La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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domingo, 9 de febrero de 2014

Una mayoría de cambio en Espacio Público

















El jueves pasado hubo un muy interesante debate organizado por Espacio Público, foro de debate del diario Público, sobre si se puede “organizar una mayoría social que consiga dar un vuelco en el panorama político de nuestro país”. A este debate fueron invitados miembros de las distintas fuerzas de “izquierdas” que hay en nuestro país, algunos de ellos personalidades muy relevantes.
Los invitados fueron Antonio Carmona (del PSOE, próximo a Tomás Gómez), Pablo Iglesias (líder de la iniciativa Podemos), Juantxo López de Uralde (co-portavoz de EQUO), Enrique de Santiago (secretario de refundación y movimientos sociales de IU), Beatriz Talegón (secretaria general de la Unión de juventudes socialistas), Esther Vivas (miembro de procés constituent de Catalunya y ex de Izquierda Anticapitalista) y Sergio Salgado (miembro del Partido X).
Podéis ver el vídeo del debate aquí.

Con todas estas personalidades y partidos representados el debate se presentaba muy interesante. No estaba nada claro por donde evolucionaría el debate, es decir, si se llegaría a una especie de consenso sobre métodos y objetivos prioritarios y si bien pasaría lo contrario, saldría la tradición cainita de la izquierda y acabarían a navajazos dialécticos los unos con los otros.
Hay que darse cuenta del amplísimo espectro que estaba presente allí. Desde Antonio Carmona, que al final no deja de ser el típico político profesional del PSOE de toda la vida, hasta Sergio del Partido X, que presumiblemente se iba a situar al margen de los partidos políticos tratando a estos como estructuras obsoletas. Y entre ellos unos amplios tonos intermedios de partidos más o menos abiertos y más o menos radicales. También podía ser un problema la presencia de Esther Vivas, comprometida hoy con el independentismo catalán, que en un debate que intentaba la “unidad” pues no parecía el mejor aval.
El moderador en su discurso inicial habló de “movimentismo”, intentando definir a aquellas fuerzas que querían pasar por encima de los partidos y entendían la política como un movimiento social (Partido X y en menor medida Podemos), y el “partidismo”, que defenderían aquellas fuerzas que seguían pensando en el partido casi como el único vehículo para hacer política (PSOE e IU). Me pareció muy acertado el comentario porque este es uno de los grandes debate de la “izquierda” actual y una de las causas de su centrifugación.

Comenzó el debate Carmona, usando un estilo típico de contertulio televisivo y zorro viejo de la política. No recuerdo que nada de lo que dijese fuese especialmente interesante, más allá de diversas ambigüedades y lugares comunes sobre la participación ciudadana y la unión de la izquierda. Quizá lo más interesante que dijo fue lo de promocionar presupuestos participativos y participación ciudadana mediante las asambleas de barrio, lo que demuestra que está pensando más en su posible candidatura a la alcaldía de Madrid que en otra cosa.
Quien intervenía después de Carmona en cada una de las tandas era Pablo Iglesias. Tengo que decir que cada vez me sorprende más el estilo de Iglesias, que parece hechizar al público. Combina de forma extraordinariamente hábil el estilo de profesor universitario con el de comunicador televisivo, y todo esto lo hace con un lenguaje joven coherente con los 35 años que tiene. Es paciente, bastante educado y no pierde la calma jamás. El público estaba rendido a él y fue, sin duda, el más aplaudido.
Sin embargo observo un cambio importante en el lenguaje de Iglesias desde que encabeza de iniciativa Podemos. Su lenguaje tradicional, bastante marxista y “de clase”, ha evolucionado hacia un lenguaje transversal, movimentario, dejando las etiquetas en el cajón para dirigirse a toda la población. No llega a usar eso de “ni de derechas ni de izquierdas” pero si está muy cerca del “somos el 99%” o “los de abajo contra los de arriba” y hace muchas referencias a que “la izquierda no es una religión”, intentando alejarse de ortodoxias dialécticas. Hay quien dice que el lenguaje de Iglesias es posmodernista. Yo no lo creo, creo más bien que es el más óptimo para dirigirse a una población que ha vivido tantos años en el posmodernismo, que es distinto.
Iglesias habló de puntos concretos e ideas concretas y no de principios de izquierdas o de ideologizaciones inconcretas. Sacó el decálogo y sus ideas principales (muy hábil dejando de lado la cuestión de la autodeterminación) y dijo algo que creo define perfectamente este nuevo estilo y sus objetivos: “Quién esté de acuerdo con estos puntos es mi aliado, me da igual en qué partido milite o cómo se defina”.

