La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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jueves, 29 de enero de 2015

La "casta" y la moral















Hace ya un tiempo, y después de analizar una decena de casos sobre los dirigentes de Podemos y comprobar que prácticamente todo era falso o especulaciones maliciosas, me propuse no volver a perder el tiempo con estas noticias. Era lo que pretendía, pero cuando salen nuevos casos siempre pienso “¿y si esta vez es verdad?” así que vuelvo a analizarlos, para acabar concluyendo casi lo mismo que las veces anteriores. 
Juan Carlos Monedero nunca me ha gustado como político, de todos los dirigentes de Podemos es el que considero más dogmático y más implicado con la revolución bolivariana, algo que no me gusta, sin embargo tengo que reconocer que después de semana y media de lo que sin duda ha sido una persecución y un intento de destrucción de su imagen pública, le he acabado cogiendo simpatía. Me imagino que le pasará a mucha gente y es una cosa que ya avisé que pasaría: Cuando atacas incesantemente y con saña a alguien, el instinto humano natural del observador es empatizar con el atacado.

Pero no quiero hablar del “caso Monedero”, de sus errores objetivos, del ridículo que están haciendo muchos medios de comunicación con sus persecuciones transparentes ni de nada de eso, sino que quiero enfocar el caso más en general y explicarle a los acosadores (y a todos los lectores) por qué se están equivocando gravemente en su estrategia.
Detrás de este acoso mediático a Monedero, o los anteriores de Errejón o Pablo Iglesias, hay un objetivo transparente: Se pretende destruir el mensaje “moral” de Podemos, este que dice que hay una “casta” político-económica parasitaria y enfrente una “gente” normal y decente que debe acabar con este estado de putrefacción de las cosas. Si se pone en duda la moralidad personal de los dirigentes de Podemos y se puede demostrar que se han aprovechado de enchufes o ventajas en su vida personal, creen que se podrá desactivar el mensaje de “la casta”  y, así, anular a Podemos.
Este argumento asume que la fuerza de Podemos es su mensaje moralista, regeneracionista y anti-corrupción, y que sus votantes los apoyan para que acaben con la corrupción de la élite política y establezcan un imperio de ética pública. Y ahí está el error fundamental.

Ya lo he explicado alguna vez, pero parece que algunos no se enteran. La fuerza y el apoyo de Podemos no tiene que ver si solo ni principalmente con sus propuestas anticorrupción, sino con la cuestión económica. La gente que apoya a Podemos lo hace principalmente porque los últimos años han destruido sus expectativas de vida, porque el mundo que se ha generado está basado en salarios míseros y contratos inseguros, en un estado del bienestar debilitado y en recesión, y en esa percepción de la que llevamos hablando años de que los hijos van a vivir peor que los padres.
Este fue el origen del 15-M y del gran apoyo popular que despertó en el primer momento. Ese Mayo de 2011 había corrupción en España, sí, pero la percepción sobre la corrupción era mucho menor que actualmente. De hecho, las propuestas de los indignados sobre esta temática se concentraban en que no hubiese imputados por corrupción en las listas electorales y la abolición de los “sueldos vitalicios” de los políticos.
Recordemos el comunicado de prensa de Democracia Real Ya el 17 de mayo de 2011: “Nosotros los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados, los precarios, los jóvenes… queremos un cambio y un futuro digno. Estamos hartos de reformas antisociales, de que nos dejen en el paro, de que los bancos que han provocado la crisis nos suban las hipotecas o se queden con nuestras viviendas, de que nos impongan leyes que limitan nuestra libertad en beneficio de los poderosos. Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo
Podemos es un partido que pretende enlazar con este impulso, con esta explosión social, donde la crítica a la clase política y a la corrupción era importante, sí, pero no era la base del movimiento. La base del 15-M era fundamentalmente político-económica. Si el problema de España hubiese sido la corrupción, entonces estos jóvenes y no tan jóvenes se hubiesen conformado con votar a UPyD.

