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lunes, 9 de marzo de 2015

Podemos se equivoca en su estrategia hegemónica













Cuando Podemos nació como partido político lo hizo en base a una suposición, que hasta ahora se ha demostrado acertada. En España había un desencanto masivo con la política, una ruptura de los consensos y métodos del sistema democrático salido de la transición, y eso había provocado un divorcio entre el sistema político y la ciudadanía que, sin embargo, no estaban sabiendo aprovechar los partidos ajenos al bipartidismo. Había un espacio para una fuerza nueva y rupturista, que se relacionase con el espíritu del 15-M y que recogiese las demandas de Democracia real y justicia social.

Esa idea de Podemos se basaba en parte en las enseñanzas del argentino Ernesto Laclau y su “razón populista”. Para Laclau la hegemonía cultural solo se puede conseguir en momentos de quiebra del statu quo y mediante el procedimiento populista. El populismo, para Laclau, consiste en la absorción de las demandas sociales preexistentes que no tenían vehículo político, intentando crear un todo coherente y un nuevo polo político que defienda los intereses de todos aquellos demandantes, huérfanos de representación en el sistema precedente.
Esta hegemonía se conseguiría, adicionalmente, cambiando el significado de los “significantes vacíos” que forman parte del sistema político, que son esos términos clave que no tienen un significado estricto pero sí sobreentendido. “Democracia”, “libertad”, “patria”, “dignidad”, “decencia”, son significantes que no tienen un significado tangible y estricto, aunque si tienen uno socialmente aceptado. En momentos de desapego al sistema político y a la estructura social, las personas dejan de aceptar los significados establecidos de esos significantes (por ejemplo, la “democracia” española ya no es concebida de la misma manera y por eso la gente pide “democracia real” o canta “lo llaman democracia y no lo es”). En ese momento, se pueden cambiar los significados para que se acerquen a la cosmovisión que se quiere plantear.
Cuando los dirigentes de Podemos hablan de democracia lo hacen siempre introduciendo algo adicional a su significado tradicional, el de “democracia económica”; cuando hablan de “patria” están intentando reconfigurar su significado, alejándolo de banderas e himnos y acercándolo al de “pueblo”, etc. Esto es apropiación de los significantes vacíos.

La estrategia hegemónica de Podemos tiene como desembocadura final un proceso constituyente. Esta nueva hegemonía debería llevar a Podemos a ser quien gobierne en solitario (y por tanto con mayoría absoluta) y, posteriormente, iniciar una reforma constituyente que “abra el candado del 78” para poder reconfigurar el país en base a las nuevas demandas ciudadanas y a la voluntad actual de la población.
Podemos, por tanto, debe pensar que va a ser capaz de reunir a la mayoría de población bajo sus siglas, o incluso más: Para una reforma total de la constitución se necesitan 2/3 de los parlamentarios de las cortes generales ¿piensa Podemos que va a conseguir esa diferencia? La verdad es que es una apuesta muy osada por no llamarla de otra manera.
De hecho ninguno de los partidos de nuestra actual democracia ha conseguido esa cantidad de escaños. Incluso Felipe González en 1982, que es quien ha conseguido una mayoría más clara en nuestra democracia reciente, se quedó en 202 diputados, lejos de los 234 que se necesitan para la reforma agravada de la constitución ¿es ese escenario factible?

Según el planteamiento de Podemos, en momentos de colapso institucional y crisis política grave se pueden generar nuevas mayorías. Eso es lo que ha pasado en tiempos recientes en numerosos países de América Latina o en la propia Grecia, por no irnos a casos más antiguos.
Pero vamos a analizar los casos. Miremos primero a Grecia, con una caída del PIB del 25% en seis años y una destrucción económica y social generalizada, donde Syriza pasó del 4,6% en 2009 al 36,4% de las recientes elecciones. Si Syriza está pudiendo gobernar cómodamente (y cuidado, que ha necesitado a ANEL para tener mayoría absoluta) es porque el sistema electoral griego da una prima de 50 escaños al partido ganador. Si ese 36,4% se hubiese conseguido con el sistema electoral español, hubiese quedado lejos de la mayoría absoluta y por supuesto lejísimos de poder generar una reforma constitucional. Con el sistema español se necesitaría ganar en casi todas las provincias y tener un porcentaje bastante mayor a ese 50% para poder generar una mayoría de reforma constitucional. Un ejemplo: Cuando Felipe sacó los 202 diputados tuvo más de un 48% de votos, y tan solo se vio perjudicado en 5 provincias por quedar 2º fuerza (de 52).
Este es el caso europeo más claro que tenemos, pero Podemos mira mucho a las repúblicas americanas. El problema es que en América los regímenes son presidencialistas y, por tanto, el propio sistema empuja a que un candidato saque más de un 50% en una segunda vuelta presidencial, algo que no pasa en los sistemas parlamentarios europeos. Miremos por ejemplo Argentina, otra víctima de la destrucción económica después del corralito. Néstor Kirchner quedó en la primera vuelta de las elecciones argentinas de 2003 en segundo lugar con un 22%, algo por detrás de Menem. Sabiendo Menem que no iba a ganar la 2º vuelta se retiró, llegando Néstor a la presidencia con ese escaso apoyo y compleja legitimidad. No hubo aquí ninguna “hegemonía” Kirchnerista previa, fue el sistema el que dio el poder a Kirchner y luego fue su acción de gobierno la que le granjeó futuro apoyo, algo que en España no hubiese pasado así por la naturaleza de nuestro sistema electoral.
También pasó algo parecido en el Ecuador de Correa, que ganó en una segunda vuelta después de haber sacado en la primera poco más del 22%. En otros casos, como Bolivia y Venezuela, la situación fue distinta pues Morales y Chávez si llegaron al poder con un enorme apoyo popular directo, sin embargo incluso Chávez no pudo llevar a cabo su segunda reforma constitucional en 2007.
La cuestión es que en regímenes presidencialistas se puede llegar al poder sin haber construido una hegemonía o sin tener un claro apoyo mayoritario, pero eso en los sistemas parlamentarios no es tan fácil, y menos hacer reformas constitucionales si éstas están agravadas. En Europa es necesario el pacto, el acuerdo y el apoyo de otros partidos.

Podemos parece creer que puede ganar por una amplísima mayoría y llevar a cabo una reforma constitucional. Se equivocan. España se dirige a un escenario pluripartidista y si se quiere hacer un cambio constitucional no va a haber más remedio que pasar por el pacto y el acuerdo con los diferentes. Llegar al poder después de arrasar con un 55% de los votos para poder cambiar la constitución no es un escenario realista, ni a corto ni a medio plazo.
Así pues va a ser necesario que unas cuantas fuerzas se pongan de acuerdo para hacer cambios constitucionales en España. Que Podemos tenga claro que, si quiere cambiar la constitución, va a tener que contar con otras fuerzas y, por tanto, va a tener que reducir sus demandas a los mínimos comunes aceptados por las fuerzas de cambio. Y digo varias porque en España hay una fuerza absolutamente inmovilista, que es el PP, y al final va a ser necesario un acuerdo general entre el resto de fuerzas si se quiere sacar una reforma profunda adelante.
¿Sabéis lo que hubiese pasado en España si la AP de Fraga hubiese sacado en las constituyentes 100 diputados en vez de 20? Que en España no hubiésemos tenido una constitución, UCD no se hubiese atrevido a hacerla. Si se hizo es porque ese parlamento fue reformista, con grupos importantes a favor de una constitución (PSOE, PCE, etc) y otro bastante versátil (UCD). Ahora necesitamos un escenario parecido, pero de fuerzas a favor del cambio constitucional.

Podemos podrá gobernar en España, pero a corto plazo no podrá hacerlo en solitario. Podemos podrá ganar por mayoría absoluta en el futuro, pero nunca podrá reformar completamente la constitución por ellos mismos. Podemos debe ser consciente de esto, por mucho que propagandísticamente tenga que decir lo contrario para movilizar a sus votantes potenciales.
Llevo diciendo mucho tiempo que el cambio en España llegará por un nuevo consenso entre las fuerzas emergentes y nuevas, no por una fuerza salvadora que haga todo el trabajo. Podemos, Ciudadanos, UPyD, IU, lo que quede del PSOE y otras posibles fuerzas van a tener un papel relevante, nos guste o no.
Podemos no logrará la hegemonía Laclauiana, sino lo ha conseguido Syriza tal y como está Grecia no lo va a conseguir Podemos. Sin embargo sí podrá influir, condicionar y modular la hegemonía cultural existente y el panorama político. Espero que estén preparados para ese futuro pactista y ese poder limitado, porque ese es el único escenario realista.

5 comentarios:

  1. Hola Pedro:

    Todo esto me suena a dèjá vu...En cierta república bananera, también asaltaron el poder con los votos (y si tuvieron mayoría absoluta). Cambiaron constitución y leyes a su antojo...Y la situación no mejoró...

    Yo también creo que tiene que ser de consenso. Todos colaborando. El poder para uno solo (como han sido los tres últimos años) solo deja desmanes. Pero parece ser que es mejor tener un mesias salvador según la visión de algunos...Ojala no nos equivoquemos nuevamente.