Querría concentrarme en uno de los puntos que Pablo Iglesias sacó en el debate, que fue que si nos echaban de la UE (?) tendríamos que salir del euro y devaluar la moneda. Esto era bastante coherente con una idea repetitiva en su discurso de que el sur de Europa estaba sometido al “imperialismo” alemán y a una estructura “colonial” dirigida desde Bruselas. Lo dijo muchas veces y el público estaba encantado. Pero hay que tener cuidado con esto.
Mirad, yo soy el primero que clamo contra la opresión política que viene desde Berlín y este austericidio al que estamos sometidos, así que no soy sospechoso de nada. Pero el lenguaje de Pablo no me gusta en este punto, me resulta populista y creo que tiene dos problemas básicos. El primero de estos problemas es que al usar la palabra imperialismo puede dar la sensación de que hay una nación o un “imperio” (Alemania) que se extiende imperialmente y de forma nacionalista sobre el resto de Europa. Este lenguaje confunde una opresión nacionalista-imperialista con otra ideológica-económica, y eso puede ser muy efectista pero creo que no debemos caer ahí.
La opresión que hay sobre el sur de Europa no es nacionalista ni imperialista en un sentido tradicional. No nos quieren convertir en una colonia política estándar ni acabar con nuestra cultura. La naturaleza de nuestra opresión es más bien una cuestión ideológica y económica, es el sometimiento de nuestras naciones al neoliberalismo, la intención de que destruyamos nuestro estado del bienestar y la protección al trabajo, la intención de que nos convirtamos en un BRIC con escuálidas clases medias, unos pocos ricos muy ricos y una gran masa de trabajadores luchando cada día para no caer en la pobreza.
Este modelo no es “alemán” per se, este modelo proviene de una ideología internacional que comparten los bancos alemanes con señores que trabajan en el piso 85 de una torre de Manhattan, con nuevos multimillonarios chinos y con inversores de la City de Londres. Es una ideología sin nación, que quiere extender ese modelo BRIC por todo el mundo. Nosotros somos el objetivo, Italia, España, Grecia y Portugal son el frente de batalla, pero la guerra quiere acabar también con el estado providencia francés, con la flexiseguridad nórdica e intentará acabar también con la protección social existente en distintos estados de los EE.UU.
Esto hay que entenderlo y hay que saber que los jubilados alemanes que cobran una ruina de pensión o los millones de alemanes que tienen minijobs no son nuestros enemigos sino que son potencialmente nuestros aliados. Si no lo son ahora es porque el lenguaje nacional y nacionalista nos tiene a todos enfrascados en batallas que no nos dejan ver el mapa completo. Y mal haremos si, por intentar facilitar que nuestro mensaje llegue al amplio público, acabamos insuflando pulsiones nacionalistas a la gente.