Adicionalmente hay un segundo problema en todas estas “críticas” a los comportamientos de los dirigentes de Podemos que va más allá de su sobredimensionamiento mediático y su goebbeliana persecución, y es un problema de listón. La pregunta clara es ¿cuál es el listón que marcamos con la corrupción y los comportamientos poco éticos? Seguramente todos diréis que hay que tener tolerancia cero con la corrupción y la falta de ética, y eso está muy bien y es muy bonito pero no es políticamente efectivo y voy a explicar por qué.
Los seres humanos no somos inmaculados, normalmente no somos seres pulcros y ascéticos que jamás han cometido una ilegalidad o una inmoralidad. Quien no haya pagado una factura sin IVA, dado una clase particular en negro, intentado no pagar una multa o mentido con su nivel de inglés en el currículum que tire la primera piedra. Yo no la voy a tirar, porque sí he hecho alguna de estas cosas y otras muchas que mucha gente podría considerar poco morales. No soy perfecto, soy humano y soy producto de un mundo y de unos usos sociales determinados.
El problema de calificarlo todo como corrupción e inmoralidad es que al final le estás transmitiendo al ciudadano que él también es corrupto. Si criticas en portada a cinco columnas que Errejón se aprovechó de un “enchufe” para conseguir un trabajo en la universidad de Málaga, posiblemente los anti-podemistas de pro sacarán llamaradas por la boca indignados, pero el ciudadano medio pensará que él también lo habría hecho. Si Monedero convierte una estancia de 15 días como profesor invitado en algo destacado en su currículum, buscando un impacto que seguramente no debería tener, la gente se mirará a sí misma y pensará en ese curso de 10 horas que hay en su curriculum y que está tan desarrollado que parece un máster.
Como he dicho antes el problema para quien usa esta estrategia es que el ciudadano se identifica con el atacado, pero el problema social que se genera es todavía mayor, porque estás indirectamente acusando de inmoralidad y casi de corrupción a la generalidad de la población. “Todos somos corruptos” es el mensaje central, pero ese mensaje desemboca en otro políticamente peligrosísimo, que es “como todos somos corruptos no tiene sentido intentar acabar con la corrupción”.

En política es fundamental, esencial, focalizar los problemas adecuadamente, no ser absolutista en los conceptos y buscar soluciones pragmáticas. Si quieres eliminar la economía sumergida deberás enfocar el problema en los grandes defraudadores, no en el pobre desgraciado que da un masaje sin estar dado de alta o en quien cose en casa porque no le pagan suficiente para montarse un taller. Porque si metes todo en el mismo saco la gente se sentirá amenazada y le harás que razone a la contra, es decir, le estarás dando razones para que piense que la evasión fiscal no es tan grave. Ojo, eso no quiere decir que haya que hacer la vista gorda a esos comportamientos menores, pero hay que ser proporcional y entender que eso ni es una prioridad ni se puede eliminar de golpe, sino que se debe hacer poco a poco, aplicando una nueva cultura pública y sin causas generales inquisitoriales.
Con la corrupción o el enchufismo pasa lo mismo. La gente si puede tira de un enchufe (¿Qué va a hacer sino? ¿morirse de hambre y comer dignidad?), intenta aprovechar las amistades para poder sobrenadar en una sociedad competitiva donde se aplasta al de al lado para que no te quite lo que quieres o necesitas. Los usos sociales, la sociedad competitiva en la que vivimos, los entornos endogámicos y otras realidades llevan a la extensión de comportamientos poco éticos. No es una cuestión de corrupción genética ni falta de valores, es una cuestión de entorno. Seamos claros, sin paños calientes: Si quieres acabar con la gran corrupción vas a tener que “tolerar” la pequeña corrupción.