    Saludos

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    1. Hola doctor,

      La cuestión es que aquí, por nuestro sistema parlamentario y por nuestro mecanismo estricto de reforma de la constitución, es bastante complicado que se pueda imitar cualquiera de los procesos que se han dado en latino-américa. Además, parece que nuestro futuro cercano pasa por un parlamento plural sin mayorías claras, lo que nos lleva necesariamente a la necesidad de consenso y acuerdo puntuales, no necesariamente entre todos pero sí entre varios.

      Saludos,

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  2. Cuando se parten de premisas falsas se llega a conclusiones erróneas. Evidentemente, todos los partidos políticos, al menos los serios, se presentan a las elecciones para gobernar. Y para gobernar presentan un programa político, una hoja de ruta, un compendio de sus demandas, que en el caso de PODEMOS, trata de recoger, como bien señalas, esas que la ciudadanía expresó en las plazas durante el 15M. En ningún caso y bajo ningún concepto se puede confundir "el culo con las témporas" para llegar a afirmar que un partido político - cualquiera, te dejo elegir - pretende establecer una hegemonía total y absoluta, porque eso responde a planteamientos ideológicos alejados del concepto de democracia occidental, que como todo el muindo sabe tiene etiología liberal.

    Evidentemente, PODEMOS no pretende, y si lo pretendiese yo no estaría en ese partido, implantar una dictadura de partido único sino romper el bipartidismo para constituir un espacio político plural en el que el pacto sea la única manera de gobernar. Cualquier otra cosa obedece, bien a planteamientos totalitarios, bien a intoxicación mediática teledirigida.

    Evidentemente que PODEMOS lleva en su ideario impulsar un proceso constituyente pero en ningún caso desde posiciones totalitarias o hegemónicas sino a través del consenso con el resto de fuerzas políticas en un Parlamento plural. Eso, amigo, se llama democracia, con mayúsculas: DEMOCRACIA. Lo otro es otra cosa y tiene un nombre muy feo.

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    1. Enrique,

      Creo que estás equivocado y creo que es porque no me has entendido bien.
      Cuando hablo de "hegemonía" no estoy hablando de una hegemonía política total y permanente. Hablo de hegemonía política durante un periodo, producto de una hegemonía cultural previa que haya generado el caldo de cultivo para una hegemonía política clara.
      Esa hegemonía no es una dictadura como parece que has entendido, es un gobierno con fuerte apoyo y manos libres. Felipe González tuvo la hegemonía política más de una década y no hubo una dictadura (aunque sí un rodillo político). En cualquier caso, como he dicho en el texto, la hegemonía que sería necesario crear sería mayor que la que tuvo González.

      Una vez claro esto, creo que te equivocas en cual es el planteamiento de Podemos. Podemos no se ha presentado como una fuerza con la intención de conseguir un poder relativo y, mediante el pacto, llegar a implantar políticas, Podemos ha llegado al escenario con la intención de ganar por una mayoría muy holgada que le haga no tener que depender de nadie ni pactar con nadie (más allá de sus propias tendencias interiores o partidos asociados a sus procesos electorales).
      Prueba de ello es el discurso de hegemonía que tienen, sus mentores ideológicos o, si quieres algo más tangible, su nulo interés en reformar el sistema electoral. Fíjate, todas las fuerzas ajenas al bipartidismo quieren reformar el sistema electoral y han criticado los "rodillos" en las legislaturas de mayoría absoluta ¿Por qué Podemos no lo ha hecho? Porque aspira a ser hegemónico y, por tanto, a aprovechar las ventajas del sistema electoral y de la mayoría absoluta.
      Podemos no intenta cambiar el bipartidismo por el pluripartidismo, pretende sustituir el bipartidismo que es diferente.

      Aún así, y es en lo que quiero incidir, llegar a una mayoría clara a corto/medio plazo es muy difícil, pero es que llegar a una mayoría de reforma constitucional para hacer el famoso "proceso constituyente" es sencillamente imposible. Y Podemos actúa como si ignorase eso cuando no puede hacerlo: Si quiere cambio constitucional tendrá que pactar.

      Saludos,

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  3. No creo que haya ningún partido político serio que aspire a otra cosa que a gobernar con el máximo respaldo electoral posible. Desde luego que hay partidos que pretenden rascar bola en el reparto, a ver si les toca un trocito del pastel, pero ya no me interesan esos partidos. Eso no quiere decir que los partidos políticos con vocación de Gobierno estén convencidos de que van a conseguir 350 escaños y que sin esos 350 escaños no van a poder implementar su programa político porque, insisto, eso es otra cosa.

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