese “odio” al estado se quedó en el imaginario colectivo de la izquierda popular y obrera.
Hay que entender que existe cierto drenaje de ideas en un país como España y entre las ideologías obreras y populares. El “centralismo”, que en Francia o en otros países fue una herramienta para llevar la revolución a todo el territorio, en España se convirtió en un concepto burgués y rechazable, en lo contrario al progreso. Se creó una tendencia centrífuga en que la descentralización y el gobierno local se convirtieron en paradigma revolucionario. Podía haber sido exactamente al revés pero aquí la historia tuvo estas particularidades.

El problema básico de nuestra historia reciente es que la guerra civil creó extraños compañeros de cama y la larga lucha antifranquista acabó mezclando conceptos que no se podían mezclar. Antes de la guerra civil nadie en su sano juicio hubiese pensado que la independencia de Cataluña o Euskadi que proponían los nacionalistas burgueses tuviese algo que ver con esa autodeterminación obrera de la que hemos hablado. Para cualquier izquierdista catalán tan reaccionaria era la Lliga regionalista como el gobierno conservador de Madrid. El nacionalismo vasco era, para toda la izquierda española y vasca, algo reaccionario e indeseable. La creación de una “nación” no era del interés de ningún obrerista o izquierdista. Hasta la propia ERC (menos los residuos del estat català, objetivamente fascistas) no quería una “nación” catalana sino una federación ibérica en la que tener amplísimos poderes de gestión.
Pero cuando las fuerzas democráticas se enfrentaron a ese franquismo que era centralista, católico, militarista y conservador se creó la “trampa reactiva”, es decir, se llegó a pensar que todo lo que se oponía al franquismo era bueno, era un aliado y era defendible. Y por eso muchos en la izquierda antifranquista llegaron incluso a defender a ETA porque, según su infantil visión, ETA luchaba contra el franquismo. Y por eso se produjeron los drenajes que se produjeron, por eso contra el centralismo el federalismo parecía progresista y bueno (cuando tanto el PSOE como el PCE han sido históricamente centralistas) y por eso se produjeron tanta intrahistorias locales en muchas partes de España donde se asumieron cosas inasumibles y absurdas. Total, si nuestros ancestros políticos defendían el derecho de autodeterminación ¿cómo no vamos a defenderlo cuando lo defiende CiU y el PNV? No se entendió nada, y en esas estamos...

Hay que aprender a leer historia, hay que aprender a entender qué se quiere decir detrás de las palabras y no dejarse manipular. Por ejemplo el otro día leía la ley del aborto de 1937 que se aprobó en la España republicana durante la guerra civil. Leerla da terror, porque en algún momento llega a hablarse de “eugenesia a favor de la raza”.
Claro, leído así parece que se esté hablando de una ley de los nazis y no una ley hecha por la ministra de la CNT Federica Montseny. Pero no, hay que aprender a entender las palabras en su contexto histórico, hay que entender que es absurdo pensar en eugenesia a favor de una raza genética en 1937 porque, para empezar, no existían los medios necesarios para poder hacer eso y porque era una ley no impositiva que dependía de la voluntad de la mujer, ¿Qué proyecto eugenésico podía haber?
No, por eugenesia se entendía no dejar nacer a aquellas personas que, en una época de miseria, iban a tener probabilidades de tener graves enfermedades que les condenasen a una vida miserable. Y por “raza” se puede entender algo parecido a “sociedad” o “ciudadanía” o “nacionalidad”, pues raza era un término muy usado antaño para hablar de conceptos para los que hoy usaríamos esas palabras.
Hay que saber circunscribir las palabras a sus significados temporales, e igual que la ley del aborto de 1937 nada tiene que ver con un proyecto nazi, el derecho de autodeterminación del que se hablaba entonces nada tiene que ver con lo que quiere hoy el nacionalismo.

El “derecho de autodeterminación”, presentado con el eufemismo de “derecho a decidir” en Cataluña, hoy tiene un fundamento claro: Presentar a una “nación” (Cataluña) como una entidad independiente de otra nación (España). Es un proyecto que si bien puede no suponer una ruptura política plena si no le interesa a Cataluña, supone decir que catalanes y ciudadanos de otra parte de España son extraños, extranjeros en la tierra del otro y seres culturalmente ajenos y diferentes. Es un proyecto identitario, profundamente reaccionario, fortalecido y catalizado por el odio y el interés económico y fiscal de una parte que busca su interés personal.
Esto, lo que busca el nacionalismo, es exactamente lo contrario al derecho de autodeterminación que defendía la izquierda previa a la guerra civil. La izquierda previa a la guerra civil no fabricaba naciones, no creaba fronteras, no buscaba el egoísmo económico contra los que eran de su clase en la otra punta de España, lo único que quería era disfrutar de soberanía popular, cercana, de poder controlar sus vidas contra un capitalismo burgués que los oprimía, querían simplemente instituciones verdaderamente democráticas y populares y no derribar a una nación burguesa para levantar otra todavía más embebida de sí misma.
En ese momento no había nada ni remotamente similar a un estado del bienestar, no había impuestos redistributivos, no había nada. La izquierda creía que tomando el control del pedazo de tierra que los rodeaba podrían conseguir la autonomía, superar el servilismo económico y conquistar el pan para sus hijos. Y por eso defendían eso. Si la izquierda hubiese sabido que la “autodeterminación” podría valer para que los habitantes de una zona más rica no contribuyesen al bienestar de una zona vecina no es que no lo hubiese apoyado, es que se hubiese levantado en armas contra aquellos que intentasen dejar a los miserables a su suerte. Debemos entenderlo.

