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lunes, 27 de enero de 2014

Hablemos de primarias (y III)














¿REPRESENTANTES O LÍDERES?

Para acabar con esta serie sobre las primarias quería hablar de su función real. Hemos hablado de su efecto movilizador, de que abren los partidos a la sociedad y esto es especialmente importante en España y de que representan un sistema de elección de las élites diferente al actual, que se ha demostrado malo.
Pero creo que las primarias tienen un problema inherente o, por lo menos, una contradicción inherente. Se está eligiendo un cabeza de lista o el miembro de la lista, pero al final esto es muy simbólico porque los diputados electos están destinados a defender un programa creado por el partido y por sus órganos de dirección o, en algunos experimentos más avanzados, por sistemas asamblearios.
En los partidos tradicionales el candidato de la lista y el programa electoral son elegidos por el mismo órgano del partido, por lo que se minimizan las posibles discrepancias y hace que el conjunto candidato-programa sea coherente, pero en estos casos de elecciones primarias ajenas al mecanismo de generación del programa electoral las cosas no son tan fáciles.
¿Qué aporta, pues, el candidato? Porque si va a defender al 100% el programa del partido, en términos objetivos (o si preferís la expresión, en el “fondo político”) da igual que haya un candidato u otro, pues van a hacer la misma política. Cambiará la cara, las posibilidades de ser elegido o las habilidades comunicacionales para transmitir y defender las ideas del partido, pero el “fondo” de las ideas no cambia. Se está planteando esto de las primarias de forma un tanto desideologizada.

Vamos a poner un ejemplo para centrar el debate. Pongámonos en las futuras primarias del PSOE e imaginemos que se presentan Beatriz Talegón y Patxi López como candidatos con más posibilidades. Patxi López es un tipo moderado, que ha gobernado apoyado por el PP y que tiene muy buena imagen en los sectores centristas. Talegón, en cambio, es joven, más radical y desea llevar al socialismo hacia la izquierda, hacia políticas más igualitarias y menos “de mercado”.
Bien, estas primarias pueden levantar mucha expectación y pueden movilizar a simpatizantes y afiliados. Es posible que haya un movimiento izquierdista en las bases que apoye a Talegón, un movimiento que crea que el partido necesita un giro a la izquierda e imaginemos que, finalmente, Talegón gana las primarias. Tendríamos una candidata que estaría en el ala izquierda del socialismo.
¿Pero qué realidad se encontraría Talegón? Pues Talegón se encontraría un programa que tendría que realizar el Comité Federal (Rubalcaba y su gente), programa que deberá cumplir y que se ha comprometido a cumplir. Quizá no esté de acuerdo con parte de él, pues le parezca conservador o inmovilista, y en cualquier caso no podrá imponer su percepción ideológica aunque quisiese. Ella ha sido elegida para ser una cara, para defender un programa hecho por otros y su función en muchos aspectos no es más que representativa.
Si ha habido un movimiento “izquierdista” en las bases para que gane Talegón realmente no valdrá para mucho porque el programa, el contenido ideológico del partido que luego se refleja en el programa que realiza el comité federal, se dirimió en ese congreso extraordinario que eligió a Rubalcaba escasas semanas después de que el PSOE obtuviese su peor resultado electoral desde la II república. Talegón o el candidato que salga no sería, pues, una figura ni ejecutiva ni decisiva a no ser que se convocase un congreso extraordinario para elegir un nuevo secretario general. En estos casos se suele hablar de bicefalia pero ¿y si el candidato ni siquiera está en el comité federal o no tiene apoyos en el mismo? No llega a bicefalia...
En definitiva y resumiendo el ejemplo en una sola pregunta: ¿Habría realmente diferencia de contenido político y de programa si ganase Talegón respecto a si ganase Patxi López?