La segunda razón por la que no me gusta el discurso de Iglesias en este punto es porque creo que se está hablando muy alegremente de salir del euro. Mirad, yo creo que nunca se debió entrar en el euro, pero una vez dentro tengo dudas de si es mejor salir o quedarse dentro. Este asunto me da muchos quebraderos de cabeza pero es un asunto tan difícil que no logro ver una opción preferente o clara. Estar dentro del euro nos está matando poco a poco pero salir fuera sería de unas consecuencias durísimas para nosotros.
Cuando Pablo plantea salir del euro, devaluar la moneda, impagar la deuda y renegociarla, reindustrializar el país y aplicar una potente política redistributiva a favor de las clases más bajas, etc. plantea esto como un todo. Pero hay que pensar cuales son las consecuencias de este “todo”, hay que intentar proyectar cual es el posible escenario que nos encontraríamos ante esta situación.
Una salida del euro conllevaría automáticamente la devaluación de la nueva moneda y el impago, porque la deuda en dólares o en euros se convertiría en impagable y la posibilidad de refinanciar esta deuda sería nula. Habría que ir a una renegociación de la deuda, asumir una importante devaluación de los ahorros de la población y aceptar que los mercados de deuda se cerrarían. Nos empobreceríamos y tendríamos que asumir que habría que vivir con lo que el país produce durante unos años. Habría devaluación de ahorros, recorte de pensiones, nóminas públicas y prestaciones por desempleo y generaríamos una alta inflación.
Todo esto se puede asumir, es decir, ante un proyecto positivo de país igual vale la pena vivir en estas apreturas durante un tiempo, más que nada porque parece que vamos a lo mismo pero de forma más suave y medioplacista. Pero tenemos que saber qué queremos hacer después, hay que tener un plan para hacer resurgir el país y para eso hay que tener claro un punto básico: Qué vamos a fabricar y qué vamos a vender al resto del mundo cuando esta situación se dé.
Mirad, Argentina impagó deuda en 2001 y le fue relativamente bien. El país se reindustrializó y vivió por sus propios medios hasta prácticamente ahora. Pero Argentina es un país grande y rico en recursos naturales, que tiene petróleo, genera alimentos para 300 millones de personas y exporta soja y otras muchas cosas. La devaluación les permitió exportar más, y se pudo reindustrializar el país gracias a todo lo que generaban y exportaban.
Pero España no es un país tan rico en recursos naturales ni tan grande. Así que nos tenemos que preguntar ¿somos autosuficientes? Y la respuesta es no. Necesitamos al mundo exterior, necesitamos petróleo y gas, necesitamos maquinaria y tecnología, necesitamos muchas cosas que tenemos que comprar. Obviamente tenemos muchas cosas que vender, empezando por el turismo y pasando por la industria agroalimentaria y otras importantes. Pero hay que analizar muy bien esto, hay que ver cómo vamos a generar lo que queremos generar, cómo vamos a reindustrializar y cómo vamos a pagar esa redistribución de la riqueza que Pablo Iglesias plantea.

Mi miedo en todo esto es que no sé si tenemos eso previsto, no sé si somos conscientes de las consecuencias de salir del euro y no sé si quizá estamos haciendo las cosas al revés, es decir, que quizá fuese mejor idea preparar el país para la salida del euro antes que salir a trompicones. ¿Podremos importar la energía que necesitamos a precios razonables? ¿Podremos reactivar la industria perdida? ¿Qué consecuencias tendrá para nosotros la salida del mercado común? ¿Tenemos margen para poder realizar una política agrícola diferente a la marcada por la PAC?
Y un punto muy importante: Este tipo de revolución económica, el salir del euro, impagar deuda, nacionalizar los servicios básicos y la banca (con el consecuente perjuicio para los inversores extranjeros...¿No nos llevaría una marginación en este mundo? ¿No nos castigarían el resto de países a nivel comercial, debido a la presión de sus clases dominantes? Cuidado, haciendo todo lo que plantea Pablo esto es una posibilidad que hay que valorar.
Y esto habría que resistirlo, esto que quizá sí que haya que hacer tiene que tener asociado un plan que permita que el país y el bienestar de la población no se hunda, porque sino estamos haciendo el primo. Y vuelvo al mismo punto ¿somos lo suficientemente autosuficientes como para poder resistir esa política de castigo a la que probablemente nos someterían? ¿Tenemos aliados para superar nuestra dependencia?
Es por todas estas cosas por las que el sujeto político en el que hacer una revolución como ésta debe ser fuerte y lo más independiente posible. Y quizá ese sujeto que puede ser lo suficientemente independiente y lo suficientemente poderoso para poder conseguir que esta revolución sea positiva no es España, quizá es Europa (o parte de Europa).
Lo entiendo, queremos revertir esta lucha de clases que el capitalismo internacional ha reiniciado para quedarse con la mayor parte de la riqueza, queremos hacer muchas políticas distintas pero es fundamental acertar con el sujeto donde hacer esta revolución. Y yo estoy de acuerdo, pero a lo mejor necesitamos que sea en Europa este sujeto, no España.