Hoy el mundo es diferente. El estado no crea súbditos y élites, el estado lo que vale es para igualar a los ciudadanos en derechos y deberes. Hoy el estado se debe mirar con los ojos de aquellos jacobinos que vieron en él la manera de poder hacer llegar los cambios revolucionarios al último rincón del país, se debe de ver como lo miraban aquellos norteamericanos que vieron en la federación (en oposición a la confederación) la manera de hacer un país entre iguales.
Aquí hay límites que no podemos aceptar y que debemos combatir frontalmente: NO a crear fronteras, NO a poner trabas a la redistribución de riqueza y NO a limitar la igualdad de los ciudadanos. Ahí no podemos entrar jamás, eso es traicionarnos a nosotros mismos.
Y ¿sabéis lo que os digo? Que fuera de ahí lo demás me da igual, es secundario. Con igualdad, libertad de movimiento y solidaridad interterritorial, lo demás que se gestione como la mayoría quiera. Como dijo Baldomero Espartero “hágase la voluntad popular”, a mi las idioteces estas de las banderas no me gusta nada pero si la gente está entretenida creando saraos y perdiendo el tiempo allá ellos.
Pero dejar que el reaccionarismo identitario y la extrema derecha económica sean los pilares que fuercen una ruptura estatal y que catalicen procesos de este estilo, ahí no voy a entrar jamás. Usar el democratismo a modo de dictadura del 51% para conculcar los principios básicos de la sociedad y de la ley no se puede permitir cuando sus objetivos son los de la élite económica y cuando se pretenden resucitar los demonios de la historia europea reciente.

6 comentarios:

  1. Pi y Margall es mi político espalol preferido, con mucha diferencia. Por lo que yo le he leido, él solo concebía un tipo de federalismo, el que tú llamas (o es conocido generalmente como) desde abajo. Para él, el federalismo desde arriba no era federalismo, sino descentralización.

    ¿Dónde has leído que "llegó a concluir que para estados formados como el español era mejor el federalismo desde arriba"?

    Muy buen artículo, por cierto, me gustan mucho este tipo de artículos histórico-políticos.

    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Francisco,

      La conclusión de Pi la saco de sus días de presidente de la república. Cuando quiso implantar el federalismo rechazó la idea de hacerlo "desde abajo" por pragmatismo y porque vio que eso no podía ser en un país ya formado como España.
      Eso no quiere decir que su idea más "pura" o su prefrencia filosófica no fuese el federalismo desde abajo, que lo era, sino que el pragmatismo político le llevó a entender que eso no era posible. El federalismo desde abajo podía ser ideal para crear una nueva nación de la nada, pero no para reestructurar naciones formadas.

      Pi i Margall es un personaje muy interesante porque creo que es la viva muestra de una de mis tesis: Que los socialismos que se llamaron "utópicos" son una evolución natural de las ideas liberales del siglo XVIII y XIX.
      La gente enfrenta liberalismo y socialismo como si socialismo significase estatalismo y liberalismo significase capitalismo oligopolista, y eso no es así. No es más que una idea siemple, producto de las evoluciones más exitosas de ambos conceptos, que ayudan a mantener el esquema simple de la dualidad política.

      Me alegro que te haya gustado.

      Saludos,

      Eliminar
  2. Al igual que Francisco, yo diría que Pi i Margall es uno de mis favoritos políticos que ha tenido España.

    Pedro: Porque el "socialismo" que surgió en el siglo XX fue un socialismo "estatista" o "centralizador" de alguna manera y por eso el fuerte choque con el liberalismo. Pero, muchas de las ideas "liberales" (las reales, las del XIX) en realidad eran "progresistas", entendido en su sentido "progreso del ser humano" por encima de privilegios. En este caso hablo de liberalismo continental, por supuesto.

    Me ha gustado esto, Pedro:

    "Hoy el estado se debe mirar con los ojos de aquellos jacobinos que vieron en él la manera de poder hacer llegar los cambios revolucionarios al último rincón del país, se debe de ver como lo miraban aquellos norteamericanos que vieron en la federación (en oposición a la confederación) la manera de hacer un país entre iguales."