Este es el peligro principal o más bien la posible realidad de las primarias en España. A diferencia de las primarias que se hacen en EEUU para elegir al candidato a la presencia de los EEUU (que eligen al jefe del estado y del poder ejecutivo, con lo que eso conlleva de impronta personal), aquí lo que se está eligiendo en el fondo es una figura representativa con absoluta dependencia del partido, que puede elegir cómo defender las ideas del partido pero no qué ideas defender.
¿Es razonable esto? Pues elegir una figura representativa está bien, elegir a un orador o un comunicador capaz es bueno, pero en el fondo no deja de ser algo simbólico. La política con mayúsculas, el programa, se decide por mecanismos de partido y eso desnaturaliza las primarias a nivel ideológico. Las primarias están en riesgo de convertirse en una cuestión casi cosmética, comunicacional, de merchandising político, sin un contenido real.
Esto puede generar, además, decepción entre las bases. Las bases no suelen votar sólo por cuestiones personales o mediáticas, suelen votar por convicciones ideológicas y, aunque se conozca que el programa está hecho o se va a hacer de una manera determinada independientemente del candidato electo, siempre se tiene la sensación de que un candidato distinto dará al partido ideas distintas. De no darlo, de crearse una posible discrepancia entre el programa y la supuesta tendencia política del candidato ¿No podría ser las primarias incluso contraproducentes a medio plazo?
Cuidado, pongamos una salvedad. Si el candidato de primarias está destinado a ser presidente el gobierno obviamente en ese momento tendría un gran poder, porque en sus manos estaría la posibilidad de elegir ministros y dirigir la política. Pero estamos hablando en general, de primarias que pueden ser para diputados rasos o cabezas de lista, y en cualquier caso hablamos de los compromisos electorales del partido que pueden no ser las convicciones del candidato.

La cuestión aquí es si quedarnos en un mecanismo de primarias simbólico y representativo o, en cambio, ejecutivo y decisor de las futuras políticas. ¿Debe tener el candidato voz, voto y poder para marcar por lo menos parte de la línea política? Habrá que piense que no, que debe ser un fiel defensor de un programa hecho por otros y por supuesto esa es una opción respetable y bastante coherente con lo que se está haciendo. Pero yo no concibo la política como un espectáculo, yo quiero que la voluntad popular expresada en unas primarias influya algo en la política y, por tanto, no me gusta esa cuestión meramente representativa que se me antoja mediática pero falta de contenido.
Mi preferencia es que el candidato elegido tenga “algo” de poder para marcar la linea política ¿Y eso cómo se hace? ¿Cuánto poder político? ¿En qué áreas? Entramos en un terreno complicadísimo, un terreno casi de preferencias personales y en que creo que el equilibrio es muy importante. Si bien creo que un candidato debe poder imponer cierta impronta al programa político por el contrario también creo que un candidato no puede poner patas arriba un partido y proponer lo que le dé la gana.
Hay que buscar un equilibrio que sea adecuado, que no desnaturalice el partido, que no permita a un candidato coyuntural cambiar las bases ideológicas del partido, pero que permita que no se convierta en un mero títere de una política fabricada por otros. Que sí, que alguien dirá que todos los candidatos de una organización piensan de forma muy similar, que van todos a una y bla, bla, bla. Eso queda muy bien decirlo pero no es realista: No hay dos personas que piensen igual y todos tenemos ideas distintas en ciertos ámbitos, ideas que igual han sido las que han hecho que seamos elegidos, que pueden ser matices o preferencias pero que están ahí. No desconozcamos la realidad.

¿Cuál es, pues, el mecanismo adecuado? Pues no lo tengo nada claro pero se me ocurren algunas opciones. La primera y más intuitiva es que el candidato electo debe poder tener voz y voto en la fabricación del programa electoral. Sería un comité de varias personas quien lo haga, pero será importante que se tenga en cuenta la opinión del candidato sobre ciertos temas a la hora de priorizar políticas o introducir temas que no vayan en contra de la ideología del partido.
No sé muy bien cómo articular esto porque no soy político y estoy hablando en abstracto, pero la cuestión sería que el comité encargado de la redacción del programa electoral fuese lo suficientemente inteligente y flexible para introducir ideas clave que promueva el candidato y lo suficientemente rígido para servir como garante de que no se introdujesen cosas ajenas a la naturaleza del partido, pues para eso existen otros mecanismos no electorales.
Se me ocurre también otra manera. En política no todo va en un programa electoral. Hay cosas que suceden durante la legislatura que no estaban contempladas cuando se hizo el programa y en las que hay que tomar decisiones en ese momento. Hay otras cosas en las que, directamente, el partido no tiene una opinión definida. Pues bien, podría establecerse el “poder” del candidato de esta manera: El programa se cumple a rajatabla (pues el candidato lo ha aceptado), pero en las cosas que no estén en el programa él fija su criterio siempre que no vaya contra los valores del partido.
Por supuesto que esto abre múltiples debates. Se entiende que estas propuestas serían para un candidato a la presidencia del gobierno pero ¿qué pasa pues con los diputados o cabezas de lista electos en primarias? Si se les da esta libertad en estos temas no comprometidos ¿no acabaríamos con la disciplina de voto? ¿O debe marcarlos el candidato a presidente del gobierno? ¿Y en los temas que afecten exclusivamente a una Comunidad autónoma? ¿Qué criterio se sigue ahí? ¿Pintan algo los cabezas de lista de las provincias afectadas o es el candidato a la presidencia quien decide? Cada grado de libertad que damos puede traer un problema para la coherencia o gobernabilidad del grupo, así que habría que ser cauteloso con estas cosas.
La solución no es nada fácil y el debate es complicado y muy amplio, pues entronca directamente con un debate mucho más antiguo que habría que tratar a parte: El poder del partido sobre el candidato y la disciplina de voto. Y esto nos llevaría a tener que hablar del sistema electoral vigente, las listas abiertas o cerradas, la representatividad del electo, etc, etc. Demasiado para un escrito sobre las elecciones primarias.


La idea de esta serie era debatir sobre las primarias, su conveniencia y sus diferentes mecanismos. He querido remarcar desde un punto de vista subjetivo qué condiciones mínimas deben tener unas primarias para considerarse como tal y para no ser una cuestión meramente cosmética, y finalmente he hablado sobre el poder y autonomía que podría tener el candidato frente al partido, sin llegar a ninguna conclusión clara en este último punto.
Yo no tengo en la cabeza un sistema de primarias “ideal” y veo muchos puntos conflictivos en cada uno de los modelos que conozco. Los sistemas más cerrados o garantistas son más seguros, los más abiertos son más conflictivos pero también más democráticos y abiertos. Buscar el punto medio entre el partido tradicional y la apertura a la sociedad mediante el partido participativo es complicado.
Pero afortunadamente en España estamos viviendo una época de cambio, una época donde están apareciendo nuevos partidos  y algunos de los que hay están intentando modernizarse. Eso nos va a permitir en muy poco tiempo analizar cada uno de los mecanismos de primarias y poder ver cómo funcionan, qué problemas acarrean y que soluciones se dan dentro de los partidos para balancear la democracia interna con la coherencia en la actuación y el mensaje.

Personalmente soy un gran defensor de las elecciones primarias y concretamente de las primarias abiertas porque creo que es lo que necesita este país en este momento de desmovilización general y en este momento donde la brecha entre sociedad y partidos es más grande que nunca. Los ciudadanos deben presionar a los partidos y hacerlos cambiar desde fuera, sólo así evitaremos llegar a un punto de no retorno.

El grado de “apertura”, el poder y libertad del candidato electo y los mecanismos de control del partido ya no los tengo tan claros. Mi tendencia natural sería ser prudente con estas cosas, pero en esta situación de país y con las urgencias de redemocratización del país no podemos andarnos con medias tintas. Apostemos por mecanismos atrevidos y novedosos, abramos los partidos a la ciudadanía y recuperemos la iniciativa. Si luego sale mal, siempre estaremos a tiempo de revertir los excesos.

4 comentarios:

  1. Bienvenido sea el esperado post. Hay que digerirlo antes de responder, creo que maneja aspectos muy interesantes. Un buen trabajo Pedro y gracias por tu esfuerzo

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    1. Muchas gracias a ti por leerlo y espero tu aportación, porque este último post es muy abierto y poco conclusivo y me interesa mucho cómo lo veis.

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  2. ¡Brillante reflexión! Muy interesante. Divulgo todo lo que pueda.

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  3. Hola Pedro -- te contestaré como es debido a esto en una entrada dedicada a las primarias porque veo que no estamos para nada de acuerdo en el método.

    Saludos

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