Siguiendo con el respaso de los ponentes a quien le tocaba hablar después de Pablo Iglesias era a Juantxo López de Uralde. Juantxo remarcó los dos ejes básicos que les diferencian o definen respecto a las fuerzas que allí estaban presentes: La ecología política y los métodos de partido abierto y democracia directa.
En mi opinión EQUO representaba, en ese entorno y en esa conjunción de partidos, el “centro”. A nivel “ideológico” ni está en posiciones tan radicales como puede ser Izquierda anticapitalista o IU ni está “dentro del régimen” como el PSOE, y a nivel de apertura a la sociedad y a los movimientos sociales (lo que hemos hablado de movimentismo vs partidismo) está también en una posición intermedia, ni es un partido “cerrado” como PSOE o IU ni es un movimiento ciudadano y absolutamente asambleario como el Partido X.
Personalmente esto me gusta. Estamos en una época de cambio pero es importante no hacer el cambio por el cambio sino hacer un cambio con criterio y en la dirección adecuada. Como remarcó Juantxo en algún momento de sus intervenciones el cambio no tiene que ser necesariamente bueno, puede ser a peor y hay que tener mucho cuidado con eso. Todos estos movimientos tienen buenas intenciones pero creo que nos enfrentamos a dos peligros básicos que podrían surgir, uno es el “dogmatismo” ideológico y otro es el “democratismo” por encima de cualquier otra consideración (respeto a las minorías, pragmatismo, etc.). Y en este contexto creo que EQUO sabe muy bien donde están los límites de cada uno de estos ejes.
Si tengo algo que criticar a EQUO en este debate es lo contrario que a Pablo Iglesias, es decir, su excesivo europeísmo. Si Pablo hablaba de salir del euro y de la UE con ciertas dialéctica que me recuerda al nacionalismo y con excesiva alegría, la gente de EQUO quizá peca de lo contrario, de ni siquiera planteárselo. A mi me parece bien el europeísmo de EQUO lo que pasa es que eso puede bloquear cualquier planteamiento de “bloques” dentro de la UE que desgraciadamente hoy puede ser necesario, y cuando hablo de bloques hablo de alianza de los países del sur.
Hace unas semanas asistí a un acto de las primarias EQUO y, intentando poner en aprieto a los aspirantes, les pregunté sobre una posible alianza de los países del sur de Europa. La pregunta era una “cabronada”, porque habían estado todo el debate hablando de que Europa éramos todos, de que necesitábamos más Europa, etc, etc. Y esta pregunta los acorralaba (porque tampoco podían ponerse una venda en los ojos ante el evidente castigo a los países del sur). Las respuestas oscilaron entre una euro-afinidad con poca crítica hasta una respuesta bastante confusa e “intermedia” de Reyes Montiel, que aceptaba la problemática como una contradicción y se notaba que le resultaba difícil dar una respuesta simple a este asunto.
En fin y volviendo al debate, Juantxo estuvo bastante bien en líneas generales, algo difícil para alguien a quien le tocaba hablar después de Pablo Iglesias.