    Porque aquí entramos en la parte que más se ha ignorado en los últimos 50 años -- en su esencia, el liberalismo de antes era un movimiento preocupado por la igualdad -- sobre todo igualdad ante la ley. Hoy , la palabra "igualdad" se ha convertido en una palabrota, pero no hay motivos históricos, al menos para el liberalismo clásico, para temer la palabra.
    Debido además a la influencia del periodismo sensacionalista de ciertos medios interesados, se critica lo que estamos comentando por "estatismo". Lo cierto es que bien administrado, un Estado regido por leyes y siempre que esté alejado del totalitarismo, puede ser una fuerza para el bien.

    Los derechos solo pueden surgir a partir de unas instituciones sociales gobernadas por los principios de justicia, cuando las personas y los grupos toman parte en instituciones justas, adquieren sobre los demás las pretensiones definidas por las reglas reconocidas públicamente.

    Tema "raza"; Sí, totalmente de acuerdo - se usaba en otro sentido. Se decía también "ralea" o "estirpe". España nunca tuvo el concepto "raza" que tuvo EEUU y Reino Unido. En España se usaba "raza" en el sentido que comentas, más bien de "generación".

    "Por eugenesia se entendía no dejar nacer a aquellas personas que, en una época de miseria, iban a tener probabilidades de tener graves enfermedades que les condenasen a una vida miserable."

    Yo estoy a favor de esto -- MUY CRUEL es dejar nacer a un niño que sufrirá toda su vida y encima por puro egoísmo.

    Saludos

    ResponderEliminar
  3. Gran artículo, pero sigo echando de menos que ocurre si el ejercicio del derecho de autodeterminación conlleva un resultado a favor de la escisión. Ha ganado el fascismo local? -la gente no ha sabido ver las "ventajas" de ser español? En un estado europeo tienen algún sentido las naciones creadas o por crear? Estamos en contra de la existencia de Croacia, Letonia, Estonia, Lituania y un largo etc....?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Ricardo,

      No acabo de entender muy bien qué quieres decir cuando hablas del "resultado" de una posible escisión, asumo que preguntas por las consecuencias e interpretación política del hecho.

      Para mi supondría la victoria del nacionalismo identitario (idea reaccionaria) por un lado, y de una suerte de neoliberalismo territorial por otro, porque ambas ideas son necesarias para el triunfo de una posible secesión en Cataluña.

      La primera consecuencia de esto sería el eventual contagio por toda Europa de estas ideas secesionistas, dándose prioritariamente en las regiones con nacionalismo identitario y más renta per cápita media que su estado, y después en las regiones ricas aún no teniendo un nacionalismo histórico (el nacionalismo se puede crear).
      Lo lógico sería que los estados europeos, temiendo el contagio, aislasen a Cataluña, la primera Francia, luego Italia y Bélgica, y posiblemente más estados después.

      Extrapolar todo esto a los casos de los países salidos de la disolución de Yugoslavia o la URSS, o bien a los salidos de la derrota de la triple alianza en la I guerra mundial, no creo que tenga ningún sentido.
      Cada estado de los que existen en Europa se ha creado en un momento histórico distinto, en unas circunstancias históricas distintas y tiene sus propias particularidades y análisis históricos.
      La disolución de la URSS fue apoyada por occidente por su obvio interés.Si la URSS hubiese sido un aliado y occidente hubiese tenido tensiones territoriales parecidas no se hubiese apoyado, pero si hizo por interés, por el mismo interés que no se apoyaría lo de Cataluña.

      Personalmente tengo un principio bastante claro aunque algo indefinido. Excepto en los casos de colonias con una dinámica colonia-metrópolis, o en aquellos casos donde los habitantes de determinado territorio no tengan derechos civiles o políticos, sufran explotación o discriminación racial/religiosa/étnica; en el resto de casos el derecho de secesión no se debe ni conceder ni apoyar.

      Saludos,

      Eliminar
  4. El PP se hizo con la "Generalitat" y con la Alcaldía de Valencia por haber planteado cuestiones que afectaban a la singularidad de nuestra Comunidad o sea nuestra identidad como pueblo, ese proyecto en su época ilusiono a miles de valencianos y valencianas. A día de hoy ya no queda nada de todas esas ideas y la situación de Fabra y del PP es muy difícil; ya que se ha echado encima a todos los que en algún momento les dimos nuestro apoyo y al final nosotros mismos seremos los que acabemos por echarlos.
    No comprendo cómo se ha llegado a esté suicidio político y social por parte del PP. Aunque creo que el desencadénate es la crisis y la corrupción, la gente empieza a darse cuenta en lo que han convertido una región rica y prospera…que alguna vez, fue el motor de la economía de España. Cuando uno no tiene trabajo ni para comer y ven como estos han tirado nuestro dinero pues…alguien tiene que pagar.
    El señor Fabra y el PP han conseguido algo inaudito “cabrear a todos “incluyendo a sus votantes, así como a sus militantes y...no digamos a la oposición.

    ResponderEliminar