Siempre pongo el mismo ejemplo para que se entienda. Cuando Francia fue liberada por los aliados, el General De Gaule concentró las culpas de la colaboración con los alemanes en un pequeño número de dirigentes políticos. Creó un maniqueísmo falso, el de una Francia democrática que había sido traicionada por un pequeño número de germanófilos, cuando la realidad era que muchos franceses se habían sentido cómodos con el colaboracionismo y estaban de acuerdo con el gobierno de Vichy.
De Gaulle tuvo que hacerlo así porque esa era la manera de consolidar la democracia en Francia. Si hubiese hecho una causa general contra todos los pro-colaboracionistas probablemente hubiese creado una amplia masa de gentes asustadas y sintiendo que el gobierno democrático era su enemigo, y eso hubiese dañado tanto a la democracia como a la propio concepto nacional de Francia. Había que ser pragmático, para acabar con la semilla del fascismo había que perdonar a muchos fascistas. Suena a contradicción pero no lo es, es la única manera de hacer las cosas.
Entendamos este ejemplo de realpolitik para enfocar los problemas de ética, fraude fiscal y corrupción, porque es perfectamente aplicable. Yo veo gente de buena voluntad afirmando que solo desde el comportamiento personal inmaculado se podrá acabar con la corrupción, pero eso nos mete en un bucle de imposible salida. Y ojo, personas inmaculadas las hay, pero normalmente son iluminados o fanáticos o gentes que viven ajenas a la sociedad, y no creo que ese sea el perfil adecuado de un gobernante.
Y lo digo por la gente de buena voluntad, que hay mucha, pero no os penséis que soy un ingenuo. Quienes exigen este comportamiento inmaculado generalmente lo que pretenden es que se llegue a la conclusión de que todos somos corruptos y que, por tanto, pelillos a la mar, perdonemos a los desfalcadores y ya intentaremos robar menos la próxima vez. Lo sé perfectamente y se les ve a la legua, pero no todos los críticos responden al mismo interés.

Entre ser “casta” y ser un monje budista hay términos medios, en los que estamos la práctica totalidad de la población. A mí nadie me va a convencer de que la corrupción en España es irresoluble porque no lo es, hay posibilidades de reducirla hasta que sea una excepción. Ahora, el principal enemigo de este objetivo es el maximalismo de buscar el “hombre puro”. Los maximalismos son el principal enemigo de los cambios posibles.
La campaña mediática contra los líderes de Podemos no va a funcionar y para la único que va a valer es para que cuando pase algo nadie se lo crea, y para polarizar más aún a la sociedad. Esto no convencerá a nadie más que al previamente convencido, pero éste cada vez verá con más desprecio y temor a estos dirigentes. Y las polarizaciones se retroalimentan, que es el problema. Nunca he entendido la política de tierra quemada cuando te retiras derrotado, es algo que no me cabe en la cabeza en una democracia donde todo es temporal y coyuntural. En estos momentos es cuando se nos ve la falta de cultura democrática que tenemos como país.

3 comentarios:

  1. Caza de brujas. Pura y dura. Lo dije. Esto ya roza límites... no sé ni como decirlo... el mandamás de mi empresa dijo en la copa de navidad que Errejón cobraba por no trabajar, el otro día Rajoy lo mismo... tengo a gente que me pasa imágenes de favelas por Facebook y dice "esto es lo que quiere Podemos". Desmentir no sirve de nada, porque el que quiere ver un tumor donde hay un grano o un sarpullido, lo seguirá viendo porque es lo que quiere ver, y esas personas son responsables también. En fin... y a todo esto, yo sigo sin intención de votarles, pero es todo tan descarado y tan atroz el miedo que les tienen que han despertado mis simpatías.

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  2. Por cierto, la noche del triunfo de Syriza, La Razón, El Mundo, ABC, Libertad Digital, El Diario, Público y varios más describía en titulares y subtítulos al partido como izquierdista o ni siquiera usaba apelativo alguno. A las 9 de la noche la web de El País les denominaba partido de izquierda extremista. Dos horas después cambiaron a radical. Lo de El País no tiene nombre, quizás porque necesiten usar mayor dosis manipulación con quien les roba mercado.

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  3. Enrique Casanova Sanchis30 de enero de 2015, 10:40

    ¡Joder! ¡Brillante! ¡Bravo! Comparto.

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