En el centro de la mesa de debate estaba Enrique de Santiago de IU. Enrique de Santiago no me gustó nada, más que por el fondo por la forma, aunque el fondo tampoco me entusiasmó. Tiene una forma de hablar bastante chulesca y en cierta manera le veía con cierta pose de superioridad respecto al resto de debatientes. Su oratoria me resulta antigua y eso combinado con esas formas chulescas (que igual son involuntarias, ojo) creo que no da buena impresión.
Habló mucho de unidad, movilización, lucha de clases y todo en un discurso calcado del que podía tener un comunista de hace 35 años. Muchas de las cosas que dijo son ciertas, pero escuchándole entiendes por qué IU no llega a un 15% de voto en una situación tan complicada como la actual, con 6 millones de parados, millones de jubilados bajo el umbral de la pobreza y gente pobre a pesar de tener trabajo.

También estaba en el debate la famosa Beatriz Talegón. Empezó recibiendo aplausos, quizá hablando cara a la galería y diciendo las cosas que el público quería escuchar, de hecho Pablo Iglesias le dijo, no sé si con un punto de sorna, que después de lo que había dicho ahí en el PSOE habrían puesto “precio por su cabeza”. Remarcó mucho que una cosa era la cúpula del PSOE y otra sus bases, intentando expresar con orgullo el izquierdismo de la militancia socialista.
Pero Beatriz creo que tiene un problema con su discursos o declaraciones. No sé si es que no piensa las consecuencias de lo que dice o quizá que, al tener que diferenciarse mucho de la historia de su partido pero a la vez defenderlo, cae en contradicciones y al darse cuenta pierde la serenidad en el discurso. Sea por lo que sea, al final siempre dice algo improcedente o ilógico, y acaba quedando mal.
Quiso marcar tanto su visión personal en contra de la del partido que acabó diciendo alguna cosa absurda. Por ejemplo propuso que la participación en una guerra se decidiese por referéndum. Claro, en un contexto donde las guerras dirigidas por una coalición internacional (pongamos la OTAN) suelen durar poco más de un mes, lo lógico es que acabe la guerra antes de que puedas hacer el referéndum. Dijo alguna otra cosa cogida un poco con pinzas y me parece a mi que Beatriz no tiene realmente meditadas estas cuestiones.
Pero su mayor error fue cuando dijo, refiriéndose al chico del Partido X, que algunos deberían ser “transparentes”. Eso fue un error, porque Sergio del Partido X le exigió que hablase claro y Beatriz le respondió algo así como que detrás del Partido X habían intereses ocultos o una mano negra. Sergio Salgado le respondió que las cuentas del Partido X están en internet (es cierto, de hecho hay una chica dedicada a subir todos los gastos a la web) y que era una vergüenza que alguien del PSOE, partido condenado por financiación ilegal en el caso FILESA, acusase a otros de financiación ilegal sin pruebas. El público se puso al lado de Sergio y muchos pitaron a Talegón.
No es la primera vez que Beatriz hace estas cosas. Ya dijo una vez que detrás del 15-M estaba la derecha y se le criticó mucho por ello. Yo no puedo comprender como por segunda vez cae en el mismo error. Parece como si alguien le hubiese dicho cualquier rumor y ella lo extendiese sin comprobarlo, sin darse cuenta que es un personaje público relevante y esto daña a su imagen. Por cosas como estas digo que hay cosas de esta chica que me resultan incomprensibles.

Esther Vivas era quien hablaba después de Talegón. Esther es una activista social conocida, que se presentó como cabeza de lista de Izquierda Anticapitalista a las europeas hace 5 años y que hoy está volcada en el procés constituent de Catalunya. No es que estuviese mal en sus intervenciones (no me llamó la atención ni en positivo ni en negativo) pero creo que su presencia era un poco rara en ese debate.
En un debate cuya base es constituir una mayoría social de cambio, resulta que tenemos un debatiente que está volcado con el proceso de independencia de Cataluña (procés constituent ha pedido un doble sí en el hipotético referéndum). Cada uno puede defender lo que quiera, faltaría más, pero estar buscando consensos y fórmulas para buscar la mayoría con alguien cuya principal preocupación actual es separarse del resto de personas que había en esa sala parece un contrasentido. Como el debate no iba sobre la independencia o la autodeterminación nadie importunó a Esther por sus referencias a la cuestión y, además, ella estuvo muy constructiva. Pero insisto, el “o nos unimos o nos comen” de Talegón me parece que tiene una frontera infranqueable con gente como Esther que, ahora, tienen otras prioridades.
Está gente de procés constituent de Catalunya quiere independizar Cataluña pero, también, crear un tipo de república “social” y casi revolucionaria. Hay un imaginario colectivo que defiende mucha gente independentista pero que dice no ser nacionalista y que no es “neoliberal”, que dice que la independencia es necesaria porque es una manera de romper el statu quo y que es un mecanismo para catalizar la creación de un estado verdaderamente diferente en interés de la población. Es un poco aquello de que los cambios se pueden hacer más fácil desde lo más pequeño.
Pero aquí tengo que volver a oponer las mismas dudas que he expresado con la propuesta de Pablo de salir del euro pero multiplicadas por mil. Porque si tengo dudas de que en este momento se pueda hacer una “revolución española” que, saliendo del euro y de la UE, convierta esta tierra en un estado justo y redistributivo, y esas dudas vienen precisamente por la gran dependencia de España del exterior, no puedo más que decir que el planteamiento de una “revolución catalana” que cree una nueva república izquierdista es tan peligroso que da miedo que nadie se esté dando cuenta de esto.
Nuestro mundo nada tiene que ver con el de hace 70 ó 150 años, hoy en día estos experimentos están destinados al fracaso. Si Cataluña pudiese finalmente independizarse de España la situación más probable que se nos encontraríamos es un estado neoliberal al servicio de los grandes poderes internacionales cuando no un paraíso fiscal directamente. Yo creo que no hay izquierdista que pueda aceptar esto ni arriesgarse a un escenario tan probable, pero lamentablemente creo que aquella frase de Lenin sobre la “enfermedad infantil del socialismo” se puede aplicar perfectamente a los izquierdistas-independentistas de hoy.

El que cerraba los turnos era Sergio Salgado, del Partido X. Tengo que decir que el chico me gustó bastante. En cierta manera estaba en una posición enfrentada a casi todos, porque era el principal defensor del movimientismo y de que los partidos estaban superados. Habló de la “izquierda” como una etiqueta “caducada” y dijo que el momento de la unidad de la izquierda ya había pasado, que ahora la ciudadanía estaba en otra cosa, en tomar el poder por si misma prescindiendo de las etiquetas.
Desde que empezó a hablar le salió una antagonista clara, que fue Beatriz Talegón. Además del triste caso comentado antes, Talegón siempre marcaba eso de ser y definirse de “izquierdas” como un valor necesario, en clara puya al partido X. Sergio también le lanzaba puyas al PSOE, hablando bastante jocosamente de ese partido y de que estuviesen hablando de cambio y de mayoría social cuando habían hecho lo que han hecho en el pasado reciente. A Talegón se la veía visiblemente incómoda ante cada comentario de este estilo.
Sergio Salgado es un gallego muy irónico y el público, que le trató bastante bien, se reía mucho ante cada una de sus puyas a los partidos tradicionales. Estuvo bastante bien aunque creo que tenía un tono bastante arrogante y esto de hablar en nombre de “la ciudadanía” no me acabó de gustar.

Talegón y otros (gente de IU, por ejemplo) tratan de fascistas o falangistas a esta gente del partido X por decir que no son de derechas o de izquierdas. Algunos más moderados no llegan ahí, pero dicen que son unos niñatos cabreados. Se les quiere poner en el campo de los enemigos, de gente que resta votos a los que quieren un cambio real, pero creo que se equivocan.
Este lenguaje transversal de no ser “de izquierdas ni de derechas” tiene una ventaja fundamental y gente inteligente como Pablo Iglesias ha sabido verlo. Tenemos millones de jóvenes en este país que están jodidos, que están en paro o cobrando 700 euros al mes, que no tienen aspiraciones de mejora o se ven obligados a emigrar, jóvenes que en definitiva son un electorado potencial para políticas de cambio. Sin embargo muchos de ellos son de familias conservadoras, son gente a los que sus padres les han dicho que los rojos mataban curas y quemaban iglesias y que son gente que quieren acabar con la nación. Y eso, nos guste o no, se clava en la mente y es difícil de superar.
La mejor manera de movilizar a esta gente en unas políticas de cambio puede ser evitar etiquetas antiguas que les hagan alejarse por sus fobias heredadas. Un discurso transversal pero con políticas orientadas a la justicia social puede movilizar a esta gente, como por ejemplo pasó en el 15-M. Y si alguien hace esto, como lo está haciendo el Partido X, como lo intenta Iglesias o como de alguna manera también le gustaría a EQUO, por el bien de todos lo mejor es dejarles hacer y no hundirlos.
Repito por milésima vez que lo que importa ahora mismo es movilizar cuanta más gente mejor y ganar la hegemonía como decía Gramsci. Y esta gente y estos mecanismos ayudan a eso, y por tanto hay que ser pacientes y comprensivos. Yo no he visto por ahora nada que me haga pensar que el Partido X no esté en el mismo camino político que yo, a pesar de que por supuesto hay diferencias y hay cosas que no me gustan o me parecen potencialmente peligrosas. Pero en la mayoría de cosas coincido aún con matices, y si ellos movilizan un millón de jóvenes a favor de una política de redistribuir la riqueza, recuperar la soberanía popular, paralizar los desahucios o garantizar la educación pública pues por mi parte no queda más que felicitarlos e intentar ponerme de acuerdo con ellos.


Este ha sido el resumen de la jornada organizada por Espacio Público desde mi particular punto de vista. Muchas personalidades, ideas distintas, métodos distintos y un objetivo en abstracto común para todos: Cambiar las cosas.
¿Se llegará a algún tipo de consenso? ¿Se unirán todas estas fuerzas? Pues la respuesta es No. Había gente demasiado distinta, partidos y movimientos que van en ondas diferentes y que no van a poder converger. Esto no es malo per se, es decir, a veces es mejor no montar uniones de cosas inmiscibles y es mejor que cada uno vaya por su lado.

Veamos que pasa. Unos grupos desaparecerán o irán a la marginación, otros crecerán. Y después de esta selección natural veremos qué queda y veremos como se coordinan esfuerzos. Confiemos en esta selección natural, en que las buenas ideas y las buenas personalidades pervivan y, cuando pasen este filtro, será cuando procederá ir a una unión pragmática de objetivos. Por ahora creo que todo sigue demasiado verde y que necesitamos el veredicto del pueblo soberano para poder avanzar.

7 comentarios:

  1. gracias por el resumen. Muy bueno

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    1. Gracias! Aunque llamar a este larguísimo texto resumen... ;-)

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  2. Enhorabuena y gracias por el artículo y los enlaces. Aún sin verme especialmente representado en lo ideológico por ninguno de los ponentes, he visto completo el debate. Siempre se aprende algo...

    Por ejemplo, me ha terminado de quedar claro que la tal Talegón no es cortita, más bien lo siguiente, con la chorrada de que lo criticable no es que Felipe Gonzales acabara de asesor de Gas Natural, sino que no usase su puesto para hacer valer sus ideales socialistas. Cuando en el artículo se escribe que terminó diciendo cosas absurdas, no imaginaba estupideces de tal calibre.

    Por otro lado, aún no coincidiendo con Pablo Iglesias o Podemos en muchas cuestiones (no soy marxista, ni internacionalista pro inmigración, ni creo que sea sensato pedir salir de la OTAN a la vez que se pretende reducir el gasto en defensa, por no hablar del "derecho de autodeterminación", mi modelo económico es Suecia y no Venezuela, etc....), a este señor le puedo reconocer algunas cosas buenas, como su excelente oratoria e inteligencia a la hora de conectar con el público, además de que algunas de las cosas que dice son efectivamente "de puro sentido común". Lo que no parece admisible es que trate de engañar a la gente pretendiendo vender la burra del patriotismo por cuestiones de estrategia política aprendidas de la izquierda latinoamericana.

    Perdona pero NO. Quien defiende que España se pueda desintegrar por la voluntad unilateral de algunas regiones, quien busca alianzas con los separatistas, quien defiende un buenismo irresponsable en materia de inmigración, o quiere dejar desprotegido el país, y por supuesto quien apoya la visión marxista de la lucha de clases en lugar de tratar de armonizar los intereses de trabajadores y empresarios en favor del bienestar general y la creación de riqueza, NO ES PATRIOTA. Por mucho que se llene la boca de patriotismo y exija a nuestros gobernantes que lo sean. Respeto mil veces más a IU, que viene a defender lo mismo pero sin tratar de manipular y engañar a la gente de una forma tan descarada.

    Saludos.

    José Antonio

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    1. Hola Jose Antonio,

      No, gracias a ti por leerlo, que esta vez me he pasado de largo.
      Yo tengo una opinión relativamente positiva de Pablo Iglesias, mucho mejor que la tuya por lo que veo. Lo que no me acaba de convencer ya lo dije en el artículo de hace unas semanas y en este mismo.
      En cualquier caso creo que, aunque es cierto que imitan algo el populismo latinoamericano, tanto Iglesias como sus compañeros saben perfectamente que estamos en Europa y que aquí tenemos otra cultura política (de la cual ellos también son parte) y otros métodos.
      Como he dicho no me gusta cierto patrioterismo populista, pero no me ofusco pensando que hay más detrás.

      Y de Talegón...Pues mira no me está gustando nada en la mayoría de cosas, pero le quiero dar un voto de confianza más que nada porque tiene el aval de Odon Elorza, un tio que considero serio dentro del PSOE y con el que parece que forma un bloque a la izquierda del PSOE.
      Ya veremos si mejora su discurso, porque francamente creo que lo necesita.

      Saludos!

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  3. Pedro, como siempre tengo muchas disensiones con el artículo pero me niego a dar la lata aquí con un análisis riguroso. Una cerveza tiene la culpa que estamos muy cerca.

    De la respuesta de Jose Antonio no comprendo nada pero dado el tono que utiliza creo que tampoco voy a darle demasiada importancia. Quizás que este no sea el marco más adecuado para un anticomunista visceral pero eso es cosa suya.

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    1. Pues oye, vivimos cerca, lo que pasa es que hace tiempo que no subo a tu pueblo. A ver si saco un rato...

      ¿Jose Antonio un anticomunista visceral? Pero si él mismo ha dicho que su modelo es Suecia...Jose Antonio suele hacer comentarios muy interesantes, creeme.
      Ah! Y en este foro hay más liberales que en los escritos de don JJ Rego. Aquí ha habido de todo siempre y a buen orgullo que lo llevo.

      Saludos,

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    2. Efectivamente, en la opinión que podamos tener sobre Pablo o Podemos no vamos a coincidir, pero siempre es un placer leer este blog y poder comentar con libertad.

      Agradezco mucho que consideres interesantes mis comentarios, aunque la verdad es que al releer este texto con más serenidad me ha dado la impresión de que sobraba algún improperio y ese striptease ideológico que nadie me había pedido. Otra cosa es que de no ser comunista a ser un anticomunista visceral va un trecho importante. Pero bueno, pido igualmente disculpas a quien se haya podido molestar.

      Saludos.

      José Antonio

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