La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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sábado, 18 de enero de 2014

La candidatura de Pablo Iglesias y la división de la izquierda














Como todos ya sabréis el televisivo Pablo Iglesias Turrión ha aceptado ser la cabeza visible de una candidatura para las elecciones europeas de la próxima primavera. La candidatura, que por ahora es una plataforma que se llama “Podemos”, está promocionada por el partido Izquierda Anticapitalista (de origen trostkista) y contará con otros intelectuales de izquierda como Juan Carlos Monedero, compañero suyo en el programa de TV online La Tuerka.
La noticia era esperada porque ya se había filtrado alguna cosa, pero al confirmarse la noticia durante el programa Mañanas Cuatro se desató una tempestad. Desde el entorno de IU ha habido muchos que han criticado a Iglesias por “dividir a la izquierda” y han mostrado una hostilidad hacia él bastante ridícula teniendo en cuenta que hasta el día anterior era uno de sus ídolos televisivos. Le han tachado de ambicioso, de personalista e incluso de ser una marioneta del capital para dividir a IU. Algunas de las críticas tenían un tufillo un tanto estalinista, la verdad.

La historia es más o menos la siguiente. Hace unos meses IU ha hizo un llamamiento para crear un frente unido de izquierdas junto con otros partidos y movimientos sociales para oponerse a las políticas “de la troika”. IU se reunió con partidos como EQUO o Izquierda Anticapitalista, con movimientos sociales como la marea verde sanitaria de Madrid o movimientos asociados al 15-M, e intentó articular una candidatura unitaria.
El problema principal en las negociaciones parece que fue la selección de candidatos. La mayoría de fuerzas querían que se eligiesen a los candidatos de esta lista por unas primarias abiertas a la ciudadanía mientras IU parece que no lo quería así. Al final las negociaciones no fructificaron, por la negativa de muchas fuerzas a participar en una candidatura unitaria sin esta condición.
Hace pocos días IU estableció un procedimiento interno para elegir a sus candidatos a las europeas. A pesar de que había fuerzas en IU que apostaban por las primarias (la Izquierda Abierta de Llamazares o la corriente de opinión En Común) finalmente se aprobó un mecanismo un tanto complejo que es algo más participativo que el dedazo soviético pero en cualquier caso no son primarias. Para muchos miembros de IU, sobre todo los que no son del PCE, el resultado ha sido decepcionante.

Es en este contexto donde la “operación coleta”, que es como en Izquierda Anticapitalista llamaban al intento de que Pablo Iglesias fuese su candidato, se ha gestado. Hay una gran parte de la izquierda social y de base que después de la experiencia del 15-M considera que los métodos asamblearios y participativos son inherentes a la propia personalidad de la izquierda, y esta es una de las razones por las que IU no ha tenido éxito en atraerse a las mareas ciudadanas o al 15-M.
En cambio esta candidatura sí que parece que va a ser altamente participativa y dirigida desde la base. A pesar de la aparente contradicción de tener casi un candidato in pectore en una candidatura de esta naturaleza, Iglesias ya ha dicho que tanto la lista como el programa van a ser elegidos de forma altamente participativa por las bases, lo que es coherente con las exigencias y naturaleza de los movimientos sociales.
Pablo Iglesias es joven (35 años), es muy mediático y conocido por aparecer en programas de debate de la Sexta, Cuatro e incluso Intereconomía. Su presencia y conocimiento puede sustituir la ausencia de marca y francamente creo probable que tenga éxito (defino éxito como obtener al menos un eurodiputado).

Hay a gente que le sorprenderán estas peleas, pero creo que no debería. La división de la izquierda post-comunista es algo normal en la mayoría de países de nuestro entorno y, de hecho, tampoco es la primera vez que pasa en España. Ya el PCE sufrió una escisión con la expulsión de los carrillistas a mediados de los 80. Posteriormente, ya siendo IU, la unión de partidos que había generado Julio Anguita en base a un programa común fue disgregándose poco a poco por desavenencias internas, saliendo de la coalición partidos como Nueva Izquierda, el PASOC o Izquierda Republicana.
En otros países de nuestro entorno y muy parecidos a nosotros por nuestro contexto cultural, como Portugal o Grecia, también ha pasado lo mismo. En Grecia la formación Syriza, hoy mucho mayor que el partido comunista griego, se creó por unión de una escisión eurocomunista del partido comunista de Grecia con otros grupos de izquierda minoritarios, mientras que en Portugal el Bloco de Esquerda también se creó del mismo modo, gracias a la unión de una escisión del PCP con otros grupos izquierdistas.
En cierta manera podríamos decir que la escisión de los comunistas es inevitable y lógica. El fin de la guerra fría y del socialismo real está ya muy lejano y las nuevas generaciones tienen en la cabeza una izquierda que poco se parece al marxismo-leninismo. Los viejos comunistas y una parte de las nuevas generaciones (las que están altamente ideologizadas) viven en una ortodoxia casi religiosa donde la revolución y el socialismo tiene que ser y llegar de la manera que ellos digan, que es la de toda la vida y la definida por Lenin. Y esto es un lastre, que en algunos casos puede controlar a los partidos y en otros ser un poder fáctico dentro de ellos que se oponga a cambios radicales de funcionamiento, pero en cualquiera de los casos siempre genera unas tendencias inmovilistas que son letales para la regeneración o refundación de estos partidos comunistas.

Así pues podríamos decir que hay dos izquierdas de raíz marxista o “revolucionaria”. Una es marxista-leninista, obrerista, tradicional, que sigue creyendo en el partido providencia que debe guiar a los trabajadores hacia el socialismo, que piensa en términos de centralismo democrático y en teorías del siglo XX. Es ideológicamente ortodoxa pero conductualmente pragmática.
La otra izquierda es más “popular”, nacida y bregada en las luchas del siglo XXI, que cree en el asamblearismo y en el democratismo, que defiende una revolución hecha de abajo a arriba y no al revés, que se opone al neoliberalismo o al capitalismo por lo que éste hace hoy y no por cuestiones teóricas. Esta izquierda no es ortodoxa ideológicamente pero en cambio sí que es más radical en su conducta y sus exigencias.
Y estas dos izquierdas pueden estar juntas o separadas, pero lo natural es que haya una tendencia centrífuga que las separe. Ante necesidades electorales pueden unirse por pragmatismo, pero sus almas están en polos diferentes. La izquierda “popular” es ascendente mientras que la izquierda comunista está en retroceso.
Hay más izquierdas, concretamente dos más en mi opinión, una verde y otra democratista-indignada (que comparte un espacio clarísimo con la izquierda “popular”), pero estas no son de origen socialista-marxista.

En España vivimos siempre bajo esa consigna que dice que hay que buscar la “unidad de la izquierda”. Yo ya me opuse a esta doctrina justo después de las elecciones del 20-N en este texto, pero voy a volver a repetir argumentos y a actualizar la idea.
Aquí se habla de la “unidad” como si la unidad fuese algo que fuese a dar a la izquierda la mayoría social. Muchos piensan que toda la izquierda unida bajo una voz o programa común podría movilizar a la población pero creo que se equivocan gravemente, de hecho creo que está demostrado que es al revés. Hay excepciones, pero allí donde la izquierda se ha presentado dividida en los últimos tiempos normalmente ha sacado más votos que unida.
Esto es algo lógico. La izquierda muchas veces tiene un defecto y es que lo quiere todo y ya y no sabe priorizar lo importante de lo secundario. Los pequeños partidos pueden estar en coaliciones pero nunca suelen rechazar ninguna de sus aspiraciones máximas, quizá las obvien pero no las aparcan temporalmente, y eso ahuyenta a muchos votantes que son incompatibles con algunos de estos máximos de algunos partidos.
Yo, por ejemplo, no podría votar a una izquierda independentista. Donde esté ERC o Bildu que no cuenten conmigo, yo a eso no juego. Así que si un partido, pongamos IU, quiere unirse con ERC para ganarse sus 300.000 votos lo que provoca es que otros muchos votantes potenciales se alejen de ellos, a veces incluso más que los ganados por la unión. Y quien dice la independencia dice la república, o la nacionalización de la tierra o cualquier otra cosa que muchos partidos no saben ver que son cosas divisivas.

Adicionalmente creo que no estamos entendiendo ni la época ni la sociedad en la que estamos. Estamos en un cambio de ciclo, si no político o económico real sí por lo menos “mental” o “moral”. Por primera vez en décadas se están poniendo en duda muchos de los dogmas que la sociedad había asumido, se está empezando a cuestionar la cultura posmoderna. Hay mucha gente que hoy está abierta a aceptar que la idea de sociedad que le habían vendido no era real, que está dispuesta a cambiar las cosas y a estudiar nuevas propuestas de organización social.
Y a esta gente hay que ganarla. Esta gente debe venir al espacio “del cambio”, a esta gente se la debe ayudar a que vea lo débil de las teorías de “fin de la historia” que nos pusieron delante de los ojos. Por tanto lo importante no es tanto el resultado electoral, más importante si cabe es comenzar a “liberar mentes” que decían en la película Matrix. No podemos permitirnos no movilizar o no convencer de la necesidad de cambio a una sola persona que potencialmente esté abierta a ello, sería un despilfarro. Lo prioritario ahora mismo es la movilización por el cambio.
Y para esta movilización se dé, la "unidad de la izquierda" es un error. Hay gente que se siente cómoda con la candidatura de Iglesias pero que no se sentiría cómoda con los dinosaurios de IU, hay gente que se siente cómoda en un partido ecologista como EQUO pero no en un partido como IU, y hay gente que se siente cómoda en una plataforma ciudadana sin partidos pero que no se movilizaría como fuerza política de haber partidos por medio.
Hay que priorizar, y lo primero es movilizar a todos los que podamos movilizar, por el mecanismo que sea.

Realmente este comportamiento es antielectoral y al final lo que marca la posibilidad de hacer política son los resultados, lo sé perfectamente. Muchas veces me he posicionado a favor de teorías pragmáticas que permitan tener influencia, muchas veces he creído que hay que priorizar la cuestión electoral. Pero en este caso creo que tanto por táctica como por una proyección medioplacista de la situación es mejor la disgregación, por varias razones.
Las elecciones europeas tienen una ventaja sobre las demás: La circunscripción única. El las elecciones europeas España elige 54 eurodiputados en circunscripción única, lo que quiere decir que con llegar al 2% de los votos una candidatura puede conseguir un eurodiputado. Paradójicamente para un partido pequeño de implantación nacional es más fácil conseguir un eurodiputado que un diputado en las elecciones generales (que implica sacar casi un 3% de votos en Madrid) o en las elecciones autonómicas (con barreras electorales entre el 3 y el 5%).
En estas elecciones, pues, la disgregación no importa (excepto en casos claramente residuales), pues la proporcionalidad es casi total. Conseguir hoy un diputado al parlamento europeo puede dar presencia mediática y “política” a una serie de partidos y coaliciones que hoy no la tienen porque no tienen representación. Por ejemplo, es altamente probable que EQUO consiga por lo menos un eurodiputado. Esto es muy importante para ellos porque les va a dar una presencia que no tienen, van a conseguir darse a conocer, poder transmitir su discurso y valores y así poder crecer. Quien dice EQUO dice otros partidos en la misma situación.
Y no es sólo eso, es una cuestión psicológica del electorado. Los ciudadanos españoles tienen la sensación de que las elecciones europeas no valen para nada y, por tanto, no prestan especial atención a aquello del voto útil y a quien gana, porque consideran que no tiene aplicación real para sus vidas. Esto lleva a que la participación baje, a que el voto de castigo aumente y todo ello favorece a los partidos minoritarios, que se pueden alzar con un porcentaje de “poder” bastante decente.

Pero más allá de la ventaja electoral de las elecciones europeas hay algo que yo considero muy importante. En unas elecciones así, con menos autocensuras y cálculos para votar, es en donde podemos ver realmente qué apoyo de verdad tiene cada uno de los movimientos políticos. En el caso de la izquierda yo creo que esto nos puede valer para ver cuanta fuerza real tiene IU, cuanta tiene EQUO, cuanto apoyo tiene este tipo de izquierda popular e indignada de Pablo Iglesias e incluso qué fuerza tiene una plataforma democratista y desideologizada como el Partido X.
Y eso nos dará una visión real de cómo está la izquierda en este país (y lo que no es la izquierda, ojo, que es igual de interesante). Y si el día después de las elecciones europeas tenemos a IU con, por ejemplo, 7 eurodiputados, a EQUO-Compromís con 3, a la plataforma de izquierda de Iglesias con 3 y al partido X con uno, pues entonces ya sabemos donde está cada uno y desde ahí se podrá comenzar a trabajar.
Los partidos pequeños tendrán su fuerza, su presencia y su posibilidad de extender su mensaje, que recuerdo según mi tesis es lo que interesa. Y cuando se vaya a una nueva negociación para las elecciones generales o autonómicas, donde el factor electoral sí pesa mucho más y probablemente sí sea lógico y razonable ir a una candidatura unitaria por lo menos donde no haya posibilidad de conseguir nada por separado, entonces habrá unos datos detrás para negociar en condiciones.
Porque entonces se sabrá si lo que propone Pablo Iglesias realmente cuenta que el beneficio de la población, si la democracia radical de EQUO ha tenido éxito, y entonces se podrá negociar con IU de tú a tú, sin tener que aceptar un puesto 35 en la lista que puede ser considerado humillante para muchas de estas fuerzas. Quizá, si los partidos como EQUO o la plataforma Podemos de Iglesias tienen éxito, los dinosaurios de IU se den cuenta que, o se adaptan a las demandas sociales o van a ser desplazados poco a poco por una izquierda más moderna.

Yo estoy absolutamente a favor del paso que ha tomado Pablo Iglesias por todas las razones comentadas. Si esta nueva plataforma puede movilizar a miles o centenares de miles de personas que no se hubiesen movilizado en otra situación para mi ya es un gran éxito y una gran aportación la que se ha prestado al país. Movilizar, convencer, volver a crear, romper los dogmas establecidos, eso es lo fundamental, lo primero, sin eso no hay nada.
Creo que en la actual situación la plataforma Podemos encabezada por Pablo Iglesias tiene altas probabilidades de éxito y va a dar mucho que hablar en los próximos meses. Personalmente les deseo lo mejor, tanto a ellos como a otras fuerzas nuevas que se presentan a estas elecciones. Y ya veremos si lo que provoca Iglesias no acaba siendo un verdadero terremoto que agite los cimientos de la izquierda de forma radical, que no estaría mal.   

8 comentarios:

  1. Ya había oido hablar de este partido, pero a raíz de este artículo me he animado a leer su manifiesto y la verdad es que es un escándalo. Pensaba que este partido iba a proponer cosas serias y me he llevado una gran decepción: no son más que una mancha de hippies porreros.

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    1. Una "mancha de hippies porreros". Eso es tener la mente abierta, si señor... ;-)

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    2. ¿Dónde está eso de los hippies porreros, para apuntarme?

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  2. Tener una mentalidad abierta no es excusa para tolerar la indigencia intelectual y moral. La izquierda tiene dos modelos: Venezuela o Suecia. Yo tengo claro cual prefieren ellos y cual prefiero yo.

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    1. Uno de los firmantes del manifiesto, Juan Carlos Monedero, es (o ha sido) asesor del gobierno Venezonalo. Yo no conocía tú súbita afección por el modelo sueco, me ha sorprendido ;-)

      Respecto al manifiesto. Pues hombre, alguna cosa irreal tiene, pero no todo. Los puntos 3,4,5 y 6 los defiendo casi plenamente. Hay algunas cosas muy difíciles de aplicar y que no veo nada claras, como el punto 1, el 9 y el 10. Y finalmente hay puntos que no me gustan nada por absurdos y contrarios a mi percepción, como el 2 o el 8.

      Saludos,

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  3. Me gusta el concepto de proteger al trabajador y no al puesto de trabajo: un mercado laboral dinámico, protección social en caso de desempleo y posibilidad de formación o reciclaje.

    Ayer le comentaba a unos amigos que probablemente los dos puntos que echarían más para atrás serían el 1 y el 2: el primero echará para atrás a todo el que tenga dos dedos de frente, el segundo a mucha gente de izquierdas que, independientemente de las necesidades de regeneración, siga teniendo un sentido o concepción nacional de España.

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    1. Entiendo. Bien, sabes que no tengo especiales discrepancias con esos principios que has dado.

      Yo considero que el punto 2 es un grandísimo error. El punto 1, en cambio, puede no ser un problema si luego se desarrolla de forma coherente, me explico.
      El problema principal a la hora de declarar una deuda ilegítima es que aunque puedas identificarla no puedes impagarla "castigando" al que te la concedió. Ahora mismo no hay un prestamista y un deudor como podía haber en otras épocas sino hay un mercado internacional en el que se vende una deuda, se compra por parte de unos inversores, y luego se produce una cadena de ventas y reventas.
      En este contexto identificar una deuda ilegítima e impagársela a quien te la ha comprado para especular no es posible, tanto porque puede ser complicadisimo identificar el objetivo de la emisión de deuda como porque esa deuda estará probablemente en otras manos que no son las originales.
      Tal y como se simplifica esto se le hace creer a la gente que es posible impagarle una deuda ilegítima a un especulador, pero eso no es así. Podrías generar un problema, acabarías perjudicando a gente que no tiene la culpa (gente con planes de pensiones, por ejemplo) mientras los verdaderos especuladores probablemente se saldrían de rositas.

      Pero esta realidad tampoco nos puede hacer perder de vista algo fundamental: O hay una nueva revolución industrial que multiplique la generación de riqueza, o la deuda que hay acumulada no se va a poder pagar nunca. Se podrá sostener mediante una refinanciacion a bajo interés, pero pagar no se podrá.
      Así pues al impago vamos seguro y a un proceso de renegociación de la deuda como ha pasado en otros países también. Pero esto probablemente se hará de una manera más ortodoxa.
      Otra cosa es que hayan compromisos del estado con acreedores, empresas, instituciones o corporaciones que se hayan contraido contra el interés general, entonces sí que puede tener soluciones particulares basadas en la ruptura de los compromisos, pero eso no afecta a la gran mayoría de la deuda pública emitida que no puede ser gestionada bajo ese procedimiento.

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  4. Dos dedos de frente y concepción nacional de españa, un oximorón